Con la muerte de Visitación Folgueiras desaparece una de las últimas voces de la generación que transformó el dolor en una lucha colectiva por la memoria. La mujer, nacida en Asturias y convertida en una de las Madres de Plaza de Mayo, falleció este domingo en Buenos Aires a los 101 años.
DE ASTURIAS A CASA ROSADA
Falleció Visitación Folgueiras: la Madre de Plaza de Mayo española que enfrentó la dictadura
Murió a los 101 años en Buenos Aires. Integrante de Madres de Plaza de Mayo, buscó durante décadas a su hijo desaparecido por la dictadura.
La historia de Folgueiras comienza lejos de la Plaza de Mayo. Había nacido en Asturias, en el norte de España, pero su vida terminaría quedando ligada para siempre a una de las luchas más emblemáticas de la historia argentina. Murió después de haber dedicado casi medio siglo a buscar a su hijo desaparecido durante la última dictadura militar.
Su vida cambió para siempre el 21 de diciembre de 1976, cuando su hijo Roberto Mario Loyola, de 22 años, y su nuera Dominga Antonia Maizano fueron secuestrados por fuerzas de la dictadura en su casa de Loma Hermosa, en el conurbano bonaerense. La pareja vivía allí con su hijo de apenas seis meses, que logró sobrevivir porque fue entregado a una vecina antes de que los militares se llevaran a sus padres.
A partir de ese momento comenzó una búsqueda que no se detendría nunca. En su recorrido por comisarías, oficinas públicas e iglesias para intentar saber qué había ocurrido, Visitación se encontró con otras mujeres que atravesaban la misma tragedia. Así terminó sumándose a las Madres de Plaza de Mayo, el movimiento que denunció ante el mundo las desapariciones forzadas durante la dictadura argentina.
Una vida marcada por la búsqueda
El secuestro de su hijo no solo cambió su vida familiar, también la empujó a comprender el alcance del terrorismo de Estado en Argentina. Roberto y su esposa no pertenecían a ninguna organización armada. Realizaban trabajo social en barrios humildes del conurbano bonaerense: él ayudaba a los vecinos con conexiones de luz y agua, mientras que ella, estudiante de psicología, acompañaba a familias con hijos con discapacidad. Esa militancia barrial bastó para colocarlos en el radar represivo de la dictadura.
Con el paso de los meses, Visitación entendió que su caso no era aislado. En sus recorridas para buscar respuestas comenzó a encontrarse con otras madres que atravesaban la misma tragedia. De esos encuentros surgiría uno de los movimientos de derechos humanos más reconocidos del mundo: Madres de Plaza de Mayo, que comenzó a marchar cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo exigiendo saber el paradero de sus hijos.
Durante décadas, Visitación sostuvo esa lucha. Recordaba que en los primeros años incluso se intentó cerrar el caso de los desaparecidos declarando su muerte. Frente a eso, las madres respondieron con una consigna que terminaría recorriendo el mundo: “Con vida se los llevaron, con vida los queremos”.
Activa hasta el final
Visitación mantuvo su compromiso con la lucha por la memoria prácticamente hasta el final de su vida. A sus 101 años todavía participaba de actividades junto a sus compañeras de Madres de Plaza de Mayo y había estado presente el pasado 24 de marzo, cuando se cumplieron 50 años del golpe de Estado de 1976.
Quienes la conocieron recuerdan su carácter firme y su mirada siempre despierta. Ella misma contaba que cada vez que se colocaba el pañuelo blanco, símbolo histórico de las Madres, sentía que recuperaba fuerzas para seguir adelante con la búsqueda. “Cuando me pongo el pañuelo es como que me lleno de una energía que me hace fuerte para continuar”, había dicho en una de sus últimas entrevistas.
Su historia había comenzado mucho antes, en una vida de trabajo en Argentina. Durante 35 años fue empleada en la fábrica textil Grafa, donde formó su familia. Décadas después, su nombre quedaría ligado para siempre a la lucha por los desaparecidos.
Con su muerte, en Buenos Aires, se apaga una de las voces de aquella generación que convirtió el dolor personal en una causa colectiva. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, la despidió en redes sociales destacando su ejemplo: “Tu coherencia y tu lucha nos seguirán guiando”.
La mujer que había llegado desde Asturias terminó siendo parte de uno de los movimientos de derechos humanos más conocidos del mundo.
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