El frente de guerra abierto en Medio Oriente, a pesar de que actualmente rija una frágil tregua entre Estados Unidos e Irán, ha generado un arrastre regional de escalas mastodónticas que enfrenta a facciones chiitas con sunitas, lo que quedó otra vez demostrado en el ataque del domingo contra la Central Nuclear de Barakah, en Emiratos Árabes Unidos, país que alberga una base estadounidense y que confirmó que el atentado fue lanzado desde territorio iraquí.
HECATOMBE EN ORIENTE
Irak entra en la guerra por Irán: Donald Trump y Netanyahu a los gritos y clima de muerte
Medio Oriente en máxima alerta: ataque iraní a planta nuclear en Emiratos Arabes Unidos y fuego cruzado entre chiitas y sunitas. Trump activó una escalada que se lleva puesto todo.
Es que tanto el operativo militar contra el país persa, desatado el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, como sus esquirlas, han llevado a distintos países del Golfo a tener que meterse en la arena de la reyerta, aunque oficialmente no declaren la guerra. Pero también ha elevado el precio mundial de los alimentos debido al alza internacional del crudo, una consecuencia directa del bloqueo en Ormuz, paso marítimo vital para el flujo internacional de hidrocarburos que se halla bajo control iraní y asedio estadounidense.
Esta semana, en pleno contexto de tensiones en el Golfo y tras el ataque con un dron contra la planta emiratí de Barakah el domingo, Emiratos Árabes Unidos afirmó que el atentado fue lanzado desde Irán y lo calificó de “terrorista”, siendo una de las tantas veces desde febrero en que drones iraníes lanzados por proxies chiitas de Teherán caen sobre instalaciones energéticas de países sunitas, los cuales off the record le han dado el beneplácito al presidente Trump para bombardear Irán aquel 18 de febrero.
“Es un claro indicador de la magnitud de la amenaza que enfrenta la región”, declaró Anwar Gargash, asesor del presidente emiratí sobre el ataque contra la planta de Barakah que obligó a activar la energía de respaldo, una de las últimas líneas de defensa para mantener la seguridad nuclear.
La planta de Barakah, atacada este domingo por misiles iraníes lanzados por milicias chiitas de Irán que respaldan a Teherán, es la central nuclear más grande de Medio Oriente y una de las dos que operan en la región, siendo la segunda la de Bushehr, en el sur de Irán.
Si bien en el ataque no hubo víctimas ni se reportaron niveles anómalos de radiación, el incidente puso en la palestra la vulnerabilidad de la infraestructura civil y energética de los países del Golfo, lo que podría repercutir en la operatividad de las plantas desalinizadoras que hacen potable el agua ante una escalada de hostilidades aún mayor.
Por lo que esta planta nuclear puede interpretarse como una advertencia de Irán sobre lo que podría pasarle a Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Bahréin, Kuwait y otros países sunitas que albergan bases estadounidenses en caso de que Trump y Netanyahu decidan reanudar los bombardeos contra territorio iraní.
“Esta fue una advertencia de Irán” sobre lo que podría sucederles, afirmó Mohammed Baharoon, director del Centro de Investigación de Políticas Públicas de Dubái (B'huth). “También es una forma que tiene Irán de presionar a los estados del Golfo y decirles: ‘No estarán a salvo, e incluso si no los atacamos directamente, nuestros aliados lo harán’”, sentenció.
Pero el presidente Trump y el primer ministro israelí ambos barajaron reanudar los bombardeos contra Irán en caso de que régimen iraní no acceda a entregar sus reservas de uranio ni a la propuesta estadounidense de desarme. Sin embargo, Trump cambió de postura y, de hecho, mantuvo una acalorada discusión telefónica con Netanyahu el martes, a los gritos, según Axios, que dialogó con fuentes familiarizadas con el asunto.
Según las fuentes, Netanyahu pidió reanudar los bombardeos contra Irán, fogonear un insurrección popular en las calles y criticó el acuerdo para poner fin a la guerra, mientras que Trump sí defendió este proceso diplomático porque quiere evitar un efecto dominó con arrastre regional aparejado y ante los costos políticos y económicos que él mismo enfrenta.
“Serán aniquilados”, le habría dicho Trump a Netanyahu sobre el pueblo iraní, en referencia a la propuesta de Isral de instar a que los iraníes salgan a las calles a derrocar al régimen. El presidente estadounidense le advirtió que se desataría una guerra a gran escala tanto en Irán como en todo Medio Oriente si ellos reanudaban con los bombardeos.
Esta es la primera diferencia sustancial con Israel sobre cómo manejar la crisis, lo que ocurre tras una propuesta de paz de Qatar y Pakistán (que frenaron un ataque de Trump contra el país persa) y el ataque con dron contra la central nuclear de Barakah en los Emiratos Árabes Unidos.
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