La iniciativa de cargar contra la "cultura machista" contenida en las marchas militares y en la denominación de sus grados, fue negada por el gobierno luego del contundente planteo de una “soldado voluntario” sin más armas que el sentido común.
Seguramente, sin seguir un criterio muy ortodoxo al natural estilo que impone una redacción ordenada, debo necesariamente iniciar esta columna haciendo expresa mención al hecho de que mucho antes que la noticia tomara estado público la vocera del Ministerio de Defensa enfáticamente me expresó que nada de lo que horas más tarde saldría a la luz estaba siendo estudiado por Agustín Rossi.
EL CASO DE LA SOLDADO
Marchas militares y contramarchas gubernamentales
Enorme exageración progresista con el lenguaje igualitario. No sólo es ridículo sino que provoca hartazgo en muchos. No es así como se corrige el machismo y las estupideces de los misóginos, que siguen existiendo. Todo tiene un límite y lo puso una soldado bajo contrato, que se plantó para denunciar lo que todos murmuraban: paremos con las ridiculeces.
Además, me anticipó la próxima aparición de un libro titulado “Mujeres Militares”, en donde se aborda la transversalidad de género en las FFAA sin que este tema estuviera ni remotamente considerado. Tenía toda la razón: nada había en la cartera de Defensa al respecto. La cosa venía por otro lado. Cuando digo venía, así en pasado, lo hago paradójicamente gracias a una mujer.
Ni lo urgente ni lo importante
Dejando de lado las distintas orientaciones que cada lector pueda tener, no puede menos que reconocerse que el gobierno que encabeza Alberto Fernández enfrenta una gestión complicadísima de que nadie a ciencia cierta sabe si podrá salir airoso. Cualquier ciudadano de bien debería elevar sus plegarias para que así sea, pero, si bien sostenemos que Dios es argentino, por ahora no integra el gabinete.
# La nefasta conjunción de la herencia recibida de parte de quienes a su vez la habían recibido antes,
# la pandemia, la cada vez más dudosa gestión de la hoy por hoy relajada cuarentena que ya no tiene controles fronterizos en la avenida General Paz,
# la enorme grieta interna que tiene el propio oficialismo protagonizada por Halcones K y palomas albertistas,
# la paralización productiva impuesta voluntaria u obligatoriamente (según lo que cada uno crea) y demás desgracias conocidas,
deben necesariamente hacer pensar en un equipo de gobierno con serias dificultades para dormir, no solo por exceso de angustias sino por falta de tiempo para hacerlo.
No obstante, en medio de semejante pandemónium gubernamental parecen coexistir al menos 3 agendas paralelas.
# La primera - la de lo urgente- esta signada por la pandemia, la asistencia sanitaria y social y la administración de la cuarentena.
# En forma paralela otros alfiles del poder llevan adelante la gestión de lo que es importante -aunque algunas cuestiones tienen importancia sólo para ellos mismos- el acuerdo con los bonistas, la omnipresente reforma de la justicia federal, la inseguridad, la cada vez mayor pérdida del poder adquisitivo, la fuga al dólar y seguimos contando.
"¡Cartón lleno!", podría exclamar cualquier observador medianamente sensato, estos pobres funcionarios no deben tener tiempo ni de peinarse con semejante desastre entre manos. Pero no....
# Entre misiles sanitarios, bombas económicas y combate cuerpo a cuerpo contra delincuentes recién liberados que salieron a “trabajar” haciendo horas extras para recuperar el tiempo perdido, una 3ra. agenda -la de género- se abre paso con fuerza, atropellando a propios y extraños e imponiendo exigencias no siempre razonables o atinadas al propio Alberto Fernández y sus subordinados directos.
Repasemos las más recientes:
# Uso del dialecto inclusivo (idioma por ahora no es) en diversas dependencias de los 3 poderes del Estado.
# Obligación del Presidente de incluir a un exponente del género femenino en reuniones donde haya más de 4 caballeros. No importa si la reunión es con generales, obispos, mecánicos o plomeros. No sea que se pongan a hablar de cosas de “hombres” sin perspectiva de género.
# Disposición del BCRA (aprovechando que el sistema monetario está tranquilo) creando los cargos de choferesa, intendenta, cajera, contadora y otros. Menudo problema hubo con las analistas de sistemas porque para diferenciarlas de los varones tendrían que comenzar a llamarlos “analistos” pero por ahora no se animan.
