Las temperaturas extremas están provocando apagones masivos que dejan a millones de personas sin electricidad justo cuando más la necesitan. Esta nueva realidad energética no distingue fronteras ni desarrollo económico, el calor récord está poniendo en jaque a los sistemas eléctricos mundiales.
ALERTA
Argentina se agarra la cabeza: Apagones extremos sacuden al mundo
Sequías y temperaturas récord provocan apagones que afectan a la vida cotidiana de millones en el mundo, colapsando sistemas eléctricos.
Según reveló un exhaustivo informe de Meduza, el portal informativo más influyente de Rusia, los meses de junio y julio de 2025 marcaron un hito preocupante: fueron los períodos más calurosos registrados desde el inicio de las mediciones meteorológicas globales.
Las consecuencias de estas temperaturas extremas van mucho más allá del simple malestar. Cuando el termómetro se dispara, la demanda energética se multiplica exponencialmente. Los ciudadanos recurren masivamente a sistemas de refrigeración, sobrecargando infraestructuras que no fueron diseñadas para soportar semejante presión sostenida. Simultáneamente, el propio calor deteriora los componentes del sistema eléctrico, los cables se dilatan peligrosamente, incrementando las probabilidades de cortocircuitos devastadores, mientras que los transformadores se rinden ante el sobrecalentamiento, creando un círculo vicioso donde la solución al calor (más electricidad) agrava precisamente el problema que pretende resolver.
La dramática experiencia rusa ilustra con crudeza esta nueva realidad. Durante julio de 2024, las regiones meridionales del país se sumieron en caos cuando las temperaturas alcanzaron los 40 grados centígrados. La crisis alcanzó su punto más crítico el 16 de julio, cuando una de las cuatro unidades de la central nuclear de Rostov cesó abruptamente sus operaciones. Las autoridades atribuyeron el incidente a una "falsa activación de la protección", una explicación técnica que poco calmó la angustia de los 2,5 millones de habitantes que perdieron acceso tanto a la refrigeración como al agua potable.
Temperaturas extremas generan apagones y colapsan sistemas
Los territorios de Krasnodar, Stávropol, Daguestán, Kabardino-Balkaria, Karacháyevo-Cherkesia y Rostov experimentaron cortes prolongados que se extendieron durante semanas. La desesperación ciudadana alcanzó niveles críticos, manifestándose en protestas donde los residentes expresaron su hartazgo ante condiciones inhumanas.
"Escuchen, nuestros hijos no durmieron en toda la noche, nos costaba respirar por el sofoco. Solo queremos comer, tirar de la cadena, lavarnos. Nos morimos de hambre, se nos ha acabado el agua, tanto la potable como la técnica. Las niñas no pueden bajar a la calle, están encerradas con sus bebés, las tiendas más cercanas están cerradas", relató una residente de Krasnodar, cuyas palabras encapsularon la magnitud humana de esta crisis.
Sin embargo, esta problemática trasciende ampliamente las fronteras rusas. El fenómeno adquiere dimensiones globales cuando observamos casos similares en geografías completamente distintas. El 21 de junio de 2024, una ola de calor provocó cortes masivos en los Balcanes, afectando simultáneamente a Albania, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, además de gran parte de la costa croata. Mientras tanto, en agosto de 2020, Oakland, California, enfrentó una situación particularmente siniestra, cuando las plantas de tratamiento de aguas residuales perdieron energía durante una ola de calor, obligando a los residentes de barrios trabajadores a elegir entre asfixiarse por el calor o soportar el olor nauseabundo de las aguas.
50 °C
El caso más reciente y quizás más dramático ocurrió este agosto en Irak, donde todo el territorio nacional perdió electricidad el día 11. Con temperaturas que rozaron los 50 grados centígrados, la población buscó refugio desesperadamente en las aguas del río Tigris, mientras el país entero permanecía sumido en oscuridad hasta el día siguiente.
La raíz del problema reside en una falla conceptual fundamental: los sistemas energéticos globales fueron concebidos y construidos para operar bajo parámetros climáticos que ya no existen. Michael Webber, reconocido profesor de energía en la Universidad de Texas, sostiene que estas infraestructuras fueron diseñadas para un régimen climático específico y ahora deben funcionar en condiciones completamente diferentes.
Paralelamente, las sequías prolongadas están comprometiendo la generación hidroeléctrica mundial. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático advierte que estos fenómenos se intensifican globalmente. En Rusia Central, el invierno atípicamente cálido y escaso en precipitaciones de 2025 redujo drásticamente los caudales. El Volga, en la región de Yaroslavl, alcanzó niveles tan bajos que la central hidroeléctrica de Úglich debió suspender operaciones temporalmente para acumular agua. Simultáneamente, la planta de Rybinsk operó al mínimo de su capacidad.
Ecuador representa otro ejemplo elocuente de esta crisis múltiple: en septiembre de 2024, tres centrales hidroeléctricas cerraron debido al declive crítico de los niveles hídricos, sin alternativas viables para compensar el déficit energético.
Los datos oficiales de Rosstat revelan una tendencia inquietante. Entre 2010 y 2021, el deterioro de las redes eléctricas rusas se intensificó dramáticamente, pasando del 42,9% al 64,5%. Más alarmante aún, los informes de Rosset indican que los factores climáticos han causado la mitad de los cortes eléctricos del país durante los últimos cinco años, sin siquiera contabilizar el impacto directo del calor extremo.
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