CÓRDOBA. En una semana cruzada por la emotividad de haber alcanzado la final de la Copa del Mundo de Qatar, la política cordobesa se siguió moviendo por lo bajo. Sin eventos rutilantes, que serían inútiles con toda la atención puesta en la redonda, el trabajo continuó con vistas a un 2023 que llegará más rápido de lo que parece.
PANORAMA
Semana 360: Sin CFK, el peronismo viaja más liviano
La semana política en Córdoba dejó claro que la ausencia del factor K le da más libertad de movimiento a un peronismo republicano.
El sector más activo en ese sentido fue, tal vez, el peronismo. Como Gobierno provincial, el PJ cordobés continuó acelerando los mecanismos de activación de la campaña, que en el 2023 apoyará a Martín Llaryora.
Claro, el ordenamiento oficialista lleva cierta ventaja a una oposición que todavía no tiene definidos sus candidatos. Algo que permite ver más contundencia en los movimientos del espacio que hasta hoy comanda Juan Schiaretti.
En ese sentido, la semana fue ardua para el peronismo provincial. Al parecer, el espacio se encuentra en una etapa de expansión, revisando quienes quieren sumarse al “barco” para intentar renovar el poder una vez más en Córdoba.
La apertura está dispuesta en ese orden. Desde Hacemos por Córdoba consideran que la coalición debe expandirse hacia límites impensados como el radicalismo y el PRO, dos espacios que hasta aquí forman parte de la oposición.
Para ello, tanto Juan Schiaretti como Martín Llaryora decidieron acercarse a cientos de intendentes para hacerlos cruzar la calle. A cambio, claro, prometen que la gestión provincial llegará con fuerza a cada uno de esos pueblos.
Además, ese acercamiento se elaboró pensando en la reacción opositora. El hecho de que exista un coqueteo con varios integrantes de Juntos por el Cambio realza los nervios de los más férreos contrincantes del peronismo, provocando pasos erróneos.
Todos esos movimientos son posibles gracias a dos cosas. En primer lugar, el paso de varias tormentas severas que azotaron el inicio de la campaña.
Justo en el día que se lanzó a Martín Llaryora como candidato a gobernador, se daba a conocer el trágico accidente de Oscar González en las Altas Cumbres. Esto sacudió a toda la política cordobesa.
Antes, el caso del Hospital Neonatal, y posteriormente el juicio por la muerte de Blas Correas también movió la estantería y obligó a un perfil bajísimo en todo el peronismo. Pero con el paso de esos escándalos, fue posible mayor movilidad.
A ello, se sumó en segundo orden, la declinación parcial de Cristina Kirchner a una candidatura en 2023. Esto parece darle otro aire a un peronismo que siempre tuvo que desmarcarse del Gobierno nacional para no quedar pegado al Frente de Todos.
Con esa chicana momentáneamente apagada, el peronismo cordobés parece estar más ligero para encarar su renovación. Aunque, claro, siempre con la mirada puesta a un posible retorno clamor.
Así las cosas, Hacemos por Córdoba parece correr con una ligera ventaja organizativa y temporal, que le permite estar en campaña bastante tiempo antes que sus desorganizados competidores. El tiempo dirá si puede sostener esa ventaja, además de culminar correctamente el año de gestión que le resta.
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