# La genialidad inclusiva amenaza ahora también con la exigencia de tener paridad de género en los directorios de las empresas, asociaciones civiles y hasta en una sociedad de hecho.
Así que si está pensando en ponerse un kiosco a medias ya lo sabe, no tiene que elegir a alguien de confianza sino a alguien de otro género.
Las “soldadas” vienen marchando
Un profundo sentimiento igualador y una igualmente profunda ignorancia acerca del funcionamiento de las instituciones armadas ha llevado a los militantes del culto al género a proponer (y a veces lograr) verdaderas locuras.
Si bien sería interminable la lista sólo recordemos al pícaro empleado de la AFIP que al cumplir 60 años y sin sacarse el bigote trocó su DNI cambiando una letra a su nombre de pila, tras lo cual solicitó su jubilación como mujer poniendo en jaque a medio ANSeS.
"Es una enorme alegría estar hoy en este Regimiento de Granaderos, y poder ver por primera vez a estas “Granaderas”, dijo sin sonrojarse el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación.
Pareciendo ignorar que esta unidad militar integrante del Ejército Argentino tiene personal femenino en su cuartel desde mucho antes que el talento de género diseñará un uniforme “histórico” para las “granaderas” que obviamente no existí
an en tiempos de la hazaña libertadora del Padre de la Patria.
"Hemos puesto a la mujer en un pié de igualdad con sus camaradas varones”, dijo el jefe supremo de las FFAA en otra oportunidad.
Ahora, Sr. Presidente de la Nación, pongámonos de acuerdo: o tenemos un Regimiento de Caballería que recrea la historia o tenemos otra cosa. Todo es válido Pero debe Usted tomar una decisión.
Publicado
Me permito retrotraer mi mente a un caluroso febrero de 1978, mi primer día como cadete de una de las tantas escuelas dependientes de la Armada Argentina, 900 varones casi adolescentes y 30 mujeres con sus cabezas rapadas en un pie de igualdad.
Era la marina de E.E. Massera no la Néstor, Cristina o Alberto ¿me explico? y, a pesar de ello, un grupo de pioneras sin pintarse sus pechos desnudos ni ponerse pañuelos de colores, abrieron una canilla que se extendió por toda la fuerza naval sin solución de continuidad hasta nuestros días.
Sin ir tan lejos me pregunto, ¿hubo alguna marcha para conseguir que la trágicamente fallecida Teniente de Navío, Eliana Krawczyk, pudiera haberse convertido en la primera mujer submarinista de Sudamérica?
No claro que no, tampoco nada ni nadie pudo impedirle elegir a su hermana la especialidad de Maquinista Naval, una de las más duras de la profesión del marino.
No me olvido tampoco de un puñado de Veteranas de Malvinas a las que jamás vi en un palco presidencial siendo saludas por los sucesivos mandatarios que hemos tenido con posterioridad a 1982.
Tampoco vi a ningún colectivo feminista exaltando lo que estas valientes hicieron por la Patria.
Así las cosas y mientras que en el más espartano silencio, centenares de mujeres gozan y sufren con las distintas alternativas de la vida militar recorriendo el camino que marcan los reglamentos, llenando cada casillero, ascendiendo peldaño por peldaño en la carrera y ocupando a medida que están aptas para hacerlo el comando de una embarcación, aeronave o unidad, los cultores y cultoras de la búsqueda de una supuesta igualdad pierden su tiempo inventando demonios misóginos -y le hacen perder el tiempo a quienes tienen que salir a contener la lógica inquietud que generan las desopilantes ocurrencias en este caso surgidas de las altas esferas del INADI-.
Sin tanta publicidad como la que tuvo la “granadera” con su uniforme con pollera (no demasiado cómodo para montar a caballo) la lectura de la lista de oficiales propuestos para ascender ante la Comisión de Acuerdos del Senado mostró una curiosidad. "Nómina de Capitanes y Capitanas”, reza la lista de oficiales pertenecientes a la Armada.
No se sabe si fue alguna picardía emanada de un escribiente o si realmente la fuerza se rindió. Curiosamente en singular la palabra “Capitán” suena de por si bastante inclusiva. Las restantes fuerzas no acusaron el embate igualador y por ahora no tendremos ni coronelas ni comodoras.
