La Libertad Avanza sufrió una derrota que dejó al descubierto la furia de algunos libertarios, quienes salieron a insultar a los votantes del conurbano diciendo que les gusta "cagar en un balde". Los resultados de estas elecciones bonaerenses parecieron más enfocados en atacar y recuerda un debate similar disparado hace un año con el aumento de los trenes.
HISTORIA REPETIDA
Baldes, trenes y cervezas: Cuando los libertarios dejan asomar su aporofobia
La Libertad Avanza sufre en las elecciones y los libertarios se la agarran con el votante. No muy distinto al debate del año pasado sobre el tren y la cerveza.
Insultos en vez de autocrítica: la reacción de La Libertad Avanza
El domingo pasado, Javier Milei reconoció la derrota en el búnker de Gonnet y dejó claro que no habrá un cambio en el rumbo económico, aunque sí habrá ajustes políticos. La autocrítica fue mínima y quedó reservada al jefe de gabinete, Guillermo Francos, quien señaló "cierta soberbia en la comunicación oficial y falta de beneficios en la gente de los supuestos logros en la macroeconomía". La advertencia de Francos apuntaba a que el discurso oficial fue demasiado abstracto para los votantes y que los supuestos logros económicos no se percibieron en la vida cotidiana de los bonaerenses.
Mientras tanto, algunos sectores libertarios aprovecharon la derrota para atacar a quienes no los votaron, en especial en La Matanza. El economista oficialista Miguel Boggiano escribió en X: "No hay caso. La gente de La Matanza ama cagar en un tacho y caminar en calles de barro", un comentario que, más allá de lo grotesco, revela una desconexión con la realidad de los votantes. Más tarde rectificó: "Esto que dije ayer, está mal. Por algún motivo la gente votó como lo hizo. Momento de tomar el mensaje y bajar niveles de agresión".
Otras cuentas de trolls libertarios también se sumaron a hacer la escatológica metáfora para atacar al votante bonaerense que no eligió al partido que viene desfinanciando las obras públicas desde que asumió. Traductor, TV Pública Libertaria, Indignado y otros estuvieron entre ellos.
Uno que salió a poner un freno fue Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero y candidato de La Libertad Avanza, al afirmar: "No comparto la simplificación que hacen muchos… el voto siempre tiene razones valederas y no hay que subestimar a los ciudadanos".
Lo cierto es que mientras algunos apuntan al insulto y la burla, pocos más sensatos advierten sobre la necesidad de recuperar la conexión con los votantes moderados y quienes no participaron, especialmente pensando en la elección de octubre. La lectura política es clara: despreciar al elector propio o ajeno no solo es éticamente cuestionable, sino estratégicamente peligroso.
Cerveza o tren: La discusión social desvirtuada
En 2024, un debate similar tomó relevancia cuando Oscar Passet, exarquero de San Lorenzo, afirmó en el programa de Alejandro Fantino: "Mucha gente está acostumbrada a no pagar y prefieren tomarse una cerveza… por eso no deberían quejarse del boleto". La frase, dada en medio de la polémica por el aumento del boleto de tren, encendió la mecha por cuestionar la economía y los hábitos de quienes viajan en transporte público.
Como pasó este domingo, los trolls libertarios se agarraron de la frase de Passet y, subiéndose al tren del insulto, llevaron la discusión a juzgar cómo viven los que viven la realidad económica todos los días: "Si te da para la cerveza, vino y fasos, te alcanza para pagar el metro jejeje", escribió un usuario; otro agregó: "Un día común en la República de Kirchnerlandia: toman birra, fuman faso y hacen quilombo". Por su lado, muchos pasajeros señalaron que aunque se den pequeños gustos, el costo del boleto sigue siendo un gasto significativo dentro de su presupuesto mensual.
Ya sea que se ataque al ciudadano promedio con que "le gusta cagar en un balde" o "prefiere tomarse una cerveza que pagar el tren", es claro que se busca reducir a un grupo social a estereotipos simplistas, por su voto o por su manera de vivir. Lo que esto ignora es la complejidad de la vida en Buenos Aires y el conurbano, donde el consumo cotidiano (y por ende, las elecciones) son decisiones condicionadas por la precariedad, los sueldos bajos y la falta de oportunidades.
Criticar cómo alguien sobrevive y se permite pequeños placeres no es política; es un ejercicio de esnobismo que desvirtúa el debate público. En lugar de eso, la discusión debería enfocarse en soluciones concretas, políticas claras y estrategias que realmente respondan a la vida diaria de los ciudadanos.
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