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Una educadora sexual preguntó, al finalizar el cuatrimestre de la materia 'Sexualidad femenina', qué era lo que sus alumnas habían aprendido y la respuesta la tomó por sorpresa: en casi el 50% por ciento de los casos, las mujeres respondieron: que soy normal. Que no hay nada anormal en mi sexualidad. Esto la emocionó hasta las lágrimas. Por eso ahora quiere llevar su mensaje al resto de la tierra: nuestro cerebro tiene un acelerador y un freno sexual, que perciben las cosas que nos excitan, en el primer caso, y las que nos resultan amenazantes, en el segundo. Según el estado en el que estemos (relajados o estresados) los mismos estímulos pueden ser placenteros o amenazantes. Muchas veces, es el freno inhibidor, que puede ser encendido por múltiples razones que tienen que ver con la historia personal, el que nos impide tener una vida sexual plena. Pero esto se puede trabajar. También en el sexo: saber es poder.
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Es una de las grandes incógnitas de la psicología. Qué hay en las escenas de humillación, dolor, o de estar restringidos, que a muchas personas producen placer sexual. Para Freud, detrás de cada masoquista hay un sádico. Otras teorías cercanas al mindfulness, apuntan a que el contacto con el dolor nos trae a un estado de atención plena y un escape al balbuceo incesante de la mente, nos trae al aquí y ahora. Incluso, para algunos, el masoquismo llegó como reemplazo a la justificación religiosa. La búsqueda de un compañero/a dominante que ejerza un control total sobre nosotros sería, desde este punto de vista, el "reemplazo" de la creencia en un Dios todopoderoso.
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Existe una situación que afecta a todos los matrimonios y relaciones largas. Aunque el sexo es el eje fundamental de la vida en pareja, de la mano con el amor y la confianza, con la llegada de los hijos y el día a día, el deseo sexual pareciera desvanecerse entre las sábanas, hecho que afecta en mayor medida, por no decir que absoluta, a las mujeres. No se saben el origen, lo cierto es que hay un punto en todo matrimonio que las personas parecieran configuradas a tener relaciones por obligación o deber, más que por placer o amor. Del mismo modo, todos sabemos que no es lo mismo hacer el amor "porque toca" a porque haya nacido de un hecho espontáneo. Es aquí cuando aparece el pésimo sentimiento de "tarea sexual". Entonces, ¿qué podemos hacer en esta situación?
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Existe una situación que afecta a todos los matrimonios y relaciones largas. Aunque el sexo es el eje fundamental de la vida en pareja, de la mano con el amor y la confianza, con la llegada de los hijos y el día a día, el deseo sexual pareciera desvanecerse entre las sábanas, hecho que afecta en mayor medida, por no decir que absoluta, a las mujeres. No se saben el origen, lo cierto es que hay un punto en todo matrimonio que las personas parecieran configuradas a tener relaciones por obligación o deber, más que por placer o amor. Del mismo modo, todos sabemos que no es lo mismo hacer el amor "porque toca" a porque haya nacido de un hecho espontáneo. Es aquí cuando aparece el pésimo sentimiento de "tarea sexual". Entonces, ¿qué podemos hacer en esta situación?
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Existe una situación que afecta a todos los matrimonios y relaciones largas. Aunque el sexo es el eje fundamental de la vida en pareja, de la mano con el amor y la confianza, con la llegada de los hijos y el día a día, el deseo sexual pareciera desvanecerse entre las sábanas, hecho que afecta en mayor medida, por no decir que absoluta, a las mujeres. No se saben el origen, lo cierto es que hay un punto en todo matrimonio que las personas parecieran configuradas a tener relaciones por obligación o deber, más que por placer o amor. Del mismo modo, todos sabemos que no es lo mismo hacer el amor "porque toca" a porque haya nacido de un hecho espontáneo. Es aquí cuando aparece el pésimo sentimiento de "tarea sexual". Entonces, ¿qué podemos hacer en esta situación?
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