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ENVEJECIMIENTO ACTIVO

La jardinoterapia reúne caminata, sentadillas y estímulos cognitivos en una misma rutina

La jardinoterapia combina algo de caminata, sentadillas para recoger pesos ligeros y movimientos repetitivos al cavar. Aporta bienestar mental al adulto mayor.

La terapia con plantas para adultos mayores está en auge debido a los muchos beneficios que se le van conociendo tanto a nivel físico como mental.

Es ideal para las personas mayores, ya que no requiere de un sobreesfuerzo, tan solo lo justo para mantenerse en buen estado.

Representa una gran manera de ejercer el envejecimiento activo.

Lo aconsejable al iniciarse en la jardinería en la vejez es empezar con pocas plantas fáciles de atender y dedicarle cada día aunque sean 20 minutos está comprobado que tiene grandes beneficios para la salud.

La jardinoterapia y la estimulación cognitiva

Entre los principales se encuentra que incentivan la estimulación cognitiva, debido a que cada planta tiene sus necesidades y sus curas. Que sobrevivan requiere ejercitar la memoria y prestar atención en cada paso para hacerlo bien, como ser no regar demasiado, trasplantar sin dañar las raíces, etc.

La jardinería mejora el estado de ánimo de la persona mayor, que se siente útil cuando ve que las plantas y flores crecen y pueden recoger los frutos propios.

El momento dedicado a las plantas automáticamente deja a un lado los problemas personales, ya que la concentración es excluyente.

Se considera una manera de practicar mindfulness, es decir, prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar, tal como lo define el profesor emérito de Medicina Jon Kabat-Zinn.

La práctica de jardinería fortalece asimismo el sistema inmunológico por hacerse las actividades al aire libre.

Así, se asimila la vitamina D del sol, que ayuda a absorber el calcio, mineral este que es conocido por fortalecer los huesos y también el sistema inmunológico.

Tanto si se cuidan plantas de interior como de exterior, el oxígeno que producen ayudan a purificar y limpiar el aire de la casa o el jardín, mejorándole la calidad: respirar un aire limpio es muy importante para la salud de los pulmones.

Todos estos beneficios hacen que bajen los niveles de cortisol y en consecuencia el nivel de estrés. Así es como la jardinería tranquiliza cuando se va a la cama y hace que el sueño mejore.

La experiencia terapéutica consiste en haber involucrado la mente, el cuerpo y las emociones de las personas mayores en las rutinas en torno de las plantas.

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La jardinoterapia tiene efectos tan amplios en los adultos mayores que la practican que aportarían condiciones para la longevidad.

La jardinoterapia tiene efectos tan amplios en los adultos mayores que la practican que aportarían condiciones para la longevidad.

Empezar por las plantas de interior

A los principiantes se les recomienda empezar cuidando plantas de interior, que permiten controlar todos los fenómenos que le inciden, como luz, agua, viento…

Entre las más accesibles para iniciarse se encuentra el aloé vera, que se las arregla solo con el drenaje, el agua y el sol si recibe buena luz.

Luego viene el anturio, del que tanto la planta como su flor son muy resistentes, aptas para principiantes. Al necesitar mucha luz pero no directa, se debe tener en una habitación luminosa, regarlo una vez a la semana en invierno y un poco más en verano.

El bambú de la suerte es fuerte y crece rápido en un sitio con luz no directa e incluso en rincones un tanto oscuros. Se puede tener en agua y plantada en tierra.

La planta china del dinero (Pilea Peperomioides) no necesita mucha agua; de hecho, en invierno casi ni se riega, salvo cuando se la ve seca.

El poto (Epipremnum Aureum) es una planta muy famosa por su resistencia, lo ideal es que esté cerca de una ventana y que entre riego y riego la tierra se seque.

Las suculentas son las más recomendables para empezar. Necesitan mucha luz, pero en verano mejor que no sea directa, si no se queman. Para saber si hay que regarla, cada 8 o 10 días se debe introducir el dedo en la tierra; si está seca, hacerlo. Debe quedar húmeda, pero no encharcada.

Adicción a las plantas

El sitio biodescodificación educacional publicó las razones biológicas, emocionales y psicológicas que demuestran que la adicción a las plantas no es casualidad.

Explica que nos “volvemos adictas” a las plantas porque activan químicos de felicidad, reducen estrés, dan propósito, conectan con la naturaleza, son una forma sana de autocuidado. Y que no se trata de una adicción negativa sino una forma verde de buscar bienestar.

Justifica esta conclusión en el hecho de que las plantas activan bienestar en el cerebro. Cuidarlas significa regarlas, trasplantarlas, ver crecer una hoja nueva.

La reacción química del cerebro -continúa- es que libera Dopamina (placer y recompensa), Serotonina (calma y bienestar). Es el mismo sistema que se activa con actividades que hacen sentir bien, acentúa.

Cada brote nuevo es una minirrecompensa emocional, porque conectan con algo vivo.

Las plantas crecen, cambian, responden a los cuidados, lo cual genera una sensación de propósito, responsabilidad sana, vínculo con la vida.

Cuidar algo vivo reduce estrés y ansiedad, porque funcionan como terapia natural.

Está comprobado que el contacto con plantas baja el cortisol (hormona del estrés), mejora el estado de ánimo, ayuda a la concentración.

Por eso muchas personas dicen que no compran plantas, sino paz mental, en razón de que comprar plantas es una recompensa emocional.

Muchas veces las plantas se compran cuando se está cansado, triste, estresado, para darse un gusto.

La planta se vuelve un premio emocional, porque incorporar cada una nueva promete una historia nueva, significa un reto, una esperanza, un proyecto.

El cerebro ama empezar cosas nuevas, porque se genera una sensación de renovación constante.

La famosa frase atribuida al escritor José Martí menciona tres objetivos esenciales para trascender: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo.

Adaptándola, las plantas quedarían para un legado cuando para un adulto mayor ya sería tarde para tener hijos o escribir un libro.

FUENTE: Jardines sin fronteras