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IRREVERSIBLE

Nada para festejar: Día de la agonizante Marina Mercante

Visionario Manuel Belgrano al imaginar una Marina Mercante. En algún momento la Argentina perdió su visión geopolítica, ganó el ombligo, comenzó la decadencia.

Una nación que deja hacer por otra una navegación que puede realizar por si misma, compromete su futuro y el bienestar de su pueblo. Una nación que deja hacer por otra una navegación que puede realizar por si misma, compromete su futuro y el bienestar de su pueblo.

Con estas palabras el colosal Manuel Belgrano resumía la razón de ser de su obsesión por la enseñanza náutica y la creación de una flota que asegurara el transporte del comercio exterior local.

Si bien la Corona española se inclinaba a potenciar el desarrollo del puerto de Montevideo, Belgrano venció toda resistencia y logro imponer su criterio, a pesar de que durante los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo, la marina mercante local estuvo reducida al cabotaje marítimo y fluvial.

Hacia 1860 el capitán Luis Piedrabuena se instala en lo que hoy es territorio de la Provincia de Santa Cruz, iniciando una exitosa y sostenida actividad comercial marítima que contribuyo incluso a consolidar la soberanía argentina en la Patagonia.

El Siglo XX permitió consolidar una próspera industria naval, mientras que el desarrollo de las 2 grandes guerras mundiales puso al país en la encrucijada de no tener una flota de ultramar para sostener el tránsito de exportaciones e importaciones vitales para el funcionamiento del país.

Le tocó en suerte al presidente interino Ramón Castillo firmar en 1941 el Decreto Nº 103.316, de creación de la Flota Mercante del Estado Argentino, la que posteriormente se fusionaría con la también estatal FANU, dando lugar al nacimiento de la Empresa Líneas Marítimas Argentinas.

Los por entonces poderosos astilleros de Rio Santiago trabajaron a destajo para satisfacer la demanda de unidades mercantes y militares. Nacieron las flotas estatales de YPF, YCF y la Flota Fluvial del Estado Argentino.

Decenas de empresas privadas de capitales nacionales completaron durante más de medio siglo la operación de una Marina Mercante rankeada como la más importante de la región.

A 223 años del inicio, de aquel esplendor no queda nada y la situación se asemeja a la del ya lejano 1810.

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Marinos mercantes argentinos en peligro.

Marinos mercantes argentinos en peligro.

Turistas a sueldo

Si bien -al menos en forma oficial- Juan Domingo Perón defendió la consolidación de una flota mercante de bandera, en la esencia peronista al marino mercante siempre se lo vio con desconfianza. Aún hoy, esforzados dirigentes gremiales marítimos intentan seducir a la cúpula sindical nacional la que, cada tanto, les recuerda el rótulo que la propia Eva Perón les colocó. “Turistas a sueldo”.

Es tan paradigmático para el sector como una frase que se conoció décadas después: “Síganme que no los voy a defraudar”.

No fue la Revolución Libertadora, ni obviamente el desarrollismo, ni el radicalismo ni la última dictadura militar la que daría el puntapié inicial para la destrucción total de una actividad que generó durante décadas ingresos anuales de U$S 5.000 millones en promedio.

Fue Carlos Menem el encargado de firmar un decreto específico (1.772/90) para la Marina Mercante, pero con un objetivo diametralmente opuesto como lo era el de propiciar la disolución de la misma.

Un exultante miembro del gabinete económico de los '90, de apellido Fernández y de nombre Alberto Ángel, explicaba a sus propios parientes marinos mercantes que Argentina debía tener buenas vías navegables y dejar que el transporte lo hagan otros. Idéntico pensamiento al de los reyes de España, de Inglaterra y de Francia, en los siglos 18 y 19.

A diferencia de otras actividades estatales que fueron privatizadas, el 90% de la Marina Mercante nacional fue desguazada, lo que aparejó también la caída de navieras privadas y la casi total extinción de la industria naval nacional.

Un puñado de buques fueron regalados a sindicalistas amigos del poder, quienes de esta forma mutaron a prósperos empresarios navieros con fletes garantizados por el Estado.

10 DÍAS COMO UN MARINO MERCANTE - Un informe apasionante de Daniel Malnatti

Néstor lo Hizo

Para terminar la faena justicialista, Néstor Kirchner, secundado por su jefe de Gabinete, Fernández Alberto Ángel, suscribió el nefasto Decreto Nº1.010/04 que, con la aparente sana intención de recuperar el tráfico en la bandera nacional, terminó por espantar a los pocos navieros que seguían teniendo esperanza en el resurgimiento de la actividad.

Casi sin aliento y transitando un inexorable camino a su extinción total, no son pocos los expertos en temática naviera que avizoran que a este paso, en noviembre de 2023 no quedará nada en pie.

Es una verdad incuestionable que el negocio marítimo ha cambiado y que en el presente, para los países periféricos como Argentina es prácticamente imposible sostener una Marina Mercante de Ultramar. Los grandes emporios navieros tornan inviable cualquier competencia.

Pero no es menos cierto que por la propia torpeza de dirigentes empresarios, gremiales y estatales el país está prácticamente fuera de los tráficos regionales y va camino a perder hasta el cabotaje nacional.