Las marchas
La discreta recopilación de las letras de las principales marchas militares y policiales de las fuerzas federales so pretexto de generar material de archivo, quedó al descubierto por la aparente infidencia de un funcionario de segunda línea que responde a Victoria Donda.
"No puede ser que los militares queden afuera del cambio cultural que estamos proponiendo, tienen que entender que no son una casta privilegiada”, deslizó el funcionario ante quien le hacía el favor de acercarle una partitura poco conocida.
Para los sensibles oídos “igualadores” de los funcionarios antidiscriminación, frases tales como
# "Si queda a bordo un guapo marinero”,
# "A la carga los valientes”,
v“Hombres de acción” o
# “Caballeros del mar”,
devienen en verdaderos atentados contra la tan anhelada inclusión de todos, todas y todes.
Para el caso de los más jóvenes cadetes de los liceos militares no olvidar por favor que en el fondo son “pibis”.
Un alto jefe militar le preguntó en tono jocoso a este columnista: "¿Qué haremos con los muchachos peronistas a los que refiere la marcha del partido gobernante?".
Fue así que mientras los entusiastas compositores musicales inclusivos se comenzaron a exprimir sus igualitarias neuronas en ver como se le pone perspectiva de género a la Marcha de San Lorenzo o como reflejamos que hoy un cañón naval puede ser operado por un militar con pelo largo recogido prolijamente debajo de su casco de combate, “las fuerzas armadas se plantaron”.
Respeto
No se asuste, no salieron los tanques a la calle, no sobrevolaron aviones sobre la casa de gobierno ni tampoco existió planteo de generales, almirantes y brigadieres. Ni cuestionamiento ni malestar institucional blandido por los mandos medios ante sus superiores. No, nada de eso.
Con poco más de 1,60 mt. de altura y desde su para nada jerárquico grado de Soldado de Primera, Lucía Zordan Herrera, una salteña de 24 años, se ganó el respeto de la totalidad de sus camaradas de todas las jerarquías cuando en forma lapidaria obligó a que desde Balcarce 50 un llamado telefónico enfriara -al menos por ahora- las afiebradas mentes de personajes a los que evidentemente la posesión de un cargo público parece quedarles cuando menos holgada.
“Soy soldado de primera, si soldado. Ni soldada ni soldade. El Ejército me abrió la posibilidad de formar parte de esta gran familia donde hay hombres y mujeres como en tantas otras”.
Y sigue: "Me cansé de que se quejen diciendo que por ser mujeres no tenemos los mismos derechos. Las mujeres tenemos derechos y mierda que los tenemos, pero no tenemos derecho a cambiar la historia”.
Lucía con una altura discursiva que excede largamente la de su cuerpo armó una mezcla explosiva, su condición de soldado voluntario acota su carrera militar a la duración de su contrato con el Ejército, es decir que no hay una solapada intención de trepar en la escala haciéndose conocida, su paso por la milicia tiene fecha de vencimiento en el corto plazo, su condición de mujer le permite precisamente hablar de la forma en lo hizo a través de las redes sociales sin temor a una reprimenda.
¿Que varón podría haber dicho lo mismo, sin que a los 15 minutos junto con la baja del servicio activo le comiencen a llegar citaciones judiciales o del propio INADI?
También Lucía nos deja un mensaje como ciudadana: ella no organizó ningún piquete, no molestó el descanso o la libertad de circulación de persona alguna. No insultó, no agredió ni patoteó a ningún ser viviente.
Pero ganó su pequeña gran batalla. Obligó a una contramarcha que no se puede comparar a la ocurrida con Vicentín pero quedará inscripta en el balance de la gestión gubernamental como una más de quien sabe cuántas aún por venir.
Finalmente, Lucía fue más efectiva en su rol igualitario que todas las Donda o las Eli Gómez Alcorta (ministro de Género) que pueblan los casilleros del poder.
Hoy esta pequeña gran soldado, hizo más por su género que quienes sólo consideran la agresión y el grito salvaje como método. Cuando Lucía grita lo hace para decir bien fuerte “viva la Patria”. Cuando se pinta la cara lo hace como parte de un ejercicio para defenderla, cuando se sienta a escribir... lo hace para poner las cosas en su lugar.






