Cuba llevaba 15 horas sin energía eléctrica cuando la web independiente 14ymedio.com/ reportó el alerta en la localidad Matanzas, con las fuerzas de seguridad investigando quién había pintado la palabra 'Comunismo' con una esvástica nazi. El régimen vela por las formas y los rituales, que ya resultan macabros cuando se los confronta con la realidad.
15 HORAS SIN LUZ PERO... SIN RECLAMOS
Emergencia en Cuba por la esvástica sobre la palabra Comunismo (la fragilidad del régimen)
La aparición de un grafiti de la palabra Comunismo entrelazada con una esvástica provocó un alerta policial en La Matanza (Cuba) que llevaba 15 horas sin luz.
Vamos al texto de 14ymedio.com/, con firma de Pablo Padilla Cruz:
Matanzas/La "Ciudad de los Puentes" no duerme, pero no por el bullicio de su vida cultural o el vaivén de sus ríos, sino por el peso de un operativo de seguridad que delata una vulnerabilidad institucional sin precedentes. Tras la aparición de un cartel en la céntrica Playa del Tenis —donde la palabra "Comunismo" fue entrelazada con una esvástica nazi—, el aparato represivo en Matanzas ha entrado en estado de máxima alerta, revelando que, para el régimen, un bote de pintura es hoy más peligroso que un arma.
A menos de 72 horas de las protestas en Morón y apenas un día después del incidente en la Playa del Tenis, Matanzas ha amanecido militarizada en sus puntos neurálgicos. La rapidez con la que agentes de la Seguridad del Estado cubrieron la pintada anticomunista no fue suficiente para contener la paranoia. Según fuentes internas, el cerco de seguridad se ha extendido a edificios públicos y lugares estratégicos, intentando blindar una normalidad que solo existe en el discurso oficial.
El miedo no es solo a la multitud, sino al símbolo. La aparición de carteles con la palabra "libertad" en los barrios del Naranjal y los Mangos ha provocado una respuesta desproporcionada que mezcla la coacción laboral, el sabotaje tecnológico y la persecución religiosa.
La aparición de carteles con la palabra "libertad" en los barrios del Naranjal y los Mangos ha provocado una respuesta desproporcionada que mezcla la coacción laboral, el sabotaje tecnológico y la persecución religiosa
La escalada de tensión alcanzó un punto crítico este domingo 15 de marzo, cuando la vigilancia se desplazó de las paredes hacia las instituciones religiosas. En un acto que los fieles describen como "un atropello a la fe", un pastor evangélico de la ciudad fue víctima de un violento operativo de represión mientras se disponía a realizar sus labores pastorales.
Testigos presenciales informaron que agentes de la Seguridad del Estado interceptaron al líder religioso, acusándolo de permitir que "ideas subversivas" se filtraran en su congregación bajo el amparo de la crisis social que atraviesa la provincia. Este ataque no es aislado; se enmarca en la estrategia de la dictadura de descabezar cualquier figura con liderazgo moral que pueda canalizar el descontento del pueblo. La detención o el acoso contra el pastor —cuyo nombre se reserva por temor a represalias mayores— confirma que el régimen ya no solo teme a la pintura en los muros, sino también a la palabra desde el púlpito.
La empresa de telecomunicaciones Etecsa, brazo ejecutor del control digital en la isla, ha transformado a sus trabajadores en custodios ideológicos. Según testimonios de empleados, la dirección ha conformado "brigadas de choque" integradas mayoritariamente por cuadros del Partido Comunista de Cuba (PCC).
A pesar del colapso del sistema eléctrico nacional (SEN), estas brigadas permanecen de guardia en las bases y antenas de telefonía. "Cada antena hoy tendrá refuerzos de guardias", asegura una trabajadora bajo condición de anonimato. El temor es doble: el asalto físico a las instalaciones o la utilización de estas estructuras como lienzos para el descontento popular.
Más alarmante aún es la confirmación de un protocolo de desconexión masiva. Durante la tarde de ayer, un "simulacro" dejó a la ciudad sin acceso a internet ni telefonía fija por dos horas. La orden es clara: ante cualquier indicio de protesta o acto anticomunista, la ciudad debe quedar incomunicada para evitar el efecto contagio que las redes sociales facilitaron en julio de 2021.
El síntoma más surrealista del miedo gubernamental se vive en las zonas comerciales. Lugares que han permanecido cerrados y en total abandono durante meses, hoy lucen iluminados por lámparas recargables y custodiados por personal civil vinculado al PCC.
En el barrio de Peñas Altas, el antiguo Mercado Ideal —convertido por la desidia en un urinario público que no funciona desde la pandemia— es ahora un objetivo estratégico. Vecinos de la zona confirman que el Gobierno está pagando mil pesos por turno (de 7:00 PM a 7:00 AM) a personas de confianza para vigilar las ruinas.
"Ese local lleva un año abandonado, nadie se ha ocupado de él. Que ahora gasten dinero en cuidarlo solo demuestra que tienen más miedo a que alguien pinte un cartel ahí que a que alguien robe algo que ya no existe"
"Es absurdo", comenta un residente local. "Ese local lleva un año abandonado, nadie se ha ocupado de él. Que ahora gasten dinero en cuidarlo solo demuestra que tienen más miedo a que alguien pinte un cartel ahí que a que alguien robe algo que ya no existe. El miedo es a la tinta, no al vandalismo".
El despliegue en Matanzas evidencia una gestión gubernamental que se sabe observada y rechazada. La movilización de cuadros del PCC para vigilar edificios vacíos, la represión contra líderes religiosos un domingo de culto y la preparación para cercenar las comunicaciones nacionales son tácticas de un poder que ha perdido el consenso y solo conserva la fuerza. Mientras la Seguridad del Estado se apresura a borrar carteles, la realidad de la provincia queda dibujada: una ciudad donde el Gobierno vigila las sombras, temiendo que cualquier pared —o cualquier voz— cuente la historia de un final que ya se siente en las calles.
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