CÓRDOBA. Martín Llaryora no tuvo el festejo que hubiera deseado tras su triunfo en la provincia de Córdoba. A pesar de que se convirtió en gobernador de manera indiscutida, el fallido conteo provisorio y la escueta diferencia que lo separó del candidato opositor Luis Juez dejaron un sinsabor importante en la garganta del intendente de Córdoba capital.
NUEVA ETAPA
Ojo: ¿Córdoba se desbloquea con el llaryorismo?
En Córdoba, el domingo inició una nueva etapa política en el oficialismo. Con Martín Llaryora como referente local, se abren nuevas condiciones.
Precisamente ese dejo amargo, producido por la fallida espera de un resultado más abultado, detonó una faceta poco vista de Llaryora pero esperada por los que peinan canas en el PJ provincial. Con la piel del oso puesta, el sanfrancisqueño salió a hacer saber bruscamente que se atribuía el triunfo de manera completa.
La cosecha, de casi 43 puntos, se debió principalmente a su gestión en la capital provincial. En el interior, Juez se impuso y era allí donde Llaryora esperaba que funcionara el aparato schiarettista que le había garantizado, en la previa, un triunfo amplio.
Con ese dato en la mano, Martín Llaryora no dudó en reclamar lo suyo y capitalizar su victoria, que al final tuvo poco que ver con lo trabajado por el schiarettismo. Algo que le generó bronca, inclusive.
Alrededor del ganador aseguraron, ya en la madrugada del lunes, que hubo acciones de la “vieja guardia” que pusieron en riesgo la victoria. Una de ellas fue la aventura de Juan Schiaretti con Horacio Rodríguez Larreta.
El acercamiento con uno de los líderes de Juntos por el Cambio le dio vida a una campaña muerta de Luis Juez. El abogado se puso en pose de víctima, la que más puntos le suma, y casi logra facturar una hazaña.
Por otra parte, algo que Llaryora no le perdonó a los más antiguos en el oficialismo fue el tema de las fechas. El nuevo gobernador de Córdoba empujó durante todo el 2023 para adelantar las elecciones y poder capitalizar los números del momento, pero los armadores provinciales dejaron más pista.
A Llaryora la campaña se le hizo muy larga mientras que Juntos por el Cambio tuvo tiempo para construir sobre una base destruida. Uno se fue quedando sin nafta mientras que el otro empezó a cargar y casi lo logra.
También se sumó la performance de la Justicia Electoral. Al igual que en 2007, los miembros de ese fuero fallaron en el conteo y nada parece haber cambiado desde entonces (ni los nombres de los responsables).
Por último, el fastidio de Llaryora quedó abierto de cara al 23 de julio. Con un resultado reñido en la provincia, no pudo nutrir correctamente con una victoria contundente a su candidato Daniel Passerini y la disputa por la intendencia quedó abierta para enfrentar, precisamente, al socio de Juez, Rodrigo De Loredo.
Todo ello generó que Martín Llaryora diera un mensaje contundente, tanto domingo por la noche como lunes por la mañana, en el que aseguró que Córdoba “comenzó desde cero”, despegándose un poco de la gestión actual y en especial de algunos funcionarios. Algunos calificaron de “jubilación” masiva a la movida.
“Creo que fui claro. Nosotros empezamos de cero en el sentido de que comienza otra generación, por nuestras edades y en los nuevos desafíos que hemos planteado en la campaña”, apuntó a La Voz. Además, el nuevo gobernador aseguró que comienza una etapa “mejor”, en una declaración que sorprendió a varios.
“Nosotros vamos a conservar la esencia, pero no somos la misma estructura. Somos un nuevo partido cordobés que incluyó a diferentes sectores del PRO, de la UCR, que fueron un factor preponderante del triunfo. Tanto que me criticaron, el mérito fue haber entendido el signo de estos tiempos y gobernar desde el diálogo”, aclaró, pasando factura no solo a las críticas externas. Dentro del PJ, algunos fueron muy reacios a incluir a gente de otros partidos.
De algún modo, esa apertura del oficialismo también abrió una puerta que hace mucho no se abría en Córdoba. Si bien Llaryora incluyó dirigentes de la oposición nacional, una vez con el control total y después de su asunción en diciembre próximo, los requisitos de los ingresantes podrían cambiar.
Un claro ejemplo de ello es el de Martín Gill, intendente de Villa María que tuvo un paso reciente por el ex Frente de Todos y que hizo campaña por Llaryora. Expectante a la victoria, Gill podría darle ingreso a dirigentes que con el schiarettismo nunca habrían tenido lugar en Córdoba.
Así las cosas, y con una impronta propia, Martín Llaryora comenzó su dominio político desde el minuto uno. Posiblemente, la ampliación del partido “cordobés” sea una política más inclusiva que la actual, claramente condicionada por el control de Schiaretti y su administración.
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