Luego de cursar sus primeros estudios con los jesuitas en el Real Colegio de San Carlos, la familia le impuso a Juan José Castelli ordenarse sacerdote católico, apostólico y romano. Por ese motivo fue a estudiar al Colegio Monserrat, en Córdoba, donde trabó relación con Saturnino Rodríguez Peña, Juan José Paso, Manuel Alberti, Pedro y Mariano Medrano.
JUAN JOSÉ CASTELLI
“Si ves el futuro, dile que no venga” (la Argentina devora sus héroes)
Juan José Castelli nació el 19/07/1764 en Ciudad de Buenos Aires. Hijo de Ángel Castelli Salomón y de Josefa Villarino, primogénito de 8 hermanos y primo de Manuel Belgrano. Héroe de Mayo apodado "el Orador de la Revolución" terminó con la lengua amputada y enjuiciado por traición. “Si ves el futuro, dile que no venga”, fue su frase final, que no pudo decir sino sólo escribirla. Así, Castelli fue el orador sin lengua, el patriota traidor.
Pero en 1785 murió su padre, Castelli fue liberado de su aparente infortunio y decidió estudiar Derecho, aunque a diferencia de su primo Manuel Belgrano, no se fue a España sino a la Universidad de Chuquisaca, en la actual ciudad de Sucre, Bolivia (igual que Mariano Moreno), y se graduó en 1788.
Más tarde trabajó en su profesión en Buenos Aires, y su primo Belgrano lo recomendó, en 1796, como reemplazo en la Secretaría del Consulado.
Castelli apoyó la creación del "Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata", y también al "Semanario de Agricultura, Industria y Comercio", fundado por Hipólito Vieytes.
Castelli se relacionó con James Florence Burke, un espía inglés que decía representar a la Corona, que le prometió apoyar la emancipación de Hispanoamérica, y se formó la sociedad secreta criolla pionera, llamada "partido de la independencia". En verdad, Burke acumulaba inflación antes de la invasión inglesa.
Castelli tuvo un protagonismo muy importante en todos los acontecimientos a partir de 1807 y en 1810 fue quien, con Martín Rodríguez irrumpieron en la sala del fuerte de Buenos Aires y le exigieron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros la convocatoria a un Cabildo Abierto.
Cisneros fue "el Orador de la Revolución", y no sólo el 22/05/1810. Vocal de la 1ra. Junta (y luego de la Junta Grande), fue enviado al frente del Ejército del Norte a partir del 06/08/1810: Santiago de Liniers quiso organizar la contrarrevolución a la Revolución de Mayo, y Castelli, quien al igual que Moreno apoyaba la pena de muerte, ordenó su ejecución.
Durante toda su vida activa, Castelli tuvo una relación muy difícil con los obispos católicos, la mayoría en contra de la Revolución, con la excepción del arzobispo de Charcas, Benito María de Moxó, quien ofició una misa en homenaje a la Junta de Mayo, y donó 6.000 pesos para el Ejército y la biblioteca de Buenos Aires.
Castelli era considerado un jacobino, como Mariano Moreno. En mayo de 1811, proclamó en Tiahuanaco el fin de la servidumbre indígena en Alto Perú y convocó a la unidad por la libertad de todo el continente. Pero no le fue bien con los aborígenes, que siempre hacían un doble juego, y muchos integraban los ejércitos españoles.
En tanto, le ganaba enemigos su ferocidad contra quienes consideraba que frenaban la Revolució.
Y algunos en el Alto Perú hablaron de sus “pedanterías porteñas”. Algo ocurrió entre los patriotas, que los llevó a la desunión que pagaron en junio con la derrota en Huaqui.
Castelli recibió la orden de regresar a Ciudad de Buenos Aires donde fue juzgado, cruelmente, por “traición”.
Por entonces, Mariano Moreno ya estaba muerto; Domingo French, Antonio Beruti y Saturnino Rodríguez Peña ya eran opositores, Antonio Balcarce estaba cuestionado, el sacerdote Mauel Alberti iba al infarto mortal, Manuel Belgrano también era cuestionado luego de la campaña a Paraguay, y Cornelio Saavedra era confinado en San Juan.
Los últimos meses de Castelli fueron terribles: orador de la Revolución le cortaron la lengua por un cáncer de lengua, y el deán Gregorio Funes, le escribirá a su hermano Ambrosio su alegría macabra.
Luego, la miseria avanza sobre la familia Castelli. En tanto, su hija Ángela, se pone de novia con el coronel saavedrista, Francisco Igarzábal. Castelli se opone cuando su esposa, María Rosa Lynch, apoya la relación. Los novios se escapan de Buenos Aires: un escándalo para la época.
Castelli muere el 12/10/1812. Dicen que el máximo de presentes a su entierro fueron 15 personas, probablemente hermanos masones. No hubo discursos de despedida. Tampoco honras oficiales.
Castelli no podía hablar y le pidió un papel al médico porque sabía que se moría, y garabateó: “Si ves el futuro, dile que no venga”.








