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Lo que el pobre (no el genérico llamado pobreza) ya se había resignado a que se convirtiera en un lujo sobreviviente de la olvidada Argentina de clase media, como la leche y los quesos, se evapora también de su radio de acceso. Barrios de Pie acaba de hacer sentir la protesta por la desaparición de las góndolas de los sachés de leche La Armonía, sometidos al régimen de precios cuidados, que se vendían 36% más baratos que la otra marca de la misma usina, La Serenísima. Los quesos también salieron del alcance de la población que subsiste cobrando los mínimos salariales y previsionales, ya que comprar un kilo del más económico, el fresco, le come en torno del 2% del estipendio. Desde inclusive antes que asumiera la Administración Macri, el sector lácteo se encuentra hundido en una crisis agravada por contingencias climáticas, castiga a una vasta región tambera y a los productores, como así también a industrias de la talla de SanCor, La Verónica, La Suipachense e Ilolay. Ni la firma cordobesa del grupo Macri, La Lácteo, se salvó de los remezones que sembraron cierres de Pymes, desocupación y ahora desabastecimiento para los pobres del vital elemento. Tal es así que hasta en los comedores escolares de la Ciudad se empezó a sentir el faltante.
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