Mientras la economía intenta sostener una recuperación desigual, la mora sigue en ascenso y los cheques rechazados por falta de fondos continúan en niveles elevados, un combo que golpea con especial fuerza a las pymes, donde el acceso al financiamiento es más caro, más corto y bastante más sensible a cualquier tropiezo en las ventas.
Los últimos datos, tal como señala Melisa Reinhold en su más reciente artículo para La Nación, muestran que el deterioro no se limita a un segmento puntual ni puede explicarse como una anomalía transitoria. En enero de 2026, el ratio de irregularidad de la cartera de créditos de empresas avanzó hasta 2,7%, desde el 0,8% registrado un año antes.
A simple vista, el nivel todavía podría parecer manejable, pero ese promedio está fuertemente condicionado por el peso de las grandes compañías dentro del sistema. Según remarca Analytica, el 42% del financiamiento se concentra en apenas el 0,3% de las sociedades jurídicas catalogadas como grandes empresas, un factor que suaviza la foto agregada y esconde un cuadro mucho más exigente para los negocios de menor escala.
Las pymes sienten el ajuste
La diferencia entre grandes firmas y empresas chicas ya se volvió demasiado marcada como para pasar inadvertida. Mientras las grandes empresas exhiben una mora de apenas 0,9%, las pymes trepan a 4%, reflejando una vulnerabilidad mucho más alta frente al encarecimiento del dinero, la debilidad de la demanda y la necesidad de usar crédito para sostener la operatoria diaria.
En cambio, las firmas más chicas suelen depender de descubiertos, adelantos de capital de trabajo y financiamiento de corto plazo, justamente las líneas donde hoy se concentra una parte relevante del problema. En reserva, desde bancos privados admiten que allí aparece el principal foco de tensión y que, para evitar un deterioro mayor, se están ofreciendo refinanciaciones, cambios de plazo y seguimiento más cercano de las carteras.
La aceleración es heterogénea y replica la fragmentación de la actividad. Los rubros vinculados con minas e hidrocarburos o con la intermediación financiera sostienen mejores indicadores, con pocas compañías, de gran tamaño, deudas promedio más elevadas y tasas de irregularidad inferiores al 1%. Del otro lado del mostrador, los sectores más atados al consumo interno o más golpeados por la apertura importadora muestran un cuadro bastante más frágil.
Industria, textiles y construcción
En la industria manufacturera, la actividad cayó 3,2% interanual y la mora alcanzó 3,6%. Pero dentro de ese universo aparecen bolsillos de deterioro mucho más severos. Analytica detecta ratios de irregularidad de 7,9% en fabricantes de muebles y colchones, 7,7% en confección de prendas de vestir y 7% en productos textiles, sectores donde confluyen baja de demanda, mayor competencia importada y márgenes cada vez más comprimidos.
La construcción, por su parte, también quedó en terreno delicado con una mora de 6,1%, en un contexto en el que la actividad sigue en mínimos históricos y se ubica 22,8% por debajo del promedio de 2023, afectada por costos altos y por el derrumbe de la obra pública.
El punto central es que la expansión del crédito también ayuda a maquillar la foto general y, a medida que aumenta el stock total de préstamos, la irregularidad luce relativamente más contenida en el promedio, aunque por debajo se acumulen tensiones cada vez más visibles en segmentos específicos.
Cheques rechazados
A esa fragilidad se suma otro termómetro clásico de la cadena de pagos. En enero, los cheques rechazados por “sin fondos suficientes” representaron 2,1% de la cantidad total compensada y 1,4% de los montos, según datos del Banco Central -BCRA-. Aunque hubo una baja respecto del pico de diciembre de 2025, el nivel sigue siendo alto en comparación con los años previos y confirma que la tensión de liquidez todavía no afloja.
Dentro de algunos bancos privados, incluso, reconocen que el porcentaje de cheques rechazados pasó de niveles cercanos al 1,5% en 2023 y 2024 a registros próximos al 4% en los últimos meses. La explicación vuelve a ser la misma.
Esa dinámica no implica, por ahora, un escenario de ruptura sistémica en la cadena de pagos, pero sí una situación de mucha fragilidad. El monto de cheques rechazados, descontada la inflación, se mantiene elevado y aunque su ritmo de avance se moderó, no ofrece todavía una señal de alivio robusta.
La clave vuelve a estar en la apertura sectorial, porque no todos los rubros enfrentan la misma presión ni cuentan con el mismo margen para absorber costos financieros más pesados.
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