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JORGE ASÍS

7D, el renacer de El Ángel gracias a Baruj Spinoza, que desplazó a Durán Barba

Dom, 17/11/2019 - 11:38pm
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Mientras los radicales intentan postular un liderazgo opositor sin un representante con proyección nacional, Mauricio Macri y Marcos Peña preparan su despedida de la Casa Rosada para el 7 de diciembre a las 17 en Plaza de Mayo con gran impacto mediático que intente marcar la cancha de cara a las elecciones 2021 y 2023. Al parecer, el rabino Sergio Bergman y Pablo Avelluto fueron quienes le recomendaron a ambos recurrir a una estrategia a la que siempre recurre la política: la simbología de la religión. Sobre esto desarrolló su columna dominical el escritor Jorge Asís, dejando en off side a Durán Barba y la Big Data de Peña.

Macri al momento de recibir la bendición del pastor evangelista (Foto: captura de video)
Contenido

Baruj Spinoza, consultor del Ángel

Bergman y Avelluto elevaron a Macri del tercer subsuelo hasta hacerle descubrir el sentido teológico de la política.

1.- El bautismo de la teología política

El filósofo Baruj (Bento o Benedictus) Spinoza nació en Ámsterdam en 1632 y murió excomulgado en La Haya en 1677.
Pero 342 años años después, en la remota Argentina, Spinoza iba a modificar el estilo del derrotado presidente Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
En pleno agosto de 2019, mientras el Ángel habitaba moralmente el tercer subsuelo.
Ocurrió que Sergio Bergman, El Rabino Popular, ministro con rango de secretario, durante una mañana del invierno radiante le dijo:
“Presidente, debemos tomar como consultor a Baruj Spinoza. Lamentablemente ya no puede contratarlo como a Durán Barba».
El Ángel caído quería sacárselo de encima, mientras el Rabino le plantaba la verdad.
“Spinoza, jefe, nos dejó el Tratado Teológico Político. Es para volver a la simbología de la religión”.
El Rabino Popular lo desbordaba.
«Para insuflar de mística a la política a través del contacto del líder, o sea usted, con su pueblo»
.

En simultaneo, otro ministro degradado a secretario, Pablo Avelluto, Teórico del Choripanerismo Cultural, respondía a la convocatoria patriótica del cineasta Campanella y del penetrante actor Luis Brandoni.
Cientos de exponentes de la Argentina Blanca se desplazaban aquel sábado hacia la Plaza de Mayo para expresar el desasosiego, la impotencia.
No se trataba de personajes de Pirandello en búsqueda del autor. Eran argentinos desconcertados por el regreso triunfal de La Doctora.

Ministro orgánico, Avelluto le envió un whatsapp a Marcos Peña, El Pibe de Oro, que se recuperaba en el quinto subsuelo.
Lograron que el Ángel, acompañado por la señora Juliana, Sherezade, se trasladara de inmediato a la Casa de Gobierno.
No había equipo de sonido pero ahí ya estaba José Torello, el asesor en la lona.
Con su móvil, Torello se puso a filmar al Ángel que se tocaba el sensible corazón. Lagrimeaba. Era el bautismo de la teología política.
En adelante, bastaba con ponerle un formato a la idea inicial de Spinoza
.
Faena ideal para el productor Hernán Lombardi, El Obeso Saltarín. Debía encargarse de diseñar las giras por 30 ciudades. Y de la animación del pogo, con la flexibilidad de su cintura superior.
Por Spinoza, el Rabino y Avelluto, el Ángel de pronto descubrió los atributos de la épica.
Le sirvió para trasladarse electoralmente desde el tercer subsuelo hacia la planta baja.
Para perder otra vez con Alberto Fernández, El Poeta Impopular, pero por mucho menos de lo que se esperaba. Y completar, aliviado, el desperdicio de su ciclo.
Hasta pasar del alivio a la felicidad (especialidad de Rozitchner, Pensador del Entusiasmo y del Confort).
Feliz por el apoyo del 40 por ciento de la sociedad que moviliza la economía. Con la que planifica exterminar al sucesor que lo venció.
El Poeta Impopular debía precipitadamente configurarse como Alberto el Estadista.
Debía hacerse cargo hasta del Frepasito Tardío que arrastra el extraño progresismo de La Doctora.
La Jefa temible que impone el alineamiento geopolítico que reproduce el terror excesivo de la Argentina Blanca.

