El crecimiento exponencial de los proyectos de Inteligencia Artificial (IA) y la demanda de electricidad de los centros de datos se dirige a uno de los mayores desafíos energéticos de la humanidad. Según la Agencia Internacional de Energía de la OCDE, este sector de la economía tiene una demanda proyectada del 3% de la electricidad global rumbo al 2030, con una tasa de crecimiento interanual promedio del 12%.
CRISIS Y OPORTUNIDAD
La IA devora la electricidad: La red no está lista y anticipan cuello de botella
El desarrollo acelerado de la IA demanda altos flujos de electricidad y la red estaría 10 años atrasada. China y Estados Unidos, en caminos diferentes.
Estos datos duros se traducen en un resultado que la industria de la IA ya conoce: un atraso de casi 10 años entre la demanda y la oferta de electricidad. Se trata de un bache energético que impactará de lleno en el mercado eléctrico y que volverá a la electricidad un insumo codiciado.
Sin preparación para una demanda tan acelerada, la industria de generación eléctrica coincidiría con esa estimación. En la actualidad, la red global está preparada para absorber tasas de crecimiento de demanda no mayores al 4% anual, según la IEA, incluyendo todos los sectores de la economía global.
En la práctica, este déficit de velocidad en el desarrollo eléctrico se traduce de la siguiente manera: un centro de datos se levanta en un periodo de 1 a 3 años, mientras que la adaptación de la red, incluyendo fabricación de maquinaria y construcción de plantas generadoras, demanda no menos de 5 años y puede demorar hasta 15 años.
La IA y la sed eléctrica
Atentas al bache, han sido las compañías tecnológicas y no los estados las que han inyectado sumas millonarias en inversiones energéticas. Empresas como Microsoft, Amazon, Google y Meta han encabezado acuerdos con startups energéticas de todos los sectores (renovables y no renovables) para acelerar el desarrollo de la infraestructura que van a demandar en los próximos años.
Con la energía nuclear a la cabeza, las desarrollistas de IA buscarían asegurar un suministro propio y controlado que baje la exposición externa actual que sufren sus centros de almacenamiento. Sin embargo, el factor tiempo no sería doblegable a fuerza de dinero sino de diversificación.
Respecto a esto último, la IEA destacó la necesidad de que la red se expanda no sólo en base a la generación tradicional, sino también a la energía limpia. Conduciendo esas inversiones, ya sean públicas o privadas, la red eléctrica sería capaz de absorber la tasa de crecimiento inmediata, destrabando proyectos de centros de datos en todo el mundo que actualmente están congelados por la incapacidad de soportar su conexión.
Según la IEA, la inversión estimada en la red eléctrica hacia el 2030 debería rondar los 600.000 millones de dólares anuales a nivel global. Solo en ese nivel se podría atender la demanda total, incluyendo la generada por la IA.
USA contra China, las grandes consumidoras
Dentro de ese panorama global, que todavía no alcanzó la saturación del sistema pero que podría hacerlo pronto, se destacan los roles de Estados Unidos y China como cabezas del desarrollo de la IA y la demanda energética. Ambos países encararon estrategias diferentes para garantizar la delantera en materia energética.
En el caso de Estados Unidos, el país líder en desarrollo de IA, el déficit de la red ha generado un alto impacto en la “fila” de conexión. Con múltiples desarrollos en simultáneo, el cuello de botella estadounidense superaría los 2.500 GWH anuales en una red que venía de niveles de inversión y demanda estables.
Esto último quedó en evidencia especialmente en el sector renovable, donde Estados Unidos desaceleró al calor de los cambios políticos. Con injerencia del Gobierno federal y los distintos estados, los objetivos de energía limpia fueron retrasados hacia el 2040, con flexibilización de las condiciones de emisión cero.
De esa manera, la situación general en Estados Unidos daría como resultado un fuerte foco en las fuentes tradicionales y un estrés mayor de la red ante el creciente ritmo de demanda y una inercia de inversiones comparativamente más lenta.
En el caso de China, la absorción en el salto de la demanda de energía sería mejor. Concentrado en inversiones estatales, el plan chino no solo comprendió la aceleración de fuentes tradicionales como los hidrocarburos y la energía nuclear, sino también una fuerte apuesta por la expansión de energías limpias como la solar, la eólica y la hídrica.
De hecho, estas últimas fueron la mayor fuente de expansión de capacidad añadida en los últimos años, mitigando los atascos y generando el 50% del crecimiento de la red global anualmente.
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