Jensen Huang, el CEO de Nvidia, presentó esta semana un blueprint, un diseño de referencia, como una receta que cualquier fabricante puede seguir, para construir un robot humanoide de última generación. El resultado es una máquina de 1,80 metros y 68 kilos que combina partes de tres países distintos.
ROBOTS
El Frankenstein de Nvidia: así es el robot humanoide del futuro
Nvidia presentó un diseño de referencia para robots humanoides que combina hardware chino, chips estadounidenses e IA avanzada.
El cuerpo viene de Unitree, una startup china de robótica, el cerebro es un chip Nvidia fabricado en Estados Unidos, y las manos son de Sharpa, una empresa singaporense especializada en robótica con IA.
Un robot humanoide es exactamente lo que suena: una máquina con forma humana, dos piernas, dos brazos y manos, diseñada para moverse y trabajar en entornos pensados para personas. La promesa es que eventualmente pueda hacer en una fábrica, un depósito o un hospital lo que hoy hace un trabajador humano.
El detalle que impide que los robots reemplacen a los humanos
De todos los componentes del robot, las manos son las que más llaman la atención de los ingenieros.
Las manos de Sharpa pueden hacer trucos de cartas y pelar una manzana.
Eso puede sonar normal, pero para un robot es extraordinariamente complejo. Requiere calcular en tiempo real la presión exacta, el ángulo, la resistencia del material. Agarrar un huevo sin romperlo y agarrar una llave sin soltarla son dos operaciones completamente distintas que un humano hace sin pensar.
Elon Musk llamó a esto "el problema de las manos" y es uno de los grandes limitadores de la robótica actual. Que Nvidia lo haya incorporado como parte central de su diseño de referencia dice que la industria está apostando a resolverlo pronto.
Estados Unidos quiere frenar a China, pero necesita sus robots
Acá viene la parte incómoda. Unitree, la empresa china que fabrica el cuerpo del robot, está en el centro de una de las tensiones tecnológicas más grandes entre Estados Unidos y China.
Según Wired, el año pasado investigadores de seguridad afirmaron que los robots de Unitree eran capaces de capturar y transmitir datos, lo que generó alarmas sobre espionaje. Algunos legisladores estadounidenses propusieron directamente prohibir los robots chinos.
Y sin embargo, Nvidia eligió a Unitree como su primer socio. La razón es que China tiene la cadena de suministro de hardware más eficiente y barata del mundo, y Unitree fabrica robots que cuestan 15.000 dólares, cuando los competidores occidentales cobran varios cientos de miles.
Un robot humanoide básico de Unitree vale lo mismo que un auto usado de gama media. Esa diferencia de precio es la que define quién va a dominar el mercado.
"Ambos lados tienen partes clave de la cadena de suministro que podrían usar como arma, pero acá están trabajando juntos", dijo Scott Singer, investigador del Carnegie Endowment for International Peace.
Nvidia, consciente de las críticas, incluyó en el diseño características de seguridad para garantizar que los datos y los modelos de los usuarios estén protegidos.
La advertencia: podría repetirse la historia de DJI
No todos están contentos con esta asociación. Gavin Kenneally, cofundador de Ghost Robotics, empresa que fabrica robots para defensa y seguridad, advirtió que sin una respuesta política seria de Estados Unidos, el país corre el riesgo de perder el mercado de robots humanoides frente a China, igual que ya perdió el mercado de drones frente a DJI, la empresa china que hoy domina ese sector globalmente.
Es un antecedente concreto y reciente. DJI no ganó el mercado de drones porque tuviera la mejor tecnología en cada componente. Lo ganó porque tenía los mejores productos al mejor precio, y cuando los gobiernos occidentales quisieron reaccionar ya era demasiado tarde.
El futuro del trabajo ya tiene forma humana
Por ahora, los robots humanoides están en laboratorios, fábricas de prueba y videos virales haciendo parkour. Pero la apuesta de Nvidia es que en pocos años sean tan comunes en entornos industriales como los brazos robóticos que ya se usan en las líneas de ensamblaje automotriz. Jensen Huang habló de una oportunidad económica de varios billones de dólares.
Para el trabajador promedio, eso tiene dos lecturas posibles.
La optimista: robots que hacen las tareas más peligrosas, repetitivas o físicamente exigentes, liberando a las personas para trabajos que requieren criterio y creatividad.
La pesimista: la misma que acompaña a cada gran salto de automatización en la historia, que es que alguien pierde el trabajo antes de que aparezca el trabajo nuevo.
Lo que es seguro es que el robot que va a poblar ese futuro ya tiene cara, nombre y precio. Se llama H2 Plus, mide 1,80, pesa 68 kilos y cuesta 15.000 dólares.
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