La inflación esperada por los argentinos para los próximos doce meses volvió a mostrar una mejora en marzo, aunque el dato vino lejos de clausurar la discusión de fondo. Según la última Encuesta de Expectativas de Inflación del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, el promedio nacional cayó a 33,5%, desde el 35,7% registrado en febrero, mientras que la mediana permaneció en 30%, un nivel que expone que buena parte de los hogares todavía no termina de modificar su percepción sobre el rumbo de los precios.
El informe, elaborado sobre la base de un relevamiento realizado entre el 4 y el 13 de marzo de 2026, deja así una foto con dos planos bien distintos. En el primero aparece una baja concreta en la expectativa promedio anual, con un recorte de 2,2 puntos porcentuales frente al mes anterior. En el segundo surge una señal de mayor prudencia, porque la mediana no se movió y porque la expectativa para los próximos treinta días, lejos de mejorar, mostró un leve deterioro.
La mejora existe
El dato de 33,5% para los próximos doce meses representa, en los papeles, una noticia favorable. No sólo implica un descenso respecto de febrero, sino que además confirma que las expectativas siguen una trayectoria más contenida que la observada meses atrás.
La permanencia de la mediana en 30% no es un detalle menor, porque ese indicador suele reflejar con mayor nitidez la mirada del encuestado típico y, a diferencia del promedio, no se altera tan fácilmente por movimientos puntuales en las respuestas más extremas. En otras palabras, mientras el promedio cedió y mostró una reacción positiva, el corazón de la muestra se mantuvo inmóvil, como si una porción relevante de la sociedad siguiera sin comprar del todo la idea de una desinflación firme y sostenida.
En marzo, el percentil 25 se ubicó en 20%, la mediana quedó en 30% y el percentil 75 alcanzó 50%, con un rango intercuartil de 30 puntos que no mostró cambios frente al mes previo. Traducido a lenguaje llano, el mercado de expectativas de los hogares sigue partido, con una diferencia muy marcada entre quienes creen que la nominalidad bajará más rápido y quienes todavía ven un escenario bastante más áspero.
Marzo dejó una señal menos cómoda
El punto más incómodo del informe apareció en la medición de corto plazo. Para los próximos treinta días, la inflación esperada a nivel nacional se ubicó en 4% según el promedio y en 3% según la mediana.
Los hogares parecen ver una desaceleración más visible cuando miran a doce meses que cuando observan el mes siguiente. Esa diferencia entre el horizonte largo y el cortísimo plazo resulta relevante, porque sugiere que todavía persisten dudas sobre la capacidad de sostener una baja ordenada y lineal en los precios más inmediatos, que son justamente los que impactan con mayor fuerza sobre el humor social y sobre las decisiones cotidianas de consumo.
La Universidad Di Tella remarca que esta pregunta mensual, incorporada desde mayo de 2023, suele tener una tasa de respuesta más alta que la anual porque, en un contexto de incertidumbre, a las personas les resulta más sencillo estimar lo que creen que ocurrirá en el corto plazo.
El AMBA continúa arriba del Interior
La baja en la inflación esperada se verificó en las tres regiones relevadas, aunque con diferencias claras en magnitud y en nivel. La Ciudad de Buenos Aires encabezó la tabla con una expectativa promedio de 36,1%, seguida por el Gran Buenos Aires con 35,7%, mientras que el Interior quedó sensiblemente más abajo, en 32,0%.
La mayor corrección se dio en el GBA, donde el promedio cayó desde 39,4% hasta 35,7%, una contracción de 3,7 puntos porcentuales que fue, por amplio margen, la más intensa del mes. En el Interior, la baja fue de 1,9 puntos, al pasar de 33,9% a 32,0%. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en cambio, la reducción fue mucho más tenue, desde 36,8% hasta 36,1%.
La brecha por ingresos se agrandó
Otro dato que sobresale del relevamiento es el comportamiento de las expectativas según nivel de ingresos, aproximado a partir del nivel educativo. En los hogares de mayores ingresos, la inflación esperada promedio cayó de 35,4% a 32,9%.
Como resultado, la brecha entre ambos segmentos se amplió de 0,9 puntos porcentuales en febrero a 2,3 puntos en marzo. El número merece atención porque muestra que la mejora en las expectativas no está siendo percibida con la misma intensidad por todos los sectores.
Los hogares con menos recursos siguen viendo una inflación futura más alta que los de mayores ingresos, algo que suele estar vinculado a una experiencia cotidiana más expuesta a bienes esenciales y a menores márgenes para absorber aumentos.
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