2.- El flagelo impune de la esperanza

En efecto, por el amontonamiento de expresidentes alejados melancólicamente del poder, la estudiantina de Puebla armó su colorida kermesse moral en el progresismo fatuo de Buenos Aires.
Lo que debía limitarse al desfile de las auto-celebraciones, de los debates estériles, se enriqueció con el melodrama de dos situaciones límites.
Primero, la liberación de Lula Da Silva, en Curitiba.
Libertad que desató la euforia conmovedora. Flotaba, en los salones del Hotel Emperador, el flagelo impune de la esperanza.
Segundo, la renuncia de Evo Morales, a través de la ornamentación del golpe de estado que El Evo pedía, en efecto, a los gritos.
La algarabía del Frepasito Tardío hizo que la estudiantina de Puebla adquiriera la magnitud de la relevancia.
De repente la Argentina entera se impregnaba de la improvisada problemática cultural, étnica e histórica de Bolivia.
Hasta que El Poeta Impopular, “El Presidente que más se parece a todos los argentinos”, sintió que se elevaba.
Entre estadistas precarios como Bolsonaro, Evo, Piñera, como López Obrador y el severamente trastornado Donald Trump.
Convertido en Alberto El Estadista sintió que podía conquistar el liderazgo de América Latina.
Sin que ningún Morales le dijera lo mismo que Gerardo Morales, El Milagrito, le dijo a John Grabois, Pobre pero Honrado.
Aunque sin la mística de Spinoza, el Poeta Impopular también se modificaba.
Quien dos años atrás fuera el jefe de campaña de Florencio Randazzo, El Loco, aspiraba a proyectarse como el líder de América Latina.
«Bueno, sí, de acuerdo, Alberto, tiene razón, repitamos que lo de Bolivia fue un golpe de estado».
Pero ofrendarse por Evo Morales, menos que una tontería, es un error. Mejor batirse por el sistema métrico decimal.
En default, en quiebra absoluta, con las monedas para compartir un cortado en jarrito, la Argentina dista de encontrarse en condiciones de postularse como referencia moral.
«Nada, Alberto, legitima el golpe de estado en Bolivia».
Ni la disruptiva pasión del Evo por quedarse y creerse indispensable.
Ni los forzados recursos institucionales que traspasaron las enigmáticas fronteras del papelón.
Ni lo más importante: mantener el dominio agotado de la «democracia descompensada».
(Nada legitima el golpe. Sólo lo explica).

3.- De tres gobiernos a uno

Cuatro años atrás, los macristas se desvivían por la gloria de tomar las cajas de los tres gobiernos.
El Maxi Quiosco, la capital, quedaba para Horacio Rodríguez Larreta, Geniol.
La Provincia Inviable, Buenos Aires, para acompañar a la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo.
Y la caja inagotable de la Nación, para la pasión destructiva del Ángel Exterminador.
Cualquier muchacho de PRO que tuviera un primo diplomado podía jurar como secretario de algo. Asumir como subsecretario, o director.
Miles de puestos para ser cubiertos por los patriotas que decidían colaborar con la república.
(Hoy, por la derrota, abundan los funcionarios que reparten curriculums)
.
Queda en pie el Maxi Quiosco más surtido. Con mando de tropa y el digno presupuesto del Artificio Autónomo.
El cetro de jefe debiera caer, naturalmente, sobre la calva de Larreta, El Caudillo inapelable de PRO.
El exclusivo ganador que queda mejor posicionado para representar el descontento de la Argentina Blanca. Asociado a Sor Vidal, la santa adicta al sacrificio.
En armónica relación con los radicales que fueron reconfortados, en los últimos cuatro años, con los caramelos de madera (ligeramente espolvoreados con azúcar impalpable).
Con la conducción de Coti Nosiglia, El Monje Inmortal. Con las ínfulas de Alfredo Cornejo, Cobos y Vos. Y con el carisma engañosamente juvenil de Martín Lousteau, El Personaje de Wilde, prefieren sentarse en la mesa de las decisiones.
La influencia presunta del Trío de radicales debilita la posición de Mario Negri, Zorro Gris, el amarillo preferido del Tercer Gobierno Radical.

4.- El Renacimiento

El Ángel, ahora, viene por más. Gracias a Baruj Spinoza, el consultor sefaradí que desplazó a Durán Barba, El Equeco. Y a la aplicación del Tratado Teológico Político.
Nada de post macrismo. Al contrario, por Spinoza se viene el Renacimiento.
Junto al alicaído Marcos Peña, el producto del Ángel con mala terminación (aunque aspira a rajarse un año).
Y junto al ideólogo Miguel Pichetto, Lepenito. Fue quien colaboró con Spinoza para convertir al Ángel en el populista tardío.
Por lo tanto, desde el refugio desmoronado de la Big Data, emerge el Ángel como un furtivo besador de pies.
Es el eje Macri-Peña-Pichetto. Al que se anexa la señora Elisa Carrió, La Derrotada Exitosa.
Dama que cambia con habilidad el arco de la derrota. Sorprende con la renuncia que nadie, en el fondo, le cree.
La Derrotada Exitosa se muestra conforme. Por plantar las bases de la república. Aunque no haya plantado un pepino. Pero se aguarda su regreso mediático con gloria, un show gratuito y divertido.

Ante la precipitación del epílogo, Alberto, Líder del Randazzismo sin Randazzo, esquiva las minas antipersonales. Las que Mauricio espera que exploten, entre las alfombras del poder que desperdició.
Irresponsablemente.