EL PLUS DEL CARRY TRADE + LA CORRIDA CAMBIARIA

La herencia del gradualismo agrava otro déficit, el financiero

Sin certezas de que la oposición parlamentaria acompañe la baja del déficit primario al 1,3% del PBI que deberá constar en el proyecto de Presupuesto 2019, ni cuántos de los vencimientos de Letras de Tesorería se renovarán para saber cuánta plata se necesitará para financiarlo, los representantes de fondos comunes de inversión del exterior transmitieron a los enviados a Nueva York de la Administración Macri que, por ahora, el descalificador riesgo país que saca a los bonos argentinos de vidriera está bien donde está. Discrepan asimismo con la estimación del Ministerio de Hacienda de que harán falta US$7.500 millones, aparte de los desembolsos del FMI, para cubrir 2019, y reparan en el denominado déficit cuasifiscal que incluye los títulos públicos. Los lobos de Wall Street calculan US$15.000 millones y los consultores más moderados no bajan de US$10.000 millones adicionales. De la magnitud que asumió la deuda dan la pauta los intereses, cuyo costo ayudó a catapultar la devaluación hasta mitad de año y representan 0,4 puntos del PBI.

El común denominador del vice de la Jefatura de Gabinete, Mario Quintana; el secretario de Finanzas, Santiago Bausilli, y el vice del Banco Central, Gustavo Cañonero, es que abrevaron todos de la cultura de los fondos de inversión, y con ese bagaje integraron una misión del gobierno nacional a Nueva York para intentar convencer a primus interpares de las finanzas, con asiento en Wall Street, que los números en Argentina ahora van a cerrar y es inexorable una reducción del riesgo país actualmente en 700 puntos, lo cual convertiría en un pingüe negocio un reposicionamiento en bonos al valor actual.

La carpeta fiscal que presentaron como una pinturita muestra que el déficit primario bajó en julio 35,4% interanual, que con las reducciones decretadas ya va por el 2,7% del PBI, y que la hipótesis presupuestaria para el año que viene es que baje a la mitad, ,o sea, 1,3% del PBI.

En caso de que se renueven las Letes, como considera el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne que sucederá y como el financiamiento de este año ya está asegurado con los desembolsos del FMI, para el que viene se necesitarán conseguir US$7.500 millones.

A los ex colegas del Morgan las proyecciones les dan el doble: US$15.000 millones que incluyen los 11.700 millones del FMI, y otros se ubican en el medio: US$10.000 millones.

Al terceto enviado por la Administración Macri le hicieron preguntas sobre si la oposición parlamentaria acompañará el proyecto oficial de Presupuesto 2019, si son consistentes los cálculos con una inflación superior al 32% y en ascenso, un PBI que se cae y cómo piensan cubrir un gap financiero de US$49.700 millones hasta fin de 2020, del que corresponde este año US$12.900 millones, US$19.300 millones el que viene y US$17.400 millones en 2020.

Ante la duda de si el país estaría más cerca del default que de capear el temporal, la respuesta fue que, de última, está abierta la posibilidad de acceder a otro salvataje político de Washington: un préstamo del Tesoro de USA o un waiver (perdón) del FMI que flexibilice el acuerdo.

Los números son contundentes: los vencimientos ya comprometidos por el Estado nacional superan este año los US$71.399 millones (tomando en cuenta títulos públicos y préstamos en moneda local y extranjera) y continúa por encima de los US$21.400 millones hasta 2022.

A corto plazo vencen US$.26.962 millones y US$44.436 millones son en compromisos de mediano y largo plazo.

Para 2019, y sin contemplar futuros préstamos o renegociaciones de vencimientos, los compromisos de pago de deuda de mediano y largo plazo ascienden a US$24.945 millones. El rojo con organismos internacionales, en tanto, es de US$1749 millones, con US$815 millones del BID y US$451 millones del BIRF/Banco Mundial.

La bola de nieve que se generó con el endeudamiento de corto plazo que bancó el gradualismo, y enfureció a las mentes más ortodoxas del círculo rojo, marcha con su propia inercia por fuera de la contabilidad de ingresos y egresos que lleva la Tesorería.

