Por el otro lado están los que priorizan la innovación. El más visible es David Sacks, capitalista de riesgo y ex "zar de la IA y las criptomonedas" de Trump, que ahora co-preside el Consejo de Asesores Presidenciales en Ciencia y Tecnología. Sacks argumenta que los beneficios económicos de la IA superan ampliamente los riesgos, y que cualquier proceso de revisión previa, por más liviano que sea, va a ralentizar el desarrollo y darle ventaja a China.
Trump eligió el lado de Sacks. Por ahora.
Por qué el miedo a China es el argumento más poderoso en Washington
Para entender por qué ese argumento ganó, hay que entender el contexto político. En Estados Unidos hay muy poco consenso entre republicanos y demócratas sobre casi cualquier tema de política pública. La IA no es la excepción, unos quieren más regulación, otros menos, y las posiciones no siempre siguen líneas partidarias.
Pero hay un punto donde convergen: nadie quiere que China gane la carrera de la IA. Es el argumento que cierra debates, que justifica inversiones y que le da coherencia a políticas que de otro modo serían difíciles de defender.
Trump usó ese argumento de forma explícita para justificar la cancelación de la orden. Si Estados Unidos impone requisitos de revisión previa que China no tiene, las empresas chinas pueden avanzar más rápido.
Eso es un riesgo real. Lo que el argumento no responde es si ese riesgo es mayor o menor que el de lanzar modelos con capacidades ofensivas sin ningún tipo de supervisión.
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La pelea entre seguridad e innovación ya divide al gobierno estadounidense en plena carrera tecnológica contra China.
El modelo FDA que asustó a Silicon Valley
Un detalle revelador que da el WSJ es que semanas antes de la cancelación, un alto funcionario de la Casa Blanca había mencionado públicamente la posibilidad de crear un sistema de aprobación para modelos de IA similar al que usa la FDA para aprobar medicamentos.
La reacción del sector tecnológico fue inmediata y fuerte. Sacks lo describió en su podcast como "una reacción visceral muy negativa" por parte de Silicon Valley.
La comparación con la FDA dispara alarmas porque el proceso de aprobación de medicamentos puede tardar años y costar cientos de millones de dólares. Aplicar algo así a modelos de IA que se actualizan cada pocos meses sería, en la práctica, frenar el sector casi por completo.
La orden que Trump frenó no era tan extrema, pedía revisión voluntaria, no aprobación obligatoria.
Pero en la mente de los ejecutivos tecnológicos, cualquier mecanismo de supervisión previa es el primer paso hacia algo más restrictivo.
California fue al otro lado el mismo día
El mismo jueves que Trump canceló su orden, el gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, firmó la suya propia. Su decreto ordena al estado preparar políticas para abordar las pérdidas de empleo y las disrupciones económicas causadas por la IA.
Es una imagen que resume la fractura política del momento donde el presidente federal frena la regulación de la IA por miedo a frenar la innovación, y el gobernador del estado donde viven la mayoría de las empresas de IA firmó un decreto preocupado por el impacto social de esa misma innovación.
Dos respuestas al mismo fenómeno, en la misma dirección contraria.
Lo que esto significa para la regulación de la IA en Estados Unidos
La cancelación de Trump no significa que no habrá regulación. Significa que todavía no hay acuerdo sobre qué forma debe tener.
El vicepresidente JD Vance lo dijo en una conferencia de prensa el martes: "Estamos tratando de equilibrar la seguridad y la innovación. Creemos que tenemos el balance correcto, pero es algo en lo que vamos a tener que seguir trabajando".
Hay presión desde varios frentes. Más del 80% de los votantes registrados apoyan que los modelos de IA sean testeados antes de su lanzamiento, según una encuesta del Instituto para Estudios de la Familia.
El Congreso siente la presión de legislar pero no tiene consenso sobre cómo hacerlo. Y el propio Steve Bannon, ex estratega de Trump, ahora empujando por más regulación de IA, dijo en su podcast que se necesita "al menos un aparato regulatorio rudimentario, como el de la energía atómica".
Mientras tanto, los modelos más poderosos de la historia siguen saliendo al mercado. Mythos de Anthropic puede hackear sistemas de forma autónoma. OpenAI está por lanzar algo comparable. Y el gobierno más poderoso del mundo acaba de cancelar la única herramienta de supervisión que tenía casi lista para usar.
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