Débora Carrizo, CEO de R3al Blocks, afirmó que la tokenización de activos es como la incomprendida revolución de Internet. De ahí, Carrizo recordó que en 1996 pocos entendían de Internet.
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Débora Carrizo afirmó que la tokenización de activos es como la incomprendida revolución de Internet
Débora Carrizo, CEO de R3al Blocks, afirmó que