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HISTORIAS DE LA COLONIA

Manuel Belgrano y el Día del Inmigrante Italiano

Manuel Belgrano tuvo ascendencia italiana y española, y también sangre mestiza: quizás todo esto ayudó a que fuese amplio, multidisciplinario.

Entre las familias de inmigrantes, la historia destaca a la conformada por Don Doménico Belgrano Peri, un genovés llegado al puerto de Buenos Aires, previo paso por España, donde comenzó a cambiar 'Peri' por 'Pérez'; y Doña María Josefa González Casero, hogar en el cual nació el 3 de junio de 1770, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, creador de la Bandera Nacional. Para todos, Manuel Belgrano.

La efeméride que los une, fue instituida a través de la Ley N° 24.561, que estableció el 3 de junio como el Día del Inmigrante Italiano, en reconocimiento a aquellos que con valor, trabajo y sacrificio, trabajaron por la grandeza de la Argentina. Se eligió esta fecha por ser el día del nacimiento de Manuel Belgrano, un homenaje a los italianos que han enriquecido el patrimonio espiritual y material de la Patria Argentina.

Belgrano, el hijo

Josefa González Casero se dice que era descendiente del conquistador Domingo Martínez de Irala pero mestiza. En cuanto a Doménico Belgrano Peri, oriundo de Oneglia, en Liguria; en 1769 él obtuvo carta de naturalización para poder "vivir, comerciar y obtener empleos (...) en los Reynos de Indias". Es decir que él tenía licencia del Rey de España para llegar a América, lo cual le facilitó abrir un consulado en Buenos Aires.

Esto ubicaba a Manuel entre las familias influyentes de la Ciudad.

El hecho de que Doménico fuese un ligur hizo que la familia Belgrano, a diferencia de las típicas familias de origen español de su tiempo, tuviera otra formación cultural, quizás exenta de un fuerte patriarcado, posibilitó una mayor amplitud de actividades y de criterios que Manuel aprovechó.

Pero en 1788, Domingo se vio envuelto en un proceso judicial por considerárselo cómplice en la quiebra de un funcionario real de la Aduana. Nicolás Francisco Cristóbal del Campo, marqués de Loreto, por entonces virrey del Río de la Plata, ordenó su prisión y el secuestro de todos sus bienes.

Cambio de vida para la familia, incluyendo a sus 15 hijos, de los que 2 eligieron ser sacerdotes.

Hubo un muy largo proceso judicial que Manuel se ocupó de seguir atentamente para ayudar a su padre. Finalmente, en enero de 1794, ya con otro virrey (Nicolás Antonio Arredondo Pelegrín), una sentencia le restituyó la plena libertad de sus derechos y el goce de sus bienes, absolviéndolo de culpa y cargo, pero la fortuna familiar quedó fuertemente mermada y él falleció en septiembre de 1795, al poco tiempo de que su hijo Manuel regresara de España.

(Entre 1786 y 1793, Manuel estudió Derecho en las universidades españolas de Salamanca y Valladolid, donde se graduó como Bachiller en Leyes, con medalla de oro, a los 18 años de edad en la Chancillería de Valladolid, dedicando especial atención a la economía política. Manuel fue el 1er. presidente de la Academia de Práctica Forense y Economía Política en Salamanca. Tuvo tiempo de hacer la pasantía de abogado, necesaria para lograr el título de Licenciado, en Madrid, en el bufete de Francisco Clemente, ubicado en la Torre de los Luxanes, en la Plaza de la Villa, frente al Ayuntamiento. Manuel alcanzó un éxito destacable y prestigio que le permitió obtener del papa Pío VI una autorización para leer toda clase de literatura prohibida, con la única excepción de las obras obscenas.)

El regreso

¿El padre necesitaba al hijo porque se sentía que su camino ya estaba acabado?

Belgrano fue nombrado Secretario 'Perpetuo' del Consulado de Comercio de Buenos Aires el 2 de junio de 1794, y entonces regresó a Buenos Aires.

Belgrano ejerció ese cargo hasta poco antes de la Revolución de Mayo, en 1810, ocupándose de la administración de justicia en pleitos mercantiles y de fomentar la agricultura, la industria y el comercio.

Al no tener libertad para realizar grandes modificaciones en otras áreas de la economía, concentró gran parte de sus esfuerzos en impulsar la educación. Belgrano coincidia con un enfoque que luego sería el de Domingo Faustino Sarmiento.

En Europa su maestro Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez-Sorriba, primer conde de Campomanes, quien había sido ministro de Hacienda del Reino en 1760, le había enseñado que la auténtica riqueza de los pueblos se hallaba en su inteligencia y que el verdadero fomento de la industria se encontraba en la educación.

Durante su gestión, Manuel estuvo casi en permanente conflicto con los vocales del Consulado, todos ellos grandes comerciantes con intereses en el comercio monopólico con Cádiz. Año tras año él presentó informes con propuestas influenciadas por el librecambismo que, en general, fueron rechazadas por los vocales.

Belgrano sostenía:

El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para poder reportar más utilidad. El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para poder reportar más utilidad.

Enorme mensaje a los defensores del Compre Nacional o de quienes creen que sólo un proceso de sustitución de importaciones lleva al desarrollo.

Manuel logró la fundación de la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo.

A través del Consulado, abogó por la creación de la Escuela de Comercio y la de Arquitectura y Perspectiva.

Con las escuelas de Dibujo y Náutica se pretendía fomentar en los jóvenes el ejercicio de una profesión honrosa y lucrativa.

Las escuelas funcionron durante 3 años y fueron cerradas en 1803 por orden de la corona española —en particular del ministro Manuel Godoy— que las consideraba un lujo innecesario para una colonia.

Belgrano, en cambio, opinaba que el impulso educativo "no podía menos que disgustar a los que fundaban su interés en la ignorancia y el abatimiento de sus naturales".

Belgrano ayudó a la publicación del primer periódico de Buenos Aires, 'Telégrafo Mercantil', dirigido por Francisco Cabello y Mesa, y en el que colaboraban Manuel Belgrano y Manuel José de Lavardén, hasta octubre de 1802, cuando las autoridades virreinales desaprobaron las tímidas críticas y el estilo desenfadado para la época de las sátiras y críticas de costumbres.

También colaboró en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, dirigido por Hipólito Vieytes, donde expuso sus ideas económicas: promover la industria para exportar lo superfluo, previa manufacturación; importar materias primas para manufacturarlas; no importar lo que se pudiese producir en el país ni mercaderías de lujo; importar solamente mercaderías imprescindibles; reexportar mercaderías extranjeras; y poseer una marina mercante.

De Europa, Belgrano volvió con una enfermedad que lo obligó a tomar licencias de varios meses en el Consulado y motivó también que recomendara a la Corte a su primo Juan José Castelli, como posible reemplazante.

La oposición de los comerciantes españoles demoró la designación de Castelli hasta 1796. Pero Belgrano y Castelli terminaron trabajando juntos en el Consulado. El resto es historia conocida (bah, más o menos).

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