ASFIXIADOS EN UN CEPO KAFKIANO

Metamorfosis: De atraso cambiario a shock inflacionario

Entre el exiguo nivel de las exportaciones del año pasado y el endeudamiento para financiar el gradualismo fiscal, se amasó un déficit récord de la cuenta corriente del balance de pagos (5 puntos del PBI) que encendió las alarmas sobre la caja de dólares del BCRA, cada vez más dependiente del financiamiento. Se había acumulado un atraso cambiario importante que abarataba y estimulaba la importación y el turismo al exterior. Desde la elección de medio término a fines de noviembre y nuestros días, la moneda se devaluó casi 30% contra un IPC que daría un 12%, pero las tarifas, los combustibles, los impuestos, los precios regulados (o sea el Estado) situó sus costos más cerca del tipo de cambio y la tasa de interés que del nivel general de los precios. Y la remató con un tope salarial del 15% para este año, a mitad de camino de la marcha general pasada, presente y futura. Los inversores del circuito especulativo, como dicen del peronismo cuando está en la oposición, huelen sangre y sequía de dólares, y optan por irse (como sugieren las publicaciones del exterior) o por apostar fuerte en contra de lo que pretende la Administración Macri. El campo, que debería estar saltando de alegría con un dólar adelantado, se queja porque el alza fue de golpe e impacta en los costos de los insumos y en la energía. Los industriales y comerciantes importadores se lamentan también por la nueva paridad, porque temen que sea un pasaje de regreso a la recesión. Los productores claman ahora por gradualismo en la corrección de las variables. Estamos ante una encerrona, cepo, o como se lo quiera llamar.

El jueves 28 de diciembre de 2017, un gobierno exultante, que venía de ganar los comicios de medio término y aventar riesgos de regreso al populismo, arremetía en el Congreso para aprobar una reforma previsional que se veía como un tajo a los reajustes de los haberes jubilatorios y ratificaba el agresivo plan de sinceramiento tarifario interrumpido durante la campaña electoral.

Pero además la Jefatura de Gabinete sometía a un escarnio público al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, al hacerlo participar de una conferencia de prensa que anunciaba un borrón y cuenta nueva con las metas antiinflacionarias, monetarias y la tasa de interés, o sea el final de trade carry con que se había estado financiando el gradualismo (o inacción) en un ataque decidido al déficit fiscal.

Fue en un Día de los Santos Inocentes, con un dólar "resucitado" a $19,45, cuando el coordinador del equipo de gestión del Poder Ejecutivo, Marcos Peña, sentó a una misma mesa, ante los medios, al minigrupo de ministros del área económica sobre los que ejerce mayor injerencia, al que le adosó la presencia de quien parecía el destinatario de los "correctivos" aplicados desde la Jefatura de Gabinete para aflojar la cincha monetaria que supuestamente comprimía al crecimiento económico, quien con la mejor cara que pudo poner soportó el difícil momento sin levantarse de la silla y mandarse a mudar intempestivamente del salón.  

No obstante, el mercado no creyó en el mensaje, leyó los gestos y le quedó la foto: un Banco Central que resignaba su fugaz independencia tras dos años y pasaba a depender de la Casa Rosada. Casi simultáneamente volvía a ser intervenida la metodología de las estadísticas, como en las mejores épocas endilgadas al ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, al obligar al INdEC a replantear los cálculos de PBI e inflación que le estaban dando mal al gobierno.

Los operadores saben muy bien en qué terminan esas intromisiones: en manipulación de activos financieros, como sucedió con los bonos en megacanjes, canjes, cerrojos legislativos, cláusulas de ajustes y todo tipo de subterfugios y sinceramientos que, ya por repetidos, aburren.

Esta nueva etapa de la bicicleta financiera conocida como trade carry, con versiones emparchadas que se suceden desde vísperas de las PASO del año pasado en adelante, llegó a su fin y ello enojó a la especulación internacional. Basta con ver los artículos demoledores sobre la Administración Macri que se vienen publicando en Forbes, FT, la BBC, para comprobar que el recálculo hacia arriba de tasas y dólar es un sapo que reporta dividendos fáciles a los que juegan en esas ligas pero ninguno digiere.

La aparición del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, con un discurso dirigido a los que, como decía el extinto ministro de Economía radical durante la gestión alfonsinista, Juan Carlos Pugliese, responden con el bolsillo cuando se les habla con el corazón, tendrá más la finalidad, para quienes hayan entendido algo, de modificar la fusilera del equipo de lujo de Mauricio Macri que de lograr efectos conducentes duraderos. Eso sí, intenta cambiar la postal de Peña como mariscal de una debacle por otra de un cuestionado judicialmente y outsider de la política como Dujovne.

