DESFINANCIAMIENTO PREELECTORAL

Wall Street boys resignados: Argentina es un barril desFondado

Si el presidente Mauricio Macri no consiguiera ser reelecto en 2019 y si se toma el escenario más pesimista de la economía que trazó el Morgan, en diciembre legaría un PBI con 2% de caída, una inflación del 26%, una tasa de interés del 32% y por cada $100 de valor agregado producido, $72,7 de deuda. Los contactos de los ejecutivos del banco norteamericano con funcionarios de la Administración Cambiemos que fueron sus ex compañeros son tan fluidos y la línea tan directa, que es difícil determinar dónde se origina la información que intercambian y las decisiones inmanentes. Por ejemplo, se comenta en la City que fue el Morgan el que inició la corrida contra las Lebacs. El titular del Banco Central, Luis Caputo, cuanto menos, seguro que estaba enterado. Actualmente, uno de los principales animadores de Wall Street, con mayor grado de exposición en el continente, realiza un análisis de las restricciones financieras que ocasiona la política monetaria de USA, así como las hipótesis que pendulan desde el optimismo al pesimismo de las proyecciones privadas al año de la elección (que extienden al fin de un eventual 2do mandato) de la crisis que motivó el SOS al Fondo Monetario Internacional. Los Morgan boy´s vinculados al macrismo están entre quienes evalúan insuficiente la asistencia del FMI, frente a los compromisos de deuda, y juzgan inevitable una nueva peregrinación argenta por los clubes de inversores privados externos en busca de refuerzo crediticio. El economista Wálter Graziano lo expuso claramente en un artículo publicado por El Cronista Comercial: “El stand by no está diseñado para salvar al país, sino que se trata de un préstamo puente a la espera de que se reabra el financiamiento de la comunidad internacional para marzo”, advierte ante el que considera un excesivo sesgo ministerial en concentrarse en la situación fiscal. Las bicicletas, a todo esto, están que arden (N. de la R).

Los US$15.000 millones que desembolsó el Fondo Monetario Internacional y se están aplicando a estabilizar el mercado cambiario se agotan en marzo de 2019, o sea dentro de 7 meses, y si los inversores continúan renuentes a renovar las Letes como hasta ahora, de las que vencen en lo que queda del año US$10.000 millones, más US$6.000 millones del venidero, las 3 transferencias trimestrales de US$3.000 millones cada una hasta el momento mismo de las elecciones presidenciales quedarán atrapadas por esos compromisos.

El matete financiero de 2019 se halla aún pendiente de resolución a pesar del crédito stand by del FMI en vigencia por 3 años. debido a que las obligaciones ya contraídas exceden el alcance de los giros estipulados por el prestamista multinacional de última instancia: la deuda pública a ir pagando durante todo el año ascendería a unos US$13.000 millones, más un monto similar de intereses devengados, que absorben per se la mitad de las remesas del Fondo.

Las frías matemáticas indican que, una vez afrontado todo lo que se cubre con los desembolsos del Fondo, igual quedarían en rojo unos US$1.000 millones mensuales, que es el dinero que el gobierno debería salir a captar en los mercados.  Y todo lo que se rescatara de Lebacs requeriría también de más recursos externos, porque a partir de marzo se agota el refuerzo diario del préstamo contingente que atiende la demanda de dólares en la plaza cambiaria.

De ahí en adelante, todo lo que no se consiga de financiamiento extra para tapar los agujeros tendrá que ser maniobrado con emisión y/o mediante el sacrificio de reservas, aunque no parece que el Banco Central cuente a  partir de marzo con suficiente manteca para tirar al techo.

Las disponibles por entonces rondarán los US$30.000 millones, en caso de que se haya cumplido a rajatablas la financiación del déficit primario cuya reducción fue corregida y aumentada en el borrador de Presupuesto 2019 que deberá ser tratado en el Congreso.  

No es muy alentador el panorama que presentan los flujos internacionales de capitales especulativos cuando se los convoca desde economías recesivas y con crecimiento económico negativo, verbigracia el caso argentino.

Los inversores se muestran renuentes a asumir mayores riesgos para colocar dinero en países emergentes, como el nuestro, pero además no hay mucho con qué:

-la Fed ampliará a casi el doble de junio (30.000) el nivel de absorción de los bonos por 50.000 millones mensuales desde octubre que colocara en la crisis y

-es probable que siga subiendo las tasas desde el 3,5%, lo cual restará margen para los emergentes. Para Argentina pueden resultar fatídicos, porque ya 2,8% encendieron la mecha de la corrida.

