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ARGENTINA COMPLICADA

La droga, el convite delictivo y los hijos como pago a los narcos

Los narcos llegaron para quedarse y provoca cambios en la sociedad. La droga se abre pase y el fantasma de hijos como moneda de pago a los delincuentes.

Laura Etcharren vuelve a sumar testimonios en su serie Sociología del Narcotráfico, esta vez recopilando voces de las fuerzas de seguridad, sometidos a la presión de los narcos, con la complicidad consciente o casual del Estado y sus superiores. ¿O qué provoca la escasez de recursos y la volatilidad de directivas?

El título original de la columna fue “El convite entre narcos y desviados de la seguridad”.

Aquí va:

"Nosotros no tenemos una radiografía, tenemos una resonancia de los ministros de Seguridad. Si tienen debilidades o vulnerabilidades ¿quién piensa que las cubre, quién cree que se la lleva?", me explica un ex integrante de la Policía Bonaerense que confirma que la palabra mafia en la PBA estuvo mal utilizada a los fines de acompañar la molestia de vivir en La Plata.

La droga une personas en un convite delictivo que se desplaza tentacular para trocar a ser el asilo de la corrupción, la degradación y la tergiversación en una lucha que no es más que la administración de consorcistas debatiendo lugares y categorías en detrimento del tejido social.

Los narcotraficantes, se sostiene en éste espacio, tienen el lugar que le dieron y dan las administraciones reactivas. Se sirven del campo de la anomia.

Se abastecen de los slogans que no se observan en el territorio y logran encapsular las circunstancias que los empoderaron.

"A mí no me lo contó nadie. La madre prostituía a su hija en complicidad con un policía arreglado con los transas del barrio. Todos eran conscientes de lo que le hacían a esa piba", cuenta un ex policía de Tucumán.

Las voces de las fuerzas de seguridad son el epílogo de las voces de la droga. Son la constatación de las redes de connivencia y de cómo los protones negativos al interior de las mismas pueden arruinar un programa de trabajo y poner a una institución en un lugar de seguridad marginal.

"¿Sabe la cantidad de padres entregadores que hay y sabe la cantidad de vueltos que los narcos se cobran con los hijos?". Es el testimonio de un ex integrante de la policía de Córdoba y su relato no se limita a la provincia. Conocedor de la región asistió a cantidad de operativos interfuerzas y fue viendo cómo la droga se metió en las casas cuando te vendían un país solo de tránsito.

La noche

La noche es uno de los momentos del día más interesantes para hacer trabajo de campo. Allí vas a medir la presencia policial, su distribución, la iluminación y la percepción de seguridad en los barrios. Es decir, la seguridad ciudadana. La movilidad. La dinámica del habitus.

Porque la seguridad ciudadana es una parte fundamental y determinante para la recomposición del tejido social que fue se desintegrado al mismo tiempo que se posicionaba estoico el tejido delictivo.

"La noche es un corredor bajo en el que vas a ver lo mejor y lo peor de cualquier fuerza de seguridad", cuenta un Gendarme que pasó por varios destinos y que en esos destinos fue percibiendo la degradación de una de las Fuerzas Federales con mayor prestigio.

Es que la noche habilita una sensibilidad. Un experimento clandestino en donde los transeúntes de la criminalidad saben hasta dónde pueden llegar. Es que si no fuese por los sectores desviados de las Fuerzas de Seguridad, la actividad criminal sería prácticamente nula.

El desvío de la seguridad inauguró pasarelas delictivas que trascienden límites. La desintegración familiar y/o las familias tergiversadas son parte determinante de un escenario miserable que forjó a los hijos de la droga.

"Los que caminamos la calle de un lado y del otro lado de la General Paz conocemos las miserias del delito. Ser un chorro en la CABA te da más prestigio que ser un chorro del Conurbano. Pero lo que no entienden es que esos chorros son parte de un mismo sistema delictivo que tiene nichos de un lado y del otro", me dice el policía Federal que no se dejó abducir por la Policía de la Ciudad.

El desplazamiento del delito es una constante en Argentina y una de sus explicaciones reside en la corrupción estructural de las Fuerzas de Seguridad. Una corrupción, en el caso de las Fuerzas Federales, creciente. Una corrupción, en el caso de las Fuerzas Provinciales, fluctuante conforme a los Gobernadores.

Las fuerzas sin conducción política aumentan sus niveles de corrupción y tienen como objetivo, en manifestaciones, la represión. Es que la no conducción estimula el libre albedrío y la corrupción impone vacíos aprovechados por el delito en donde la droga, por negocio o consumo, está detrás de más del 60% de la actividad criminal.

La violencia como capital cultural se impone de arriba hacia abajo.

Un convite entre narcos y desviados que hizo posible el ecosistema con los valores agregados de los actores.

"Moler a palos a un tipo aparece como seguridad. El discurso de tu Gobierno es lo que vos vas a representar en la calle y por lo general van a moler a palos a un fisura o a un laburante que no esté de traje y corbata", explica un Policía de la Ciudad tempranamente ido.

  • "La droga degeneró todo el sistema".
  • "La droga es la plusvalía de muchos".

Coinciden en esta afirmación dos ex policías de Jujuy. “

Un buen plan de seguridad te puede cambiar la vida de una comunidad aunque no haya acompañamiento nacional”.

El territorio

Desde el norte -frontera donde debería comenzar la seguridad de un país- podemos observar como el narcotráfico configurado como un ecosistema ensamblado al contrabando aumenta los niveles prostibularios de la coima. Sucede que dentro del concepto cliché slogan "ley y orden" se olvidaron de contemplar que las Fuerzas de Seguridad, en su aspecto de desvío, se autocompensan con el delito. Y también lo hacen, algunos integrantes, cuando la remuneración es inversamente proporcional al riesgo y a la complejidad del trabajo. Entonces ahí "ley y oden" se distorsionan en un oxímoron: la seguridad que genera inseguridad.

"A las Fuerzas Federales las hicieron de goma. A Gendarmería la están llevando a ser una policía provincial" sostiene otro ex Gendarme. Al que se suma un ex Prefectura: "¿Usted piensa que cuando los integrantes de mi fuerza leen que usted habla del verso de la droga enfriada se escandalizan? "No. Se incomodan pero saben cómo es el tema y saben que pierden credibilidad. No se da una idea la interna que hubo y hay".

"Y cuándo baja la orden que en un territorio te tenes que hacer el otario porque que hay quilombo político. Porque eso aunque lo nieguen existe", se acelera el ex PSA.

Las voces de la droga son una constitución. Un carrete de fotografías y declaraciones que se deben resguardar para evitar las represalias. Los pases de facturas existen. La intolerancia con el que se va frente a las impericias molesta.

No conducir a las fuerzas de seguridad no es darles confianza. Es lanzarlas a la tentación y en algunos casos utilizarlas políticamente como se hizo con Brilloni. El Director Nacional de Gendarmería que fue a Clorinda casi como funcionario del Ministerio de Seguridad cuando escatima, irresponsable y estratégicamente, recursos humanos en una porción territorial clave de Argentina.

Las voces de la droga son, sin más, la incomodidad de la farsa nacional de décadas en materia de abordaje narcocriminal.

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FUENTE: Laura Etcharren