El ministro de Economía, Luis Caputo, elevó el tono oficial y dejó una frase explosiva ante empresarios: “Me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo”. La mención estuvo dirigida a quienes reclaman una devaluación del tipo de cambio para mejorar la competitividad.
MINISTRO DE ECONOMÍA
Luis Caputo, 'On Fire': "Me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo"
Luis Caputo dijo que le preocupa la velocidad de crecimiento de la economía, defendió el modelo y remarcó qué pasará con las retenciones.
El episodio ocurrió el miércoles 01/04 en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde el funcionario defendió el rumbo económico del Gobierno, pero, al mismo tiempo, admitió una preocupación: La velocidad de la recuperación.
Sin devaluación, pero con tensión creciente
Caputo fue categórico: No habrá salto cambiario como herramienta de ajuste.
“Tenemos que terminar con el cuento de que para ser competitivos hay que devaluar”, remarcó.
Sin embargo, lo que iba a ser una señal técnica al mercado derivó en una reacción visceral que dejó en evidencia el clima de presión que enfrenta el equipo económico.
La frase (dicha en voz baja) expone que el Gobierno endurece su postura frente a economistas y sectores que cuestionan el atraso cambiario.
Crecimiento vs. realidad heterogénea
El ministro sostuvo que no existe contradicción entre desinflación y crecimiento, y aseguró que la economía ya transita una recuperación tras el piso de 2024.
Según su visión, hay indicadores “en niveles récord”, con 12 de 16 sectores en expansión.
Pero el propio Caputo reconoció que la mejora no es uniforme, tampoco es algo nuevo. “La realidad es heterogénea”, admitió,
Modelo Milei bajo presión
En línea con el esquema de Javier Milei, el titular de Economía defendió el equilibrio fiscal, desregulación y apertura. Según acotó el programa, "está dando resultados” aunque enfrenta resistencias crecientes.
“A medida que la cosa empieza a ir mejor, la resistencia se hace cada vez más alta”, remarcó.
Apuesta a inversiones y promesas de baja de impuestos
Caputo también buscó seducir al empresariado con proyecciones optimistas: exportaciones por US$270.000 millones en la próxima década y un fuerte flujo de inversiones canalizadas vía RIGI.
En ese marco, reiteró una promesa clave del Gobierno: bajar impuestos. Pero dejó una condición explícita: crecimiento sostenido y ajuste en provincias.
“En la medida en que crezcamos, vamos a decirles a las provincias que bajen Ingresos Brutos”, señaló.
Oportunidad o riesgo
El cierre del ministro fue una mezcla de advertencia y marketing económico:
“El mayor riesgo ya no es lo que puede salir mal, sino perderse la oportunidad de invertir en la Argentina”.
Sin embargo, el exabrupto previo dejó otra lectura en el aire: detrás del discurso optimista, la tensión cambiaria sigue siendo el punto más sensible del programa.
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