En bancas de inversión de Wall Street, como el J.P. Morgan, manejan al dedillo toda esta información, y aun más detallada, por la incidencia que tendrá una languidez como la que se insinúa sobre los bonos argentinos ya emitidos y por emitir.

Por de pronto, fueron los primeros en salir de las Lebacs cuando se incubaron los supermartes y la secuencia posterior terminó dándoles la razón.

Teniendo como presidente del Banco Central a Luis “Toto” Caputo, quien acredita en su CV el paso que tuvo por Wall Street como empleado de la entidad, es fácil imaginar que sobreviven en la agenda varios colegas suyos que siguieron juntando años cuando él se fue, y que esa relación abre el canal de intercambio de figuritas.

Y por si Toto se hubiera alejado del todo de aquel hábitat, también abrevaron de esa fuente otros prominentes funcionarios del gobierno de Mauricio Macri, empezando por el ex ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay; Demien Reidel, vicepresidente del BCRA; el secretario de Finanzas, Santiago Bausili; Vladimir Werning, ex subsecretario de Análisis Económico de Jefatura de Gabinete, y Miguel Ángel Gutiérrez, titular de YPF, entre los de mayor nivel.

Los puentes, en consecuencia, están permanentemente tendidos entre la Administración Macri y la meca financiera de Manhattan. 

Optimismo versus pesimismo

Ya en funcionamiento el crédito stand by otorgado por el Fondo Monetario Internacional, de nuevo aparece en escena el banco norteamericano de mayor exposición en América Latina sembrando de ratones los números sobre Argentina.

Las proyecciones más pesimistas que plantea indican que este año el PBI caerá -1,5% y otro 2% en 2019, año en que Cambiemos (o como se rebautice la coalición) irá por la reelección. Recién en 2020 volvería el signo positivo a 1,5% y así se mantendría en los dos años siguientes.

Las perspectivas de inflación son también sombrías: 35% este año, 26% el que viene, 20% en 2020 y recién un dígito en 2023: 8%.

En ese contexto, la tasa de interés descendería desde el 48% estimado para 2018, al 32% en 2019, 26% en 2020 (como la de referencia de los buenos tiempos de Federico Sturzenegger al frente del Central antes del 28 de diciembre, en que le patearon el tablero desde la Jefatura de Gabinete. Para 2021 la tasa sería de 18%, del 16% en 2022 y 14% en 2023.

El ratio de deuda estimado por el Morgan va del 71,6% del PBI en 2018, al 72,7% en 2019; y 71% hasta llegar al 2023. Hace unos meses, se calculaba en 58% la relación entre deuda y PBI del final de un eventual 2do mandato.

Claro que para ello es condición que el gobierno sea reelecto, lo cual por estos días la performance económica no parecería asegurar, ni mucho menos. Pero es cierto, asimismo, que tampoco asoma una oposición cohesionada que pueda arrebatarle el sillón de Rivadavia.

Pero en la hipótesis de que Macri tenga que entregar el bastón de mando a otro/a Presidente/a dejaría un ratio de deuda del 72,7%. Pero desde el Norte del Hemisferio, ven con preocupación la posibilidad de una salida prematura de Cambiemos, ante el riesgo que representaría un regreso del populismo a la Casa Rosada.

Al acuerdo firmado con el FMI se le prendieron luces amarillas del lado del financiamiento, porque la disminución de las hipótesis de crecimiento obligan a replantear en baja el déficit fiscal primario ya en este año: de 2,7 a 2% del PBI y también el de 2019, de 1,3 a 0,99 puntos.

La compensación eleva la relación deuda/PBI del 64,5% de base a 70% este año y la deuda federal, del 53 al 58% en 2023. El Tesoro tendría un ratio del 43,1% en 2019 y se mantendría en esos niveles hasta 2023.

El reporte advierte acerca de la vulnerabilidad de los inversores internacionales tenedores de títulos en dólares ante otra devaluación en términos reales, lo cual puesto en palabras sería: ante el riesgo de incumplimiento, deshacerse de todas las tenencias de bonos argentinos.