CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- Los principales diarios porteños analizan hoy así el adiós frente al cajón cerrado del ex presidente Néstor Kirchner:
# 'Tuvimos acuerdos y desacuerdos', por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, a/c del Partido Justicialista,
Daniel Scioli, para 'Ambito Financiero':
Siento un profundo dolor, me embarga una gran tristeza por la muerte de mi amigo y compañero de lucha en tantos años. Néstor era una persona con una fuerza extraordinaria, movido por sus profundas convicciones y una clara idea del país que soñaba.
Durante ocho años compartimos mucho, tuvimos acuerdos y desacuerdos, pero siempre aprendí mucho de él, admiré su entrega y su pasión por la política y por la Argentina. En estos años, Néstor marcó mi vida para siempre desde lo personal e institucional.
Afecto
Me invade una corriente de afecto cuando recuerdo las vivencias y situaciones que compartimos, desde aquellas campañas en 2003, las horas compartidas en un avión, las distintas cuestiones desde mi responsabilidad institucional, mi honor de acompañarlo desde la vicepresidencia en cuatro años históricos de cambios y transformaciones. En cada conversación, él me transmitía una clara visión de dónde veníamos, dónde estábamos y hacia dónde él pensaba que debía ir la Argentina.
Néstor fue un incansable trabajador por el país, un hombre de convicciones profundas, consecuente con sus ideas y, ante todo, un transformador. El reconocimiento de muchos a su vocación de servicio por el país se seguirá ampliando con el tiempo. Reconocimiento que excede nuestras fronteras porque fue una guía para los líderes de Latinoamérica.
Responsabilidad
Hoy más que nunca siento que debemos acompañar en este difícil momento a la presidenta de la Nación. Todos, más allá de las pertenencias políticas, debemos tener una gran responsabilidad personal e institucional para con la Argentina.
En lo personal, siento que las circunstancias exigen que los argentinos transformemos el dolor en compromiso con nuestro país y con nuestra presidenta. Hay que poner el hombro y trabajar para el fortalecimiento de las instituciones y la gobernabilidad. Mi lugar hoy está al lado de la Presidenta, trabajando por la unidad con responsabilidad, respeto y prudencia. Ése es mi deber y decisión, como en cada momento que las circunstancias de adversidad me lo han exigido.
# 'En busca del amigo perdido', por
Miguel Bonasso, para 'La Nación':
El miércoles hubo una serie de llamadas telefónicas por la mañana. No sé por qué me parecieron ominosas y no las atendí ni escuché el contestador. Tampoco sabré nunca por qué encendí la TV buscando datos sobre el censo y me topé con ese mensaje surrealista escrito en blancas letras catástrofe sobre fondo rojo: Murió Kirchner. Estuve un buen rato sin entender lo que esas dos palabras realmente querían decir: que no lo vería nunca más en un acto, que ya no subiría al ring a seguir poniendo su título en riesgo, que nunca habría una charla entre los dos para tratar de explicarnos mutuamente qué nos había separado en la política y, por lo tanto, en la amistad.
Aunque lo conocí hace más de 13 años y ya venía con la salud delicada, nunca quise imaginar una despedida prematura; creí ?por el contrario? que sería como esos personajes que arrastran los achaques durante décadas con una mala salud de hierro. Ni siquiera los últimos episodios cardiovasculares me hicieron temer un desenlace abrupto. Con excepción ?ahora que lo pienso mejor? de lo que sugiere una foto que le tomó Marcelo Omar Gómez, de La Nacion, cuando abandonaba la clínica De los Arcos, después de que le practicaron una angioplastia. La imagen, obtenida el 12 de septiembre último, lo muestra sonriente en el auto, junto con Cristina. Pero en la sonrisa, un observador avisado podría adivinar algo parecido a un temor inconsciente, reprimido. Y en la mirada fija ?ahora lo aprecio con claridad? se aloja la muerte.
