JP Morgan puso sobre la mesa su Outlook 2026 y dejó una definición clara sobre el escenario internacional que viene. El mundo que se abre combina promesas de crecimiento con presiones estructurales que obligan a repensar carteras, riesgos y horizontes de inversión.
DE CARA A 2026
El optimismo de JP Morgan frente a una economía (muy) frágil
JP Morgan puso sobre la mesa su Outlook 2026 y dejó una definición clara sobre el escenario internacional que viene.
Inteligencia artificial, fragmentación geopolítica e inflación persistente ya no aparecen como amenazas, sino como el nuevo punto de partida para tomar decisiones.
Un ciclo que cambia las reglas
El banco parte de un diagnóstico contundente. La etapa de baja inflación y globalización sin fricciones terminó. En su lugar, emerge un régimen más volátil, con inflación por encima de los objetivos de los bancos centrales y cadenas productivas cada vez más condicionadas por criterios de seguridad y resiliencia.
Para JP Morgan, ese giro no implica un escenario recesivo, sino un entorno más exigente donde la selección de activos vuelve a ser decisiva.
La entidad espera que el ciclo de recorte de tasas de la Reserva Federal siga sosteniendo el crecimiento global durante 2026. Las carteras diversificadas podrían volver a mostrar rendimientos sólidos, incluso después de un 2025 favorable para los mercados accionarios.
Inteligencia artificial sin burbuja a la vista
Uno de los ejes centrales del informe es la revolución de la inteligencia artificial. JP Morgan descarta, por ahora, la idea de una burbuja inminente. Los números respaldan esa visión. La inversión en infraestructura vinculada a IA pasó de US$150.000 millones en 2023 a más de US$500.000 millones proyectados para 2026 solo entre las grandes tecnológicas de Estados Unidos.
El banco destaca que la inversión en IA representa cerca del 1 % del PBI, un nivel todavía por debajo de otros ciclos tecnológicos históricos, donde el pico osciló entre 2 % y 5 %. A eso se suma un dato clave. La vacancia de data centers ronda apenas el 1,6 %, con tres cuartas partes de la capacidad en construcción ya prealquilada.
El mayor riesgo no pasa por un exceso de exposición, sino por quedar afuera de una tecnología que puede redefinir márgenes, productividad y liderazgo corporativo.
Fragmentación y fin de la eficiencia pura
El segundo gran pilar del outlook es la fragmentación del orden internacional. La guerra en Europa, la escalada arancelaria y la reorganización de bloques comerciales marcan el abandono definitivo del modelo basado solo en costos bajos. La consigna ahora es resiliencia, aun cuando implique precios más altos.
JP Morgan subraya que cerca del 70 % de las importaciones estadounidenses ya está alcanzado por algún tipo de arancel, con tasas efectivas que se mueven entre 15 % y 20 %. El comercio global dejó de expandirse como porcentaje del PBI desde 2009, y la tendencia se profundiza.
En ese marco, América del Norte aparece como un bloque privilegiado, mientras se acelera el desacople entre Estados Unidos y China.
Sudamérica vuelve al radar estratégico
En este tablero fragmentado, Sudamérica gana peso. El informe remarca que la región concentra 40 % de la producción mundial de cobre, 38 % de las reservas, y posiciones dominantes en litio, plata y alimentos. Argentina aparece mencionada por Vaca Muerta, que vuelve a captar interés de compañías globales ante la necesidad de diversificar fuentes energéticas.
JP Morgan señala además que las acciones latinoamericanas operan en torno a 10 veces ganancias futuras, un nivel ubicado en el percentil 30 de su propia historia. En contraste, los mercados desarrollados y Asia emergente se mueven en percentiles cercanos a 90. La brecha de valuaciones no pasa desapercibida para el banco.
Inflación más alta y más volátil
El tercer eje es la inflación. Aunque JP Morgan no espera un rebrote descontrolado como el de 2022, sí anticipa un régimen estructuralmente más alto y errático. Los factores detrás de ese cambio son persistentes. Déficits fiscales elevados, mayor intervención estatal, cuellos de botella en energía y vivienda, y una psicología de precios más flexible por parte de empresas y consumidores.
El banco advierte que mantener grandes saldos de cash en este contexto erosiona el poder adquisitivo de manera silenciosa. Por eso vuelve a poner en valor a la renta fija, que recuperó atractivo con rendimientos del orden de 4 % a 5 %, y a los activos reales como infraestructura, real estate y commodities.
Las carteras que apuesten a escala, activos reales y diversificación geográfica parten con ventaja.
En un escenario donde la eficiencia pura perdió su corona y la volatilidad volvió a escena, el banco deja una advertencia implícita.
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