En la antesala de un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Iglesia católica difundió un documento con fuertes definiciones sobre el presente político y social del país. Sin mencionar de manera directa al Gobierno, el mensaje incluyó críticas al clima de confrontación y advirtió sobre una “creciente tendencia al autoritarismo”.
PALITO PARA MILEI
Dura advertencia de la Iglesia Católica: "Crece una tendencia al autoritarismo"
La Iglesia Católica difundió un documento en el que, sin nombrarlo, criticó al Gobierno de Javier Milei. Cuestionaron la violencia y el autoritarismo.
El texto, titulado “‘Nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa”, pone el foco en la necesidad de sostener la memoria histórica y, al mismo tiempo, alerta sobre los riesgos actuales que enfrenta la convivencia democrática.
“Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo”, señalaron los obispos en uno de los pasajes más contundentes. Y agregaron:
“Un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena”.
La Iglesia Católica advierte autoritarismo
En ese marco, la Iglesia advirtió también sobre un deterioro en los valores sociales. “Va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”, sostuvieron, y remarcaron que una democracia sólida debe medirse por su capacidad de “cuidar a los más frágiles”.
Un llamado a bajar el tono de la política
Otro de los ejes centrales del documento fue la preocupación por el nivel de agresividad en el discurso público. Sin nombrar a dirigentes específicos, el mensaje apuntó al tono que atraviesa el debate político actual.
“¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!”, expresaron. Y advirtieron:
“Se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada”.
En esa línea, los obispos pidieron frenar la escalada verbal antes de que se traduzca en hechos concretos. “No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”, señalaron.
Además, insistieron en la necesidad de reconstruir espacios de diálogo: “Recuperar el diálogo sincero, desinteresado y honesto al servicio de una verdadera amistad social”.
Memoria, autocrítica y democracia
El documento también retoma el valor de la memoria en el contexto del aniversario del último golpe militar. “La tragedia del terrorismo de Estado se prolongó por siete largos años hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando finalmente recuperamos la democracia”, recordaron.
En línea con el pensamiento del papa Francisco, advirtieron sobre los riesgos de olvidar el pasado: “¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”.
A su vez, hicieron un llamado a la autocrítica colectiva, que incluya tanto a la sociedad como a la propia Iglesia.
“El dolor de los familiares que enfrentan la muerte violenta de un hijo o pariente se multiplica si se trata de un ‘desaparecido’”, señalaron, al poner el foco en las heridas aún abiertas.
Preocupación por la situación social
El mensaje no se limitó al plano institucional, sino que también abordó la realidad económica y social. Allí, los obispos advirtieron que la democracia pierde calidad cuando deja sectores afuera.
“Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”, afirmaron.
También alertaron sobre problemáticas estructurales: “Se envilece cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas”.
En ese sentido, remarcaron que el trabajo debe ocupar un lugar central: “Aporta dignidad y permite que cada ciudadano ‘ponga el hombro’ en la construcción de una patria de hermanas y hermanos”.
Un mensaje con tono político y social
Aunque el documento no menciona nombres propios, el contexto y el contenido dejan entrever una preocupación concreta por el rumbo del debate público en la Argentina actual.
El cierre del mensaje sintetiza el espíritu del texto: una advertencia sobre los riesgos del presente y, al mismo tiempo, un llamado a reconstruir valores básicos como el respeto, el diálogo y la convivencia democrática.
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