Sin embargo, a pesar de aquellas insinuaciones del gesto, a las veinticuatro horas Néstor ya estaba presidiendo un acto, dando rienda suelta a la pasión y al anatema. Negando los pronósticos sombríos, como siempre lo hizo, confiando en la buena estrella que lo acompañó durante décadas hasta convertirse en una enana roja y finalmente en un agujero negro. Sic transit gloria.
En las horas que siguieron al absurdo de la placa televisiva regresé muchas veces a los tiempos iniciales de nuestra relación, en 1997. Gobernaba aún Carlos Menem, yo acababa de publicar El presidente que no fue y el matrimonio Kirchner quiso conocerme. Entre otras razones, por consejo de su hijo Máximo, que había leído con mucho interés mi biografía de Cámpora. Al comienzo fueron almuerzos en un bodegón de la calle Riobamba, pero después, cuando se sumó mi finada compañera Ana de Skalon, se multiplicaron las cenas y las discusiones políticas entre los dos matrimonios. A veces apasionadamente enfrentadas: yo apostaba al Frepaso y ellos seguían siendo irreductiblemente peronistas. Cristina era una brillante legisladora y Néstor, el eficiente gobernador de Santa Cruz. Dos personajes bien distintos de nosotros. Ellos lucían afincados en un conocimiento real del poder que a nosotros ?periodistas y bohemios? nos resultaba totalmente ajeno y, por lo mismo, apasionante.
En octubre de 1998, cuando la primera reunión del Grupo Calafate, Néstor me confesó, de manera elíptica, sus aspiraciones presidenciales. Salíamos de una reunión y marchábamos a una cena, arrastrados por el viento patagónico, cuando me detuvo en medio de la calle desolada y me dijo con su dicción trabajosa: "Están, ¿te das cuenta? Los compañeros están y podemos dar vuelta a este país como una media. Si no somos tontos podemos construir el país que soñábamos allá en los setenta".
Era todo muy absurdo: yo ni siquiera estaba allí como militante, sino como enviado de Página 12, y además apostaba al Frepaso y no al PJ, pero le creí. Pensé contra toda lógica: "Este loco va a ser presidente".
Después de la hecatombe de diciembre de 2001, lo que en el 98 podía parecer una afirmación mesiánica se fue tornando cada vez más factible: la crisis de la clase política posibilitaba el surgimiento de nuevos liderazgos, para aquellos que hubieran sabido leer el metamensaje del "que se vayan todos". Y ese gobernador patagónico de apellido raro (como se decía entonces) lo supo leer.
A comienzos de 2003, integrábamos con Ana el equipo estratégico de campaña cuando Néstor nos propinó una fuerte desilusión al designar candidato a vicepresidente a Daniel Scioli, a quien veíamos como arquetipo del menemismo. Aunque la relación política se recompuso a partir de las primeras, brillantes medidas que tomó Néstor en los meses iniciales de su mandato, nunca regresé a la mesa chica, al círculo áulico del kirchnerismo.
Hubo momentos de gran acercamiento, incluso muy emotivos, como el vivido en la Rosada el 25 de mayo de 2003, cuando regresé después de 30 años al Salón Blanco y Kirchner recordó que tres décadas atrás él era uno de los muchachos de la JP que gritaban en la Plaza. Pero había también diferencias de concepción en la construcción del poder. El me recordaba una cita favorita de Perón: "Los ranchos también se construyen con ladrillos de bosta". Yo replicaba: "Pero después no se los puede habitar porque huelen a mierda". Esa diferencia no impidió que yo apoyara muchas de las medidas positivas que tomaron tanto él como Cristina, pero se agudizó cuando el proyecto kirchnerista abandonó la vocación frentista (la famosa "transversalidad") y encalló en el PJ, con sus gobernadores feudales y sus intendentes corruptos.
Habrá que trazar un balance exhaustivo de la era K, con sus luces y sus sombras, pero no hoy. Ante el amigo que fue, es preferible recordar otras cosas, como su rapidez para contestar. Una tarde me contó que George W. Bush le había dicho con sorna: "Te espero en el Salón Oval" y él le había replicado con la misma mala leche: "Pero no para las relaciones carnales".
