El 26 de febrero de 1815, Napoleón Bonaparte, el emperador caído, envió ondas de choque por Europa al protagonizar una audaz fuga de su exilio en Elba para volver a Francia y reclamar su trono. Aquel acto marcaría el comienzo de un periodo conocido como los "Cien Días", que culminaría en la definitiva derrota de Napoleón.
UNA FUGA DE PELÍCULA
El gran escape de Napoleón de la isla de Elba: Los últimos cien días del emperador antes de su caída
Napoleón escapó de Elba en 1815, regresó a Francia y logró recuperar el poder gracias a su carisma. Su derrota en Waterloo marcaría su final definitivo.
El escape de Elba, una fuga de película
Durante su exilio en Elba, luego de caer derrotado en Alemania y abdicar al trono francés, Napoleón observaba atentamente los acontecimientos en Francia. La situación política y social en el país se había vuelto inestable, con la monarquía borbónica enfrentando el descontento de la población y las potencias europeas disputándose el mapa político en el Congreso de Viena. Napoleón vio en esta situación una oportunidad para regresar al poder.
Aprovechando la negligencia de la guardia francesa realista y británica, Napoleón y unos 600 hombres fieles embarcaron en Portoferraio el 26 de febrero y desembarcaron en Francia tres días después cerca de Antibes, donde fueron recibidos con entusiasmo por la población. Su pequeño ejército creció rápidamente, y el 20 de marzo, tras adherir a los hombres del general Michel Ney (al que irónicamente habían enviado para capturarlo), el antiguo emperador entró triunfante en París, obligando al rey Luis XVIII a huir.
El carisma de Napoleón y su habilidad para ganarse el apoyo de la población le permitieron alcanzar la capital francesa sin disparar un solo tiro. Una anécdota cuenta que, ante la posibilidad de un enfrentamiento armado con las tropas del rey, Napoleón se adelantó mostrando el pecho y desafió a los soldados a dispararle, lo que resultó en que se unieran a su causa.
Soldados, soy su Emperador, ¡reconózcanme! ¡Si hay algún soldado entre vosotros que quiera matar a su emperador, aquí estoy!
Sin embargo, Napoleón era consciente que enfrentaba una Francia cambiante que exigía reformas, además de las potencias europeas que se habían aliado en su contra. El Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia, a pesar de los esfuerzos de Napoleón por consolidar su posición, se preparaban para dar pelea y acabar con él para siempre.
Napoleón contra Europa: su caída definitiva
Napoleón intentó asegurar su posición mediante reformas constitucionales, pero su intento de modificar la constitución del Imperio napoleónico no fue suficiente y, con una situación cada vez más tensa, se vio obligado a tomar medidas desesperadas. El 13 de marzo de 1815, las potencias europeas declararon a Napoleón fuera de la ley y enviaron casi un millar de tropas para derrocarlo, lo que obligó a Napoleón a atacar a las fuerzas aliadas antes de que pudieran unirse.
La batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, fue el punto culminante de la campaña de los Cien Días. A pesar de su valiente resistencia, las fuerzas de Napoleón fueron finalmente derrotadas por una coalición de tropas británicas, prusianas y holandesas. Terminando con el breve retorno de Napoleón al poder, fue exiliado a la isla de Santa Elena (la más remota del mundo) donde, a diferencia de Elba, no tendría forma de escapar y pasaría sus últimos días.
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