2 DE CADA 3 CIUDADES RECIBEN MAS DE UNA LINEA AREA
INFORME DE IDESA
Por 8 localidades que sólo llega Aerolíneas, el Estado mantiene al elefante volador
Si a 25 localidades llega Aerolíneas pero también otra compañía, a 5 llegan otras pero no Aerolíneas y a 8 solamente llega solo Aerolíneas, ¿se justifica mantener tan oneroso servicio?
La raíz de los inconvenientes no pasa por la desconsideración de los sindicatos –como sugiere el oficialismo– ni por la gestión poco profesional –como lo señala la oposición– sino por haber adoptado una estrategia equivocada.
Contar con una “línea de bandera” no es un factor de progreso. Así lo demuestran los países que hace rato han logrado convertir a la industria aerocomercial en un consumo popular y masivo, factor de integración, gracias a concentrar los esfuerzos del Estado en aplicar una inteligente regulación sobre los operadores privados.
En términos simples, la estatización y los subsidios se justifican por tener una compañía aérea estatal que garantice a todas las regiones del país contar con servicios de transporte aerocomercial de pasajeros.
Sin embargo, para que el argumento de la “línea de bandera” sea válido habría que demostrar que es imposible brindar los servicios aeronáuticos con la iniciativa privada complementada con una buena intervención en la regulación y el control estatal.
Pero estos datos alcanzan para mostrar que el rol de la “línea de bandera” garantizando que todas las localidades tengan vinculación aerocomercial está –como mínimo– muy diluido.
En 2 de cada 3 localidades se cuenta con servicios de otra empresa además de los que ofrece la “línea de bandera”. Si bien hay localidades donde la única oferta es la de Aerolíneas Argentinas, hay otras donde vuelan solamente otros operadores. Estas evidencias sugieren que para tener cobertura de vuelos aerocomerciales en todo el país no es imprescindible una “línea de bandera”.
Los países desarrollados, en su gran mayoría, dejaron de lado este concepto arcaico y apelaron, como instrumento para diseminar la cobertura aerocomercial y hacer de este moderno medio de transporte un consumo masivo, a la desregulación de sus cielos. De esta forma, en Europa se comunican localidades minúsculas con cualquier parte del continente y muchas frecuencias de vuelos.
En Latinoamérica, Brasil, Chile y Uruguay se insertan en la misma tendencia. En sentido contrario, es decir, aferrados al concepto arcaico, aparecen Bolivia y Venezuela.
Especialmente para la gente que vive en el interior del país.
Por un lado, porque implica una gran asignación de fondos públicos.
Durante el año 2010, más de $2.250 millones se canalizaron como subsidios del Estado nacional hacia Aerolíneas Argentinas y en el presente año se perfila que los subsidios serán un 50% superior.
Por el otro, porque la baja calidad de los servicios potencia el aislamiento. La “línea de bandera” se convierte en otro factor de discriminación contra las zonas más alejadas de Buenos Aires.
Lo central es que para lograr una amplia cobertura de vuelos en todo el territorio nacional no se necesita una “línea de bandera” sino una inteligente política de incorporación de operadores privados aerocomerciales orientados por un Estado con buenas regulaciones y eficaz supervisión.