# 'Un liderazgo con sello propio', por Ricardo Kirschbaum, editor general del diario ' Clarín':
Una multitud lloró ayer la desaparición de su líder político e imploró, de muchas formas, que su ausencia definitiva sea un estímulo para continuar por la misma senda. La presidenta Cristina, acongojada por la gran pérdida, escuchó esos mensajes que seguramente sintonizan con sus propias convicciones.
El mensaje político que emana de la capilla ardiente y de quienes desfilan sin pausa para testimoniar su adhesión y reforzar el temple de Cristina es simple y directo: voluntad y emoción .
Son momentos, claro, que toda esa carga emotiva, la pena o la rabia por el infortunio, no pueden disimular esa sensación desangelada que provoca la orfandad y el desamparo.
Es que Néstor Kirchner era un conductor que imaginaba políticas y cursos de acción. Pero no fue un intelectual que montaba escenarios teóricos y los explicaba con filosofía. Antes que eso, fue un maestro mayor de obras que hacía la política tal como la imaginaba y ponía todo su poder para que se cumpliera lo que había decidido.
Su círculo áulico ejecutaba esas directivas con la conciencia de que Néstor estaba atento a todos los detalles y que les observaría cualquier desviación a sus planes.
El sistema que con los años se fue forjando era cerrado y exclusivo, pero siempre fue Kirchner el que definía la estrategia. Era el que escribía el rumbo en la bitácora del Gobierno.
En esa fórmula, es tan irreemplazable como lo es un líder político que ha construido, al mismo tiempo, una política y una forma de aplicarla a fondo . De ese sistema emanaba una autoridad indiscutible, aceptada o temida, que permitió al ex presidente construir y sostener las diferentes vertientes de su sector político.
Como fue, su réplica es irrepetible.
# 'Cara a cara con Cristina en la despedida de Néstor Kirchner', por Martín Granovsky, en 'Página/12':
Muchos dijeron un grito que comenzaba mientras miraban hacia abajo y terminaba cuando levantaban la vista: "¡Fuerza, Cristina!". Fue lo más escuchado. Otros dijeron, con la mirada hacia abajo, "Gracias, Néstor". Y muchos, muchísimos, caminaron en silencio, llorando o con el gesto de asombro que provocan los muertos queridos. En medio del Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada estaba el ataúd cerrado color caoba con el cuerpo de Néstor Kirchner. Frente al ataúd, parada, pasó sus horas de ayer la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El velatorio termina hoy a las 10. Después, Néstor Kirchner será enterrado en Río Gallegos, donde nació hace 60 años y salió dos veces: para estudiar Abogacía en La Plata y para asumir la Presidencia el 25 de mayo de 2003.
Como ninguna otra celebración de la política, porque un acto tiene una sola cara identificable, la del orador, el homenaje a Kirchner fue un infinito cara a cara con Cristina. Lo hizo cada uno de los miles que cumplieron las seis horas de cola para entrar a la Casa Rosada. Un cara a cara único para una Presidenta en uno de los momentos más dolorosos de su vida.
En ese cara a cara se terminaban los gritos de afuera (los "Andate, Cobos") y también los cantitos ("Argentino, argentino/ soy soldado/ del pingüino") porque era un momento personal en medio de un dolor colectivo. Una despedida del líder muerto y una palabra para su mujer, la Presidenta. Vestida de negro y con anteojos oscuros, Cristina estuvo casi todo el tiempo de la mano de su hija Florencia y sostenida por la sonrisa de su hijo Máximo. Muchas veces salió de su lugar para convertir una cara en abrazo, recibir un beso, esperar que un discapacitado terminase de decirle algo o guardarse una ofrenda.
A la izquierda hubo una guardia permanente de ministros, secretarios de Estado y gobernadores. Legisladores y viejos amigos se acercaron a saludar. Lo hicieron con cierto pudor, mientras comentaban entre susurros que no comprendían cómo podía tenerse en pie tanto tiempo. Entendieron que era ella la que tenía que tomar la iniciativa de moverse. Si no, parecía existir un pacto tácito de no incomodar a Cristina. Quizás la explicación de tanta entereza frente al dolor fuese la carga emotiva del cara a cara incesante y heterogéneo: jóvenes, muchos y muchas sub-30, maduros y maduras, viejos y viejas, humildes y de clase media, con muletas o con bebés en brazos.
