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Datos de inflación e INdEC reactivan pelea por bonos CER

La salida de Marco Lavagna del INdEC no pasó inadvertida en la City y tampoco quedó circunscripta a un cambio de nombres en un organismo técnico

La salida de Marco Lavagna del INdEC no pasó inadvertida en la City y tampoco quedó circunscripta a un cambio de nombres en un organismo técnico. El episodio reabrió una discusión de fondo sobre credibilidad estadística, política económica y costos financieros, con derivaciones que exceden largamente el dato de inflación de un mes puntual.

Según planteó Leandro Renou, la eyección de Lavagna condensó dos tensiones que venían acumulándose. Por un lado, el IPC bajo la nueva metodología no logró perforar el umbral del 2% mensual, un número que el propio Javier Milei había marcado como referencia política. Por otro, quedó expuesta la incomodidad oficial frente a indicadores alternativos —como los datos de consumo y empleo que surgen de plataformas privadas— que no terminan de convalidar el relato de una rápida normalización.

La confirmación posterior de Luis Caputo, adelantando un 2,5% para el próximo registro, terminó de cerrar el cuadro. El problema no fue el decimal, sino el mensaje. En un contexto donde el Gobierno intenta reconstruir reputación macro, cualquier ruido en el termómetro inflacionario se amplifica.

El INdEC vuelve al centro del debate

Matías Vernengo planteó una comparación incómoda y cuestionó la narrativa que ubica la intervención del INdEC en 2007 como el punto de quiebre del kirchnerismo, y recordó que los verdaderos límites macro aparecieron años después, cuando se agotaron las reservas y la cuenta corriente entró en rojo.

Desde una mirada crítica, Martín Schapiro remarcó que minimizar el impacto de la manipulación estadística es desconocer su efecto directo sobre los bonos en pesos, en especial los ajustados por inflación.

Para el mercado, el problema es de precios y de riesgo. Para el mercado, el problema es de precios y de riesgo.

Bonos CER, default silencioso y desconfianza persistente

El punto más áspero del intercambio giró en torno a una idea incómoda para buena parte de la heterodoxia local: intervenir el IPC fue, en los hechos, un evento de crédito. Así lo sintetizó Pablo Moldovan, quien recordó que la manipulación del índice impactó de lleno sobre los bonos CER surgidos del canje 2005, muchos de ellos en manos de inversores no residentes.

El resultado fue una pérdida de valor difícil de revertir con tasa de interés. El resultado fue una pérdida de valor difícil de revertir con tasa de interés.

Según Moldovan, ese episodio representó el segundo evento de crédito consecutivo para esos tenedores y terminó generando una presión significativa sobre el mercado de cambios, en un momento en el que el MULC ya mostraba señales de fragilidad.

El gráfico que circuló en redes lo resume con crudeza. Las tenencias offshore de deuda en pesos del gobierno, medidas en millones de US$, llegaron a rozar los US$25.000 millones hacia 2017. Desde entonces, el proceso fue de drenaje constante hasta ubicarse cerca de US$3.000 millones en la actualidad. Una salida lenta, persistente y estructural.

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¿La tasa alcanza para compensar la desconfianza?

Vernengo sostuvo que, con una tasa real suficientemente alta, el inversor puede volver a mirar instrumentos en pesos aun después de un default. Schapiro respondió con una pregunta directa: ¿cuánto más alta debe ser esa tasa cuando ya hubo incumplimiento?

El consenso de mercado suele inclinarse por esta última visión. El consenso de mercado suele inclinarse por esta última visión.

Una vez dañada la confianza, la tasa deja de ser una variable suficiente dado que el riesgo pasa a jugar en otra liga. No se trata solo del rendimiento esperado, sino de la expectativa devaluatoria, la estabilidad del régimen y la percepción de reglas de juego.

Es un precio clave que ordena contratos, bonos, salarios y decisiones de portafolio. Cualquier sospecha sobre su integridad tiene efectos multiplicadores.

El trasfondo que incomoda al mercado

Más allá de los nombres propios, lo que inquieta a la City es el patrón ya que cada vez que la política mete mano en un ancla nominal para ganar tiempo, el costo aparece más adelante, amplificado.

Ocurrió con el tipo de cambio, con las tarifas y también con las estadísticas. Ocurrió con el tipo de cambio, con las tarifas y también con las estadísticas.

La salida de Lavagna no implica, por sí sola, un regreso a viejas prácticas. Pero reactiva recuerdos que el mercado no terminó de digerir y en Argentina, la memoria suele ser más larga que los ciclos políticos.

El IPC, lejos de ser un número técnico, volvió a ocupar un lugar central en la disputa por la credibilidad. Y cuando eso ocurre, el impacto no se mide solo en décimas de inflación, sino en riesgo país, tasas implícitas y dólares que deciden irse o quedarse.

El dato fino llegará en los próximos meses. Si la desinflación se consolida y el marco institucional se mantiene firme, el ruido quedará atrás. Si no, el mercado ya dejó claro que sabe cómo reaccionar.

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