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PRECIOS DESCUIDADOS Y DESABASTECIMIENTO

Tiempo de vacas flacas, que casi no dan leche

Vie, 05/04/2019 - 9:19am
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Lo que el pobre (no el genérico llamado pobreza) ya se había resignado a que se convirtiera en un lujo sobreviviente de la olvidada Argentina de clase media, como la leche y los quesos, se evapora también de su radio de acceso. Barrios de Pie acaba de hacer sentir la protesta por la desaparición de las góndolas de los sachés de leche La Armonía, sometidos al régimen de precios cuidados, que se vendían 36% más baratos que la otra marca de la misma usina, La Serenísima. Los quesos también salieron del alcance de la población que subsiste cobrando los mínimos salariales y previsionales, ya que comprar un kilo del más económico, el fresco, le come en torno del 2% del estipendio. Desde inclusive antes que asumiera la Administración Macri, el sector lácteo se encuentra hundido en una crisis agravada por contingencias climáticas, castiga a una vasta región tambera y a los productores, como así también a industrias de la talla de SanCor, La Verónica, La Suipachense e Ilolay. Ni la firma cordobesa del grupo Macri, La Lácteo, se salvó de los remezones que sembraron cierres de Pymes, desocupación y ahora desabastecimiento para los pobres del vital elemento. Tal es así que hasta en los comedores escolares de la Ciudad se empezó a sentir el faltante. 

Vaca Holando Argentina: La tentación láctea.
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1 kg. de queso fresco ya no es para cualquiera: representaría

> 1,8% para el que percibe el salario mínimo mensual que rige desde marzo,

> 2,1% para más del 65% de los jubilados que están con la mínima y

> 8,3% de la aumentada Asignación Universal por Hijo.

Pero en la góndola de las leches directamente desaparecieron los sachets marca La Armonía, de la oligopólica La Serenísima, en parte comprada por Arcor, que se cobraban $25,47 por litro dentro del sistema de precios cuidados. 

Por si algún habitué a los supermercados no se había percatado del faltante, la organización Barrios de Pie se encargó de denunciarlo ante la Secretaría de Comercio y protestar ruidosamente frente a la empresa y algunas cadenas de retail por la "suba injustificada y exponencial" en lo que cuesta la leche.

Y como el precio se descuidó también en los comedores escolares porteños, comenzó a escasear en los desayunos y meriendas que se sirven a los chicos de hogares necesitados.

No es que haya desabastecimiento de leche, sino que como alternativa hay que pagar 36% más por la envasada con otra marca de la misma usina: la venden a poco más de $35, si bien el promedio considerando la oferta total del fluido es de $31,30: un 23% más que desaparecida que está en el programa de Precios Cuidados.

Había sido uno de los productos que más aumentó entre enero y diciembre de 2018: el rubro Alimentos remarcó casi el 52% y dentro suyo, el litro de leche subió 47%. 

Por un lado no están todos los que son: la Cooperativa SanCor, que producía 1,5 millón de litros diarios, vendió su planta de Chivilcoy a AdecoAgro y se mantiene por ahora inactiva.

A lo que se agregaron los problemas climáticos que padeció la industria entre octubre y enero pero, además, la devaluación añadió una competencia inesperada por los diezmados stocks: la externa.

Expoleche

Las exportaciones crecieron 37% en toneladas y 30% en dólares en 2018 comparadas con 2017, una excelente noticia para la balanza comercial que el consumidor tipo del alimento vital, en un contexto de pobreza creciente, no puede compartir.

La leche en polvo comenzó a cotizar más en el exterior, a tal punto que en noviembre la tonelada se había ido a US$ 2.600 y desde ese momento siguió en ascenso hasta los US$3.300 actuales, 27% más en moneda dura. 

De este modo, la mirada de la industria trascendió las fronteras. Los despachos a mercados extranjeros crecieron en enero 21,4% en toneladas y 7,7% en dólares en relación al mismo mes de 2018.

Al no haber posibilidad alguna de adaptación inmediata a esa mayor demanda en tiempos de vacas flacas (los tamberos que venían a los tumbos por los avatares climáticos y las crisis de las usinas que abastecían) la frazada corta destapó las góndolas y descuidó los precios, en un mercado en el que el 34% se encuentra en manos de 3 compañías: La Serenísima, 14%; Saputo, 12%, y Williner 8%. 

Hay en total 10.700 empresas lácteas, de las cuales 670 son industrias, de acuerdo con el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA).

Hace poco, el sector había acusado un rudo golpe, cuando Lácteos Verónica pidió la apertura de un procedimiento preventivo de crisis (PPC) ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, sumándose al coro de empresas, como la embotelladora de Coca-Cola Femsa y la fabricante de neumáticos Fate, que entraron en esa variante fundamental para suspensiones y despidos.

Poco antes, la cooperativa SanCor, La Suipachense e Ilolay, y hasta la firma cordobesa del grupo Macri, La Lácteo, se habían visto obligados a cierres, reestructuraciones y cambios en el paquete accionario que inicialmente repercuten en la capacidad de producción.

La crisis del mercado lácteo acumula varios años y no afloja, aunque no pega a todos por igual. 

Las grandes compañías lácteas –como las integrantes del Centro de la Industria Lechera (CIL)– pagaban en promedio al tambero el 99% del valor de referencia estipulado en las regulaciones, o sea les quedaba un exiguo 1% a favor). 

Pero las Pymes lácteas, agrupadas en la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel), directamente perdían el 20% término medio, y al no contar con escala suficiente para poder cubrir los costos, llevaron la peor parte del tsunami de pérdidas que se extendió por más de un año y medio sin parar, de acuerdo con un reporte elaborado por el Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos (IAPUCo) en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

En el medio de estas vicisitudes, se comercializan productos derivados y bebidas sustitutas en base a suero de leche de vaca: Lácteos Conosur, productora de “La Suipachense”, ubicada en la ciudad de Suipacha, saca una alternativa  más económica a la leche convencional.

Sin embargo, ya pesa sobre esa opción una denuncia del Instituto Nacional de Alimentos (INAL), para el que el producto no cumple con los principios generales de rotulado, ya que se utilizan en su etiqueta vocablos en su denominación que podrían inducir al consumidor a una confusión o un error al momento de la compra en góndola.