El Gobierno asistió en pleno. El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, estuvo parado muchas horas junto al féretro. Otro referente clave del peronismo, el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, abrazó a Cristina y conversó con ella. También pasaron dirigentes de la oposición, como el radical Ricardo Alfonsín, el PRO Mauricio Macri, el peronista federal Francisco de Narváez y Roberto Lavagna, ex ministro de Kirchner y asesor actual de Eduardo Duhalde. "Nos sacamos el sombrero frente a un militante", dijo Alfonsín. "Venimos a poner el hombro", dijo Rubén Giustiniani, del Partido Socialista. La senadora María Eugenia Estenssoro encabezó una delegación de la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Felipe Solá expresó en un comunicado –tal vez el más explícitamente político del día– que "con la muerte de Kirchner todo cambia" y que "hay un discurso de campaña que termina". Prometió colaboración a la Presidenta "para ayudar a que la Argentina no retroceda".
Hubo una presencia permanente de los organismos de derechos humanos. Hebe de Bonafini, de Madres, Estela de Carlotto, de Abuelas, y Taty Almeida, de Madres Línea Fundadora, fueron algunas de las que, acostumbradas a tanto, superaron el pudor frente a Cristina.
Visto por la televisión, por la ubicación de la cámara principal el Salón de los Patriotas mostraba el ataúd, detrás Cristina, a un costado de la pantalla la imagen de Eva Perón y a otro lado la de Salvador Allende, que está en una cabecera cerca de Juan Perón. El cuadro de Allende debajo tiene la frase "La historia la hacen los pueblos", tomada de su último discurso antes de morir. Evita está muy cerca de Hipólito Yrigoyen. A cada uno de ellos la muerte le llegó en momentos diferentes de su vida. Evita murió en su plenitud política. Yrigoyen murió en 1933, tras haber sido derrocado tres años antes. Perón, en la Presidencia. Allende, el día del golpe contra su gobierno. Todos ellos tuvieron velatorios populares, como Kirchner. Incluso Allende, aunque debió esperar 17 años para que sus restos fueran transportados por Santiago en medio de las flores cuando cruzaba el río Mapocho.
El toque sudamericano fue uno de los grandes signos de ayer. Llegaron a Buenos Aires los amigos de Kirchner y de Cristina, los presidentes que se tratan unos a otros de "compañero" o "compañera": Pepe Mujica de Uruguay, Hugo Chávez de Venezuela, Fernando Lugo de Paraguay, Rafael Correa de Ecuador, Evo Morales de Bolivia, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil. También estuvieron los que encontraron un modo de convivir en medio de las diferencias ideológicas. No les dicen "compañero", pero los llaman por el nombre y ellos llaman por el nombre a los demás: Sebastián Piñera de Chile y Juan Manuel Santos de Colombia. Santos recordó ayer los buenos oficios de Kirchner cuando Colombia y Venezuela rompieron relaciones y el secretario general de Unasur ayudó a componerlas. "Con su muerte, América latina pierde a una persona que estaba haciendo una labor importante por proyectar la región hacia el resto del mundo y sobre todo mejorar las relaciones entre los países", dijo Santos.
Chávez había sido el primero en tweetear su dolor. "Ay, Cristina...", empezaba su mensaje del miércoles. "Ha muerto un justo, llorarlo fuera poco", dijo ayer sobre Kirchner, repitiendo una elegía del cubano José Martí. Lula, que cumplió 65 el mismo día que Kirchner murió a los 60, fue el último en llegar, ayer por la noche. Abrazó varias veces a Cristina y le dio muchos besos. Su regalo para el Salón de los Patriotas, por el Bicentenario, había sido el retrato de Getulio Vargas, el presidente a quien los brasileños llamaban "el padre del pueblo". Que Lula haya venido ayer, cuando todavía no habían terminado los actos de campaña en Brasil para la segunda vuelta presidencial del domingo, significa tres cosas. Una, que quiso expresar su pena por la muerte de Kirchner y su compromiso personal con Cristina. Otra, que la Argentina sigue siendo la prioridad uno de Brasil en sus relaciones exteriores. La tercera, que Lula se siente seguro de que el domingo su ex jefa de Gabinete Dilma Rousseff le ganará a José Serra, pupilo de Fernando Henrique Cardoso, y que así el Partido de los Trabajadores comenzará su tercer turno de cuatro años al frente de la coalición de gobierno.