Gremialistas apoltronados en lujosos sindicatos ubicados en las zonas más caras de Buenos Aires, con salarios que superan largamente el sueldo de ministros o senadores, mutaron de líderes de centros profesionales a sindicalistas de barricada que encuentran más rédito en discursos de barricada vacíos de contenido y carentes de propuestas que devuelvan la competitividad a la actividad. Gremialistas apoltronados en lujosos sindicatos ubicados en las zonas más caras de Buenos Aires, con salarios que superan largamente el sueldo de ministros o senadores, mutaron de líderes de centros profesionales a sindicalistas de barricada que encuentran más rédito en discursos de barricada vacíos de contenido y carentes de propuestas que devuelvan la competitividad a la actividad.

El máximo ejemplo de este abominable yerro es el discurso anti-empresario de la asociación que nuclea a los capitanes de buques mantiene siendo que – por ley- un capitán es antes que nada el representante legal del armador.

Reclamar salarios más allá de toda lógica, regímenes de licencia que triplican los de la actividad a nivel mundial, cantidad de tripulantes que hacen inviable la ecuación económica y otras veleidades han contribuido fuertemente a que la tan declamada “soberanía nacional en la Hidrovia” se vea matizada con un 95% de tráfico de buques de cualquier bandera menos la nacional.

Si bien suele decirse que “el capital es cobarde” en el sector naviero la cobardía empresaria llega a ribetes paranormales. Sobran armadores cultores del loby pero escasean ( por no decir que no existen) líderes empresarios capaces de enfrentar un micrófono y explicar a lo que se enfrenta el país cuando ya no quede ningún barco en el que flamee la celeste y blanca.

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Últimos recuerdos de lo que fue.

Últimos recuerdos de lo que fue.

Ignorantes y analfabetos

Si de buscar responsables en el sector público se trata, los últimos 30 años de gestión gubernamental en materia de transporte marítimo y fluvial han estado invariablemente en manos de funcionarios ignorantes y analfabetos, pero por favor permítaseme aclarar el concepto.

La ignorancia es un denominador común que nos cruza a todos por igual. No existe el conocimiento absoluto y en general ignoramos más cosas de las que conocemos.

El analfabetismo por su parte está presente cada vez que nos damos cuenta de que hay lenguajes que no comprendemos sean estos idiomáticos, tecnológicos o científicos.

Hoy -como ayer y también antes de ayer- los máximos responsables de las áreas políticas relacionadas con la problemática de la Marina Mercante, no distinguen un buque tanque de un portacontenedores, no diferencian al mar territorial de la Zona Económica Exclusiva y siguen pensando que la soberanía en los mares y ríos pasa por evitar un fabulesco robo del agua. Hoy -como ayer y también antes de ayer- los máximos responsables de las áreas políticas relacionadas con la problemática de la Marina Mercante, no distinguen un buque tanque de un portacontenedores, no diferencian al mar territorial de la Zona Económica Exclusiva y siguen pensando que la soberanía en los mares y ríos pasa por evitar un fabulesco robo del agua.

Liberales y progresistas por igual, no llegan a comprender que si a un buque que navega por el Paraná y enarbola el pabellón nacional se le cobra IVA por cargar combustible mientras que si el mismo buque iza la bandera de Paraguay se lo dispensa del tributo, es más que probable que el dueño de la nave se la lleve al vecino país donde a su vez tributa solo un 10% de cargas sociales y otro 10% de ganancias.

“Prefiero no recaudar nada antes que crear un peligroso precedente,” espetó con orgullo uno de los ministros de economía del macrismo. Mientras que los personeros de la actual gestión nacional cada tanto recuerdan que Fernández, Alberto Ángel (ahora Presidente) tiene un particular encono con la Marina Mercante en general, con los Marinos Mercantes en particular y con el Puerto de Buenos Aires en especial. “Deberíamos canalizar nuestras exportaciones por los puertos de Chile que son más competitivos”, dijo el mandatario en campaña.

Belgrano, el creador, el visionario, ordenó que cada 25 de noviembre el primer maestro y sus discípulos deberían concurrir al convento de Santo Domingo para dar gracias a Dios por los logros del año.

Este 25 de noviembre Directivos y cadetes de la Marina Mercante cumplirán el ritual. Manuel Belgrano los mirará desde el mausoleo que guarda sus restos, lamentablemente lejos de ir a agradecer por los éxitos, será una misa de súplica, casi una misa de réquiem en medio de una incesante migración de los pocos buques que aún tienen matrícula nacional hacia pabellones foráneos.

Este 25 de noviembre se cumplirá el bicentenario ritual con una súplica secreta, aunque por todos asumida. A falta de mortales capaces de revertir la situación la Marina Mercante parece estar en manos de Dios.

Si nadie hace nada por cambiar algo, el próximo año Belgrano no verá llegar al solar que lo cobija a ningún maestro ni a ningún discípulo y tristemente comprenderá que hubo un país que dejó hacer por otros una navegación que pudo haber realizado por sí misma.

El futuro del país y el bienestar de su pueblo ya estaba comprometido desde mucho antes.

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