Las implicaciones trascienden el reacomodamiento de costos políticos internos por el fracaso de la gestión económica, por más que se quiera dar el efecto- demostración de que la cotización se puede bajar con acciones más enérgicas de intervención, que recorren caminos ya transitados en los buenos tiempos del ex funcionario kirchnerista Moreno.

Devaluar o no devaluar, esa ya no es la cuestión

Si el año pasado se clamaba desde todos los sectores de la producción por el atraso cambiario que le restaba competitividad a casi todos los bienes y servicios de la economía y agravaba el déficit comercial y de la cuenta corriente, hoy con una devaluación del 17% entre el 28 de diciembre de 2017 y el 2 de mayo de 2018, tanto desde el campo como de la industria, la construcción y el comercio se manifiestan preocupados por la disparada del dólar pero mucho más por su impacto en los costos de los insumos y la energía.

El titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Guillermo Weiss, lo reconoció y de hecho fue convocado un encuentro amplio que reúne a las grandes entidades de 3er grado, como la Unión Industrial Argentina, la Cámara Argentina de Comercio, la Asociación de Bancos Argentinos, la Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural y la Camarco. No sólo la inflación está en la agenda, sino el temor de una recesión.

El secretario de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman, lo puso en estos términos: la velocidad con que sube el dólar incide 20% en lo que le cuesta la mercadería al comercio, mientras desde la industria automotriz advirtieron que, como los insumos importados representan el 70% del costo, se encarecerá el valor de los vehículos que se traen de afuera, los cuales explican el 70% del volumen récord que vienen teniendo las ventas en el cuatrimestre. Las listas del 30% restante también se irán para arriba pero por el lado de los costos.

Ahora resulta que hablar de gradualismo pasó al léxico de los productores. El presidente de Coninagro, Carlos Iannizzotto, en declaraciones a NA lo invocó ante la suba del dólar que afecta a los insumos que se pagan en esta moneda y dijo que se deben generar "políticas diferenciadas y opciones financieras para amortiguar además el impacto que produce la regulación de las tarifas y el costo energético" por la suba del precio del gasoil.

El ex titular de la Federación Agraria Argentina y productor agropecuario santafesino, Eduardo Buzzi, sostuvo que "el campo necesita un escenario estable y no que cambie semana tras semana para tener un modelo de rentabilidad" y  aclaró que que el aumento del dólar “beneficia a los productores de commodities exportables como soja, miel, carne, trigo, girasol, aceites, entre varios productos, pero complica el precio de los insumos que se cotizan en dólar". Precisó que la variable dólar “nunca se puede medir en términos absolutos, ya que es distinto ahora que con el retraso cambiario que teníamos en 2016 y parte del 20176 con la paridad debajo de $20".

Asimismo, el director ejecutivo de Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Alfredo Rodes, manifestó que "cualquier movimiento cambiario impacta primero en los costos de combustibles que se mueven por el dólar y el precio del petróleo y los costos de los insumos que tienen relación con el dólar".

En diálogo con NA, añadió que hay "productos nacionales que viendo un corrimiento de variables pueden ajustar sus precios y que aquellos commodities de los cuales somos productores las verán reflejadas, pero las subas tan abruptas nunca son beneficiosos, hay un mercado especulativo que busca hacer una diferencia".

Las precipitaciones recientes y la consecuente acumulación de agua en el perfil del suelo, sumado al precio del trigo disponible en la plaza local  y el deseo/necesidad de una revancha después de la desastrosa “Campaña 2017 – 2018”, han acrecentado la esperanza de los productores en la “Campaña Fina”, para la cual se prevé un aumento del área dedicada al trigo del orden del 5%.

Pero las perspectivas favorables de siembra y precio, sin embargo, lejos de alegrar a los productores, les echa luz sobre la forma en que se evaporan los ingresos.

El precio por dólar para la soja mejoró de una campaña a otra 100%, ya que el año pasado estaba a $3000 la tonelada y ahora llegó a $7000 la tonelada, con un alza de $400 en una sola jornada, según apunta la Bolsa de Comercio de Rosario. El maíz cerró con ganancias próximas a 1 U$S/tn, apuntalado por fundamentos similares a la oleaginosa, y las exportaciones habrían alcanzado 1,0 millones de toneladas, alineándose con el valor máximo previsto por el mercado. El trigo, por su parte, lideró los avances y ganó más de 5 U$S/tn.

Como contrapartida, Confederaciones Rurales Argentinas recordó que, desde la desregulación del mercado de los combustibles, el gasoil  lleva acumulado un aumento de precio del 30%, es decir que el sector agrícola en su conjunto tendría que erogar una extra de $14.100 millones en el año, solo por el incremento de este insumo, que multiplica su incidencia a medida que el productor está más alejado de los mercados interno y de exportación.