La reciente escalada arancelaria impuesta por Donald Trump desató un verdadero terremoto en la industria tecnológica. En apenas 36 horas, los mercados presenciaron la peor crisis para las acciones tecnológicas en 25 años, con consecuencias que amenazan con desarticular las cadenas de suministro internacionales, reducir las ganancias del sector en un 15% e incluso empujar a la economía de Estados Unidos a una recesión o estanflación. Los iPhone de Apple están en la mira.
TIRO EN EL PIE
¿Un iPhone a US$ 3.500? Las tarifas de Trump lo hacen casi inevitable
Con los nuevos aranceles del 50% sobre China y del 32% sobre Taiwán, los costos de producción subirán entre un 40% y un 50%, y el precio del iPhone lo reflejará
Los nuevos aranceles recíprocos, diseñados para equiparar el superávit comercial estadounidense, fueron bien recibidos por los líderes automotrices e industriales, pero su aplicación al sector tecnológico generó una crisis sin precedentes. A diferencia de los aranceles de la década de 1980, que buscaban revitalizar la manufactura local, esta nueva política golpeó de lleno a Silicon Valley y a la revolución de la inteligencia artificial (IA), con efectos devastadores en la economía internacional.
Los iPhone pueden dispararse a US$ 3.500
Uno de los mayores damnificados por esta medida es Apple, cuya producción depende en gran medida de China, Vietnam e India. Con los nuevos aranceles del 54% sobre China, 46% sobre Vietnam y 26% sobre India, los costos de fabricación se dispararán y, en consecuencia, también lo harán los precios al consumidor.
Según un informe de Wedbush Securities, si Apple decide trasladar estos sobrecostos a sus clientes, el precio del iPhone 16 Pro Max con 1 TB de almacenamiento podría subir de 1.599 dólares a casi 2.300 dólares. En el caso del modelo base, el iPhone 16, el precio aumentaría de 799 dólares a más de 1.100 dólares.
Este aumento no solo afectará a los consumidores, sino que también ralentizará el desarrollo de la IA, ya que el encarecimiento de chips, hardware y componentes impactará de lleno en la capacidad de inversión y expansión del sector.
El freno a Silicon Valley
Desde la década de 1990, Silicon Valley dependió de las cadenas de suministro asiáticas para la fabricación de chips, semiconductores y otros componentes esenciales. Durante los últimos 40 años, el comercio global permitió a Estados Unidos acceder a tecnología avanzada y barata, consolidando su liderazgo en innovación.
Como se mencionó al inicio del artículo, con los nuevos aranceles del 50% sobre China y del 32% sobre Taiwán, los costos de producción aumentarán entre un 40% y un 50%, lo que afectará la competitividad de las empresas estadounidenses frente a sus rivales internacionales.
¿Fabricar en Estados Unidos?
Uno de los objetivos declarados de Trump con esta política fue repatriar la producción tecnológica a Estados Unidos.
Para empezar, construir una planta de fabricación de chips o semiconductores en territorio estadounidense lleva entre 4 y 5 años, un tiempo en el que las empresas del sector quedarían en desventaja frente a sus competidores globales. Además, el costo de la mano de obra en Estados Unidos es significativamente más alto que en Asia, y la fuerza laboral carece de la experiencia necesaria para operar estas fábricas a gran escala.
En este contexto, la posibilidad de trasladar la producción al país pareció más una ilusión política que una solución realista.
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