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¿QUIÉN COBRA 30 LUCAS?

Del aquél “parar la olla”, a este canasteo diario 

Jue, 23/05/2019 - 7:23pm
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Es discutible para la mayor parte de los hogares la representatividad real de la canasta básica que construye el INDEC o el GCBA con que se mide el poder adquisitivo de su ingreso. En abril llegó a casi $30 mil para el instituto oficial porteño, que marcharía prácticamente parejo con el sobre de sueldo promedio de 12 millones de trabajadores registrados que calcula SIPA. Si el medio millar de paritarias cerrara en torno del 35% anual efectivo, como vienen insinuando algunos gremios como metalúrgicos, gastronómicos y mercantiles, el costo de la cesta no dispondría de más de medio punto mensual para aumentar de acá a fin de año para que, al menos, las remuneraciones hayan podido correr de atrás a la inflación sin perderle pisada. De todos modos, el efecto es nada más que estadístico, porque entre supermercado, farmacia, facturas de energía y agua, vivienda (alquiler o cuota hipotecaria), expensas, gabelas de todas las jurisdicciones, tarjeta Sube, surtidor, y eventualmente escuela y prepaga, suman un gasto real mucho mayor para cualquiera. “Llegar a fin de mes” y “parar la olla” son casi utopías para los argentinos, cuya hazaña cotidiana sería arañar la canasta. 

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La Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires calculó que una familia compuesta por matrimonio y dos hijos necesitó en abril ganar más de $ 29.304,12 para cubrir el costo de la canasta básica y $ 14.365,68 para que le alcance nada más que para comer.

Si llegar a fin de mes ya constituye una epopeya para la mayoría de la población, según ha venido reconociendo el propio gobierno, las líneas de la pobreza y de la indigencia acechan cada vez más a los asalariados y jubilados que rondan el ingreso mínimo de $12.500 que involucra a la mayor parte de la plantilla básica, la informal y de los pasivos.

Que a muchos no les alcance lo que ganan es mucho más que una sensación pesimista. Tan real es que ahí radica el principal motivo de que en esta oportunidad haya surtido efecto en la gente el programa de precios cuidados y el subprograma de los esenciales: según la consultora Kantar, el 70% hogares compró ese grupo administrado, lo cual se plasmó en la mejora del 22% que se le detectó en las ventas.

El resultado para los que siguieron la señal azul, verde y fucsia del cartelito ubicado en las góndolas fue un ahorro, al llegar a la caja, que rondó el 20%, en comparación a si hubieran metido en el carrito el mismo producto no promocionado.

No es fácil “parar la olla”, como se le decía en el antiguo argot a mantener una familia, ni siquiera para quienes perciben el salario promedio que asigna la encuesta oficial de SIPA al universo de los 12,09 millones de trabajadores registrados, de los cuales 6,15 millones son empleados privados: $38.242, que incluye aguinaldos y otros conceptos estacionales. 

La mediana de las remuneraciones del sector privado se calcula en $ 29.617 en bruto, que con los descuentos se irían a cerca de $24.600 de bolsillo. 

Las posiciones que se encuentran debajo de esa cuerda, si se entra a chusmear a Elsalario.com.ar/, coquetean con la línea de la pobreza.

Por ejemplo, un dependiente de comercio de ropa de confección, artículos de piel con 7 años de antigüedad percibía término medio $15.578 y apenas si le alcanza para cubrir la canasta alimenticia. 

Los asistentes de carpintero andaban por ahí ($15.572), algo parecido a los administrativos de consultas. Los capataces de parqueros estaban en $17.239 y los diseñadores web en $19.181, todos con más de 7 años. Y hay unos 250 mil mozos con un nivel de $27 mil que aguardan novedades. 

Las paritarias en etapa de cierre insinúan un modesto repechaje, que si fuera por la cartera de Producción no debería exceder del 28%, conforme a lo asignado a 200.000 estatales de APN. 

Pero como los convenios traen cola del año pasado, gremios como la UOM, UTHGRA y Comercio saltarán esa valla, con gatillo incluida.

