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La Corte Suprema rechazó el per saltum presentado por el Gobierno el viernes 07/12 para revocar la cautelar que frena la aplicación de la Ley de Medios para el Grupo Clarín. Había coincidencia en que la presentación sería rechazada, ya que el salto de instancia, votado recientemente por el Congreso Nacional, está previsto para recurrir fallos de 1ra. instancia con gravedad institucional y no medidas cautelares. El propio Ejecutivo Nacional ya tenía preparado un Recurso Extraordinario, que será presentado en la mesa de entradas de la Cámara que le falló en contra la semana pasada. De acuerdo a las normas procesales, el Tribunal debe dar traslado a la contraparte por 10 días hábiles, esto es, darle la posibilidad al Grupo Clarín de que presente sus argumentos. Una vez contestado el traslado, la Cámara resuelve si hay cuestión federal como para elevar el expediente. Ante este panorama, el único hecho judicial que podría facilitar los planes del Gobierno sería que el magistrado de 1ra .instancia Horacio Alfonso dictara sentencia antes de fin de año en el expediente que analiza si el artículo 161 de la Ley de Medios es constitucional o no. Pero en la red social Twitter, hubo mucha actividad con el tema...
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Con la excusa de la moderación como bandera, Daniel Scioli hace equilibrio permanente: cal y arena. Se diferencia en la política de seguridad pero asiste al estreno de Néstor Kirchner, la película. Discute con Mauricio Macri por los residuos pero reivindica la economía de mercado que rechaza el Frente para la Victoria. La gran duda es qué haría realmente Scioli si no tuviese límites a derecha e izquierda. Él ya se autointituló presidenciable 2015... siempre que Cristina no vuelva a participar. El Frente para la Victoria le declaró la guerra por aquella frase que, cuando la re-reelección era inamovible, pareció un desafío. Ahora, cuando la re-re tiene varios obstáculos -el principal es la pérdida de popularidad de Cristina-, algunos en el FpV inician un 'redescubrimiento' de Scioli. Al fin de cuentas, ellos dicen, siempre fue leal y nunca traicionó, todo lo contrario a lo que sostenía Juan Gabriel Mariotto, José Ottavis y Carlos Kunkel, quienes, a su vez, ya no son tan críticos como otrora. Un debate televisivo en la noche del lunes 03/12 actualizó el tema.
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"Queremos transmitirles serenidad, porque este tipo de operaciones políticas de prensa, financiadas con plata negra, amarilla o naranja, apuntadas a los compañeros que acompañan el proyecto transformador iniciado en 2003, seguirán siendo moneda corriente", afirmó La Cámpora. Amarillo es el color del PRO y es conocido el tema: Máximo Kirchner acusa a la agrupación La Solano Lima, que integra Propuesta Peronista, y lidera Cristian Ritondo, de realizar una permanente "desestabilización" de su imagen personal (el video El Hijo de Kuka, por ejemplo). La novedad es la inclusión del color naranja, que en la política identifica a Daniel Scioli.
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Para opinar acerca de 'Néstor Kirchner, la película' es imprescindible haber visto el film. Al respecto, muy interesante el punto de vista de un realizados cinematográfico como Guillermo Raffo, quien le dijo al bisemanario Perfil: "Descontábamos que no iba a ser como Don’t Look Back, ni como Nixon. Los antecedentes de Néstor Kirchner, la película clausuraban toda posibilidad de ambivalencia o reflexión. Pero podría haber sido a favor, podría haber aspirado a cierta eficacia extra-cinematográfica en la línea de Michael Moore, quien nunca nos convenció de nada pero a su público algo le vende. Tal vez la primera versión, de Adrián Caetano, haya sido algo así. La que nos tocó, porque siempre ligamos las peores versiones de todas las cosas, es la de Paula de Luque: una hagiografía imposible cuya ambición declarada –hacer de Néstor un santo– es tan extrema como su incapacidad para conseguirlo. (...)". Pero también muy interesante el punto de vista de un periodista de profunda visión de la política:
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Durante varios años, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue un reclamo solitario en Libres del Sur y otras organizaciones que integraban el kirchnerismo no peronista. No era un texto contra Grupo Clarín en particular sino que reclamaban frecuencias para organizaciones que, en general, no pueden pagar esas operaciones a menos que el Estado se haga cargo de la financiación, una injusticia hacia el contribuyente, a quien habría que preguntarle si quiere pagar impuestos para que una seudo 'cooperativa' lo malgaste en contenidos que le importan a casi nadie. De todos modos, Néstor Kirchner mantenía a raya el proyecto porque eran los días de la alianza con Grupo Clarín, con Alberto Fernández como nexo. El proyecto sobre nueva Ley de Medios aparece después, con la ruptura, que todo el mundo ya conoce que fue un negocio en telecomunicaciones. Entonces Kirchner, y luego Cristina, embistieron. Pero, entonces, es una ley contra uno. No se legisla en esos términos, al menos en la República de la calidad institucional que expone Cristina desde el atril. Cristina, quien culpa por todos sus males a la prensa no oficialista en general, y desde la ruptura con Grupo Clarín, a ese multimedios en particular, ha acumulado tantos mitos sobre el tema, tantos falsos conceptos, tantas expectativas, que lo más grave es que una ley contra uno solo es una venganza que termina siempre insuficiente, provoca decepción y la necesidad de más venganza. Complicada la decadencia del Frente para la Victoria, que desperdició su fugaz recuperación usufructuando el marketing del luto.
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