Por su parte, el déficit financiero fue de $ 62.380 millones y se incrementó 90,6% i.a. Los intereses sumaron $ 48.100 M (352% i.a.) como consecuencia, por un lado, de haber pagado en julio -dado que fue inhábil el 30/06/18- la suma de $ 22.800 M de intereses que el año pasado se habían abonado en el mes de junio y, por el otro, al pago de $ 7.800 M correspondientes al primer cupón de intereses de la colocación de deuda realizada en enero de este año.

Déficit primario en baja, financiero en alza

En el 7mo mes del año, el sector público nacional tuvo un déficit primario de $ 14.280 millones, principalmente gracias a que los recursos totales crecieron 7 puntos porcentuales por encima del gasto primario, pero el rojo financiero saltó un 90,6% debido al pago de intereses de la deuda, que treparon 352%, según información del Ministerio de Hacienda.

Contra un incremento del 19,1% ( -9,2% en términos reales) registrado en los gastos primarios, que alcanzaron $ 246.899 millones, las entradas totales crecieron un 25,6% interanual (i.a.) y alcanzaron los $ 232.619 millones. Se destacan los recursos tributarios que sumaron $ 205.572 millones (18,2% i.a.), liderados por el IVA (39,0% i.a.), Créditos y Débitos (50,0% i.a.) y Derechos de Importación (72,9% i.a.).

Los aportes y contribuciones a la Seguridad Social (18,8% i.a.) bajaron su ritmo en relación a los meses previos, debido al impacto de la reforma tributaria sancionada a fines de 2017 que reduce el importe de las contribuciones patronales.

Otros ingresos tuvieron un crecimiento de 140% i.a. que obedeció a mayores rentas de la propiedad del Tesoro obtenidas por la prefinanciación del programa financiero de 2018, mayores colocaciones del FGS (p.e. préstamos a provincias y programa Argenta) e ingresos de capital por ventas de terrenos y otros activos físicos.

En cuanto a los gastos, los subsidios económicos crecieron 17,9% i.a. en conjunto, entre los cuales los destinados al transporte se incrementaron 2,5% i.a. y los energéticos 38,4% i.a., debido al impacto del tipo de cambio y temperaturas mucho más frías en relación al invierno pasado.

En cambio, las prestaciones sociales crecieron 27,4% i.a., 8 p.p. por encima del nivel general, producto del ajuste automático de las principales: jubilaciones, pensiones y asignaciones.

Es en este rubro en el que se concentran las miradas de los agentes inversores.

Consideran al déficit previsional la madre del borrego, se lo transmiten a la misión enviada por el gobierno, como ya los auditores del Fondo se lo vienen advirtiendo a Dujovne y compañía, quienes reciben de la cúpula de Cambiemos siempre la misma devolución: políticamente inviable en vísperas de elecciones.

Al principio resignados, los funcionarios parece que ahora le tomaron el gustito al impuesto inflacionario y transmiten que las licuaciones con inflación reemplazan a las medidas de ajuste directas, sin trepidar en que los efectos recaigan, primero que nada, en los estamentos más débiles de la sociedad.

El Banco Central le da a la maquinita e inventa base monetaria, a razón del 35%, paga por retener una parte y lo que queda se distribuye en una estructura de precios relativos en gran parte regulados y en otra monopólicos.  

Suben las tarifas de transporte, luz y prepagas, además del futuro incremento de gas, homologa las de combustibles, y al finalizar el año resulta que determinó sobre el IPC un piso alto de inflación mensual.

"En los 32 meses transcurridos desde el cambio de régimen gubernamental se registró una inflación acumulada del 120,9%, que se contrasta con la del mismo período a diciembre de 2015, ya que estos últimos se había verificado una suba levemente superior al 103%", compara el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).

O sea que el nuevo gobierno, en lugar de bajar la inflación como había prometido, la ha ido subiendo, y así consiguió esterilizando los balances anuales de erogaciones públicas, salarios, jubilaciones.  

La delegación del FMI que está por irse de Buenos Aires se fuma esta versión criolla de ajuste por inflación, aunque no agrada para nada que, con el 31%, Argentina sea sólo superada en el ránking de aceleración de precios en el planeta por Venezuela, Sudán del Sur y Sudán, en tanto el Congo se acerca con un 30%.