En los sobres de abril, los metalúrgicos recibieron 17% y a los gastronómicos recién en junio les llegará incluido el primer 10%.
Sanidad de Daer está arreglando con farmacias y sanatorios un ajuste trimestral, que empieza con 11,8% en junio, y UOCRA anda en algo parecido, con el acuerdo docente como modelo.

Los sueldos ruedan por la escalera

Suponiendo que el promedio en las 500 paritarias quede en el 35% anual, el ingreso final del año se ubicará en torno de los $34.000, por lo que la canasta básica de CABA tendría un 13,5% de margen para aumentar en los próximos 8 meses, entre mayo y diciembre, si no se quisieran deteriorar los nuevos sueldos acordados: sería menos del 0,3% mensual cuando andamos arriba del 3%.

De todos modos, no son todos los que eran en la anterior convención colectiva, porque faltarían 252.500, según la estadística oficial a febrero último, a los que habría que agregar las bajas de 3.800 en comparación con 2017.

Las empresas privadas resignaron 159.400 empleados de sus nóminas con relación a 2018 y hubo 36.300 autónomos menos en el mismo lapso.

Tampoco para cualquier economía casera, la metodología estadística convencional que se hace con el poder adquisitivo refleja las cuentas reales. Les dicen que perdieron entre el 15% y 18%, pero los tickets del supermercado, de la farmacia, de la estación de servicio, las facturas de energía y agua, la tarjeta de SUBE, y eventualmente  la escuela y la prepaga, arman una canasta hogareña auténtica que aumentó muy por encima del resto de los bienes y servicios, y en consecuencia, nada tiene que ver con la que se toma de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2004/2005.

Lo incluye en su análisis publicado en BAE Negocios el periodista y economista de la fundación Protejer, Mariano Kestelboim, y de alguna forma lo confirma el titular del INDEC, Jorge Todesca, cuando reconoce en diálogo con María Laura Santillán por Radio Nacional que el IPC viene en tendencia declinante, debido a “la estabilidad del dólar y de las tarifas de servicios públicos”. 

Puede ser que el funcionario se haya referido a la inflación de junio, porque la escalada del dólar de abril presionó sobre los precios mayoristas, que subieron 4,6% y le ponen así un piso alto al IPC de mayo.

Por el lado de los básicos, registraron un crecimiento del 4,4% por incidencia del 5,3% de los productos primarios (atados al dólar) y del 4% en electricidad y energía.

Así funciona la relación precios mayoristas-minoristas: el mes pasado estos últimos treparon 3,4% con el prólogo del 4,1% de aquellos.

Ismael Bermúdez en “Clarín” anualiza los principales incrementos alimenticios y le da: pan y cereales 66,4%, carnes y derivados 69,4%, pescados y mariscos 71,9%, aceites y grasas 69,4%, leche, productos lácteos y huevos 71,7%.

Estima que los trabajadores registrados perciben en promedio $ 30.000 de sueldo neto, luego de los descuentos de jubilación y salud, para apechugar semejantes alzas.

Es lógico que en ese contexto no haya “rubros de consumo masivo que no sean bienes de primera necesidad, donde las ventas hayan caído menos del 20% entre 2015 y 2019”, sostiene Kestelboim.

E invoca el relevamiento de ventas minoristas de CAME, donde se señala que “la actividad comercial entre abril de 2015 y abril de 2019 cayó un 24,5%, cifra que es más cercana a las bajas que se observan en la venta de la gran mayoría de los rubros de consumo masivo no indispensable, como gastronomía, cine, teatro, libros, muebles, juguetes, textiles, motos, automóviles, marroquinería, electrónicos, por citar algunos ejemplos”.

Los más de 4 puntos de diferencia entre lo que las familias dejaron de comprar de heladera y alacena y de consumos no indispensables dan una idea del retroceso general en el nivel de vida y del sacrificio realizado en las condiciones de vida para poder subsistir. 

Aunque obviamente, el zapato no apretó de la misma manera a la mitad de la población de clase media alta para arriba que de clase media baja para abajo.