La popularidad de ChatGPT no alcanza para ocultar un problema que crece en paralelo: una porción cada vez mayor de la población tiene una visión negativa de la inteligencia artificial. Hace tres meses, el cofundador de OpenAI Greg Brockman hablaba en privado de una crisis de relaciones públicas que se venía acumulando.
EL BACKLASH CONTRA LA IA
OpenAI contrató a un experto en crisis políticas para frenar el rechazo creciente a la IA
Abucheos públicos, ataques contra ejecutivos y presión regulatoria: OpenAI ya no solo compite por liderar la IA, también pelea por recuperar legitimidad.
Desde entonces, según un reportaje de Wired, la situación empeoró. Los oradores en ceremonias de graduación universitaria están siendo abucheados cuando mencionan la IA en términos optimistas. El mes pasado, alguien arrojó un cóctel molotov a la casa de Sam Altman en San Francisco y dejó un manifiesto que abogaba por cometer crímenes contra ejecutivos del sector de IA.
El rechazo dejó de ser una estadística de encuesta para convertirse en algo más concreto.
Quién es Chris Lehane y por qué lo contrataron
Para gestionar esa crisis, OpenAI tiene a Chris Lehane, su director de asuntos globales.
Lehane es un operador político con décadas de experiencia. Trabajó en comunicaciones de crisis en la Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton, donde se ganó el apodo de "maestro del desastre".
Después ayudó a Airbnb a enfrentar regulaciones en ciudades que veían los alquileres temporarios como un área legal gris, y tuvo un papel central en la formación de Fairshake, el super PAC de la industria cripto que trabajó para legitimar las criptomonedas en Washington.
Desde que se unió a OpenAI en 2024, Lehane supervisa los equipos de comunicaciones y política de la empresa y se convirtió rápidamente en uno de sus ejecutivos más influyentes.
Su desafío actual tiene dos frentes simultáneos: convencer a la opinión pública de que abrace la tecnología de OpenAI y, al mismo tiempo, persuadir a los legisladores de que aprueben regulaciones que no frenen el crecimiento de la compañía.
El diagnóstico de Lehane sobre el problema de imagen
Lehane le dijo a Wired que los relatos públicos sobre el impacto social de la IA son con frecuencia "artificialmente binarios". Por un lado, la visión utópica donde nadie trabaja y todos viven pintando acuarelas frente al mar. Por el otro, el escenario distópico donde la IA queda bajo el control de una pequeña élite. Ninguno de los dos, según Lehane, refleja la realidad.
El problema es que OpenAI contribuyó a instalar esa polarización. Altman advirtió el año pasado que "clases enteras de empleos" desaparecerán cuando llegue la singularidad. Más recientemente moderó el tono y declaró que "el catastrofismo sobre el empleo probablemente esté equivocado a largo plazo".
Lehane quiere un mensaje más "calibrado" que evite ambos extremos y proponga soluciones concretas a los problemas que la gente teme, como la pérdida masiva de empleos, el impacto de los chatbots en menores, y la concentración del poder tecnológico.
Como ejemplo citó un documento de propuestas políticas que OpenAI publicó recientemente, que incluye una semana laboral de cuatro días, mayor acceso a salud y un impuesto sobre el trabajo realizado por IA.
La crítica interna que complica el relato
Hay un dato que complica el discurso de Lehane: ex empleados de la propia OpenAI acusaron a la empresa de minimizar los riesgos de la IA.
Según reportó Wired, miembros de la unidad de investigación económica de OpenAI renunciaron al considerar que el área se estaba convirtiendo en un brazo de propaganda corporativa.
Argumentaron que sus advertencias sobre el impacto económico de la IA reflejaban con honestidad los hallazgos de la empresa, pero resultaban inconvenientes para la narrativa que OpenAI quería proyectar.
Esa tensión interna hace más difícil la tarea de Lehane. Es complicado construir credibilidad pública cuando hay exempleados señalando que los propios investigadores de la compañía fueron silenciados.
Super PACs, presión legislativa y una ley que casi sale mal
En paralelo al trabajo de imagen, Lehane está involucrado en la estrategia política de OpenAI.
Ayudó a crear Leading the Future, uno de los mayores super PACs pro-IA, lanzado el año pasado con compromisos de financiamiento superiores a los 100 millones de dólares de figuras de la industria tecnológica, incluyendo a Brockman.
El grupo se opuso a Alex Bores, autor de la ley de seguridad de IA más estricta de Nueva York, quien se postula al Congreso.
En ausencia de legislación federal sobre IA, OpenAI está impulsando lo que Lehane llama "federalismo inverso": presionar a los estados para que aprueben leyes que se parezcan entre sí, inspiradas en las de California y Nueva York, evitando así un mosaico de regulaciones distintas que, según Lehane, frenaría la innovación.
Pero la estrategia tuvo un tropiezo. En Illinois, OpenAI apoyó inicialmente un proyecto de ley que, entre otras cosas, permitiría a los laboratorios de IA eludir responsabilidad civil si sus modelos causaban daños catastróficos, siempre que publicaran marcos de seguridad en un sitio web.
El patrocinador del proyecto dijo que era "una iniciativa de OpenAI". Tras las críticas, incluida la del gobernador del estado, OpenAI emitió un comunicado afirmando que nunca había apoyado esa cláusula de inmunidad. En la entrevista con Wired, Lehane reconoció que no fueron claros sobre qué apoyaban y qué no: "Eso fue nuestra responsabilidad".
OpenAI respaldó después un proyecto diferente en Illinois que exige auditorías externas de las prácticas de seguridad de las principales empresas de IA. Ese proyecto, también apoyado por Anthropic, avanzó en el Senado del estado.
La pelea por la IA ya no es solo tecnológica
Durante años, las grandes empresas tecnológicas asumieron que el avance de la IA iba a generar resistencia, pero que el entusiasmo por la productividad y la innovación terminaría imponiéndose igual.
Lo que está pasando ahora muestra que la discusión dejó de ser solamente técnica y empezó a volverse emocional, política y cultural.
OpenAI no enfrenta únicamente preguntas sobre modelos más potentes o regulaciones futuras. También enfrenta un clima social donde cada vez más personas asocian la IA con pérdida de empleo, concentración de poder, vigilancia y un futuro decidido por un puñado de empresas privadas.
Y cuanto más rápido avanza la tecnología, más difícil parece para las compañías convencer al público de que todavía hay humanos controlando hacia dónde va todo esto.
La paradoja es que OpenAI creó una de las tecnologías más populares del planeta y, al mismo tiempo, una de las que más ansiedad genera.
El trabajo de Chris Lehane es intentar evitar que el miedo alrededor de la IA crezca más rápido que la propia tecnología.
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