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Gran misterio: una pintura de Pompeya habló del Edén (Paraíso) antes que el Cristianismo

Cuando el volcán Vesubio erupcionó en Pompeya, aún no existía el catolicismo y las ideas de Jesús de Nazaret todavía no habían penetrado en el Mediterráneo. Sin embargo, una misteriosa pintura ya describía el Edén.

La ciudad romana de Pompeya, sepultada en el 79 d.C por el polvo volcánico del Vesubio, poseía tabernas, baños públicos, termas y tiendas de comestibles, lugares de sociabilización y esparcimiento. Sin embargo, hubo un día, el de la erupción, en que todo quedó detenido en el tiempo y sus habitantes fueron petrificados por las cenizas volcánicas. Tras pasar miles de años enterrada hasta ser descubierta, en 1953 un grupo de arqueólogos desenterró una casa con un fresco que parecía representar al Paraíso, una pintura que databa de antes del surgimiento del Cristianismo.

Aquella casa de Pompeya, desenterrada, tenía un cubículo decorado con unos extraños frescos. El propietario de aquella vivienda romana decidió pintar de negro las paredes del cubículo y decorarlo con frescos con árboles magníficos pintados. En el fresco, se representaba a un árbol, una higuera, ya que se distinguen los higos entre sus ramas, además de que tal árbol era sagrado para los romanos.

Pero lo que más llamó la atención a los arqueólogos, quienes quedaron atónitos, es que había una serpiente escalando su tronco: ¿una alegoría al árbol de Paraíso del Edén en un fresco precristiano?

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Árbol y serpiente. Frescos de la Casa del Frutteto, Pompeya. Siglo I d.C | GENTILEZA Carlos Serrano Lorigados

Árbol y serpiente. Frescos de la Casa del Frutteto, Pompeya. Siglo I d.C | GENTILEZA Carlos Serrano Lorigados

Por qué una pintura de Pompeya describe al Paraíso

Cuando el volcán Vesubio erupcionó en el 79 d.C, todavía no habían comenzado a difundirse en el Mediterráneo las ideas de Jesús de Nazaret, el hombre que fue crucificado, quien decía ser hijo de Dios y que hablaba de la caridad, del perdón y de la resurrección de la carne.

Por esto mismo, los arqueólogos que descubrieron el fresco de la Casa del Frutteto, en Pompeya, que retrataba un árbol y una serpiente, aseguraron que no había nada de cristiano en ello. No obstante, consideraron que era una evidencia fidedigna del sincretismo que alimentó al cristianismo durante sus primeros siglos de vida.

Según la historiadora Catherine Nixey, durante los siglos II y III coexistieron numerosas corrientes cristianas que tomaban influencia de las religiones politeístas y paganas de esos tiempos y, de hecho, los cristianos primitivos tomaron elementos de la religión de los faraones (Egipto) para sus parábolas bíblicas.

Por ejemplo, la cruz de Cristo, una alegoría de la muerte y resurrección de la carne, fue utilizada por primera vez en Egipto, La misma es una representación esquemática del Árbol de Vida que adoraban los politeístas.

Catherine Nixey, la historiadora y escritora británica antes mencionada, es conocida principalmente por su libro The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World (La Edad Oscura: La destrucción cristiana del mundo clásico). En él argumenta que el ascenso del cristianismo, en los primeros siglos de nuestra era, tuvo un impacto destructivo sobre las culturas paganas del mundo romano, destruyendo templos, textos y otras manifestaciones culturales.

La imagen del Árbol de la Vida, aunque prominente en las religiones orientales, también estaba presente en el arte romano. La higuera, que aparece en el fresco de la Casa del Frutteto, se conecta no solo con la cultura romana, sino con las creencias religiosas más profundas de los egipcios, quienes veneraban árboles como símbolos de renacimiento y continuidad La imagen del Árbol de la Vida, aunque prominente en las religiones orientales, también estaba presente en el arte romano. La higuera, que aparece en el fresco de la Casa del Frutteto, se conecta no solo con la cultura romana, sino con las creencias religiosas más profundas de los egipcios, quienes veneraban árboles como símbolos de renacimiento y continuidad

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Fritz Schachermeyr, historiador y arqueólogo, sugiere que la imagen de la serpiente trepando por un árbol tiene connotaciones similares a las representaciones de la serpiente en el arte helenístico y egipcio.

Fritz Schachermeyr, historiador y arqueólogo, sugiere que la imagen de la serpiente trepando por un árbol tiene connotaciones similares a las representaciones de la serpiente en el arte helenístico y egipcio.

En su obra, argumenta que, durante los primeros siglos del cristianismo hubo una interacción y un sincretismo entre las religiones paganas y las formas tempranas de cristianismo. Muchas prácticas cristianas, símbolos y rituales fueron influenciados por las religiones paganas y cultos anteriores, como los cultos mistéricos de Egipto y las tradiciones helenísticas.

El cristianismo no emergió en un vacío. Fue una religión que se alimentó y se vio influenciada por los cultos mistéricos de Egipto y las religiones orientales, que tenían sus propios mitos del Árbol de la Vida, como en el caso del sicomoro en Egipto, que se asocia con la protección de Osiris El cristianismo no emergió en un vacío. Fue una religión que se alimentó y se vio influenciada por los cultos mistéricos de Egipto y las religiones orientales, que tenían sus propios mitos del Árbol de la Vida, como en el caso del sicomoro en Egipto, que se asocia con la protección de Osiris

En términos de la historiadora, la mayoría de las religiones orientales comparten el mitema o arquetipo del Árbol de la Vida. Incluso los vikingos poseían su propio árbol sagrado: Yggdrasil, sostén de los mundos. De igual manera, los romanos, tenían el suyo, que era la higuera, el cual dio sombra a Luperca, la loba que alimentó a Rómulo y Remo.

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Yggdrasil de los Vikingos,

Yggdrasil de los Vikingos,

En el caso de los egipcios, el sicómoro, un pariente cercano de la higuera, era considerado un árbol sagrado porque frenó el bote de Osiris en su vagabundeo por el Nilo. El mismo aparece en el libro de las Pirámides y en el Libro de los Muertos.

"En el antiguo Egipto, el sicómoro era considerado un árbol sagrado asociado con la diosa Isis, y se pensaba que protegía las almas de los muertos. El árbol era especialmente venerado por su vinculación con la resurrección de Osiris, quien según el mito, encontró consuelo bajo su sombra tras su muerte", explica el historiador Richard H. Wilkinson en El Completo Libro de los Dioses y Diosas del Antiguo Egipto.

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El sicómoro en una pintura egipcia.

El sicómoro en una pintura egipcia.

"El sicómoro aparece repetidamente en los textos funerarios, como el Libro de las Pirámides, donde se dice que el alma del difunto encuentra descanso bajo sus ramas, asociando al árbol con el proceso de resurrección. Este árbol fue considerado sagrado y se le otorgaron poderes místicos para proteger a las almas de los muertos", expone también el historiador T.G.H. James en The Literature of Ancient Egypt (1987).

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