"Néstor Kirchner fue un compañero, un gran amigo", dijo Lula. "Un gran presidente y un estadista, y por eso está bien que lo rodee el mismo calor del pueblo que ahora está incentivando a Cristina a seguir con fuerza."
Correa lloró al llegar a la Argentina. Antes, en Ecuador, cuando se enteró de la muerte de Kirchner pidió que en lugar de un minuto de silencio hubiera un largo aplauso para el ex presidente argentino.
Mujica, a quien se lo veía más delgado, dijo que "el río une". Otro uruguayo, Eduardo Galeano, ayer opinó sobre Kirchner mientras daba una charla en Tucumán. Dijo: "Ningún fuego es igual a otro fuego. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros fuegos arden la vida con tantas ganas que se pueden mirar sin parpadear y quien se acerca se enciende. Néstor Kirchner fue uno de esos fuegos y será difícil apagarlo."
Diego Armando Maradona estuvo frente el ataúd. Dijo que Kirchner fue "un luchador, como el Che Guevara, un gladiador". Julio Grondona saludó a la Presidenta. Lo acompañó el director técnico de la Selección, Sergio Batista, y el director de selecciones, Carlos Bilardo. "Kirchner tenía que decidir una cosa por minuto", explicó Bilardo, siempre gráfico. Marcelo Tinelli se abrazó con Cristina. El bandoneonista Leopoldo Federico, fanático de Racing como el ex presidente, y la cantante Susana Rinaldi también se acercaron. Y Federico Luppi. Andrea Del Boca estuvo horas en el velatorio. Teresa Parodi, igual. Artista popular, Soledad Silveyra eligió un plano de discreción junto a Chacho Alvarez, el ex vice que Kirchner había rescatado para la política activa.
La muerte de Kirchner juntó a los dirigentes de la Central de Trabajadores Argentinos Pablo Micheli y Hugo Yasky, opositor el primero y cercano al Gobierno el segundo, que todavía dirimen quién seguirá conduciendo a la CTA después de las últimas elecciones internas.
Detrás de la escena, en los pasillos de la planta baja, se cruzaban visitantes, funcionarios y ministros en diálogos informales. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, iba y venía del Salón al pasillo, en lo que él mismo definió como "el día más triste después de la muerte de mi viejo". Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnica y consejero de confianza de Kirchner y Cristina, abrazaba y hablaba. El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, transitó la escena y esa zona. El secretario general Oscar Parrilli coordinó los movimientos cercanos a la Presidenta. Todos ellos más el ministro de Trabajo Carlos Tomada integran el gabinete presidencial desde el 2003.
Al salir del velatorio, Evo Morales, que había estado mirando cabizbajo el ataúd de Néstor Kirchner, dijo: "Sudamérica quedó huérfana. El mejor homenaje es seguir trabajando por la integración y la solidaridad. ¡Mucha fuerza, Cristina!"
Cristina dejó el Salón de los Patriotas anoche, después de once horas y media de cara a cara.
El análisis (2): El cajón cerrado de Néstor K, la otra foto del Bicentenario
En la foto del Bicentenario, que marcará la información relevada el día del censo 2010, quedará plasmado el dato de la muerte de Néstor Kirchner. La despedida fue el día después, la última participación del ex presidente en una convocatoria masiva de personajes diversos, que oscilaron entre el acuerdo y el desacuerdo. Los medios analizaron la movilización frente al cajón cerrado, y hasta Daniel Scioli se expresó.
29 de octubre de 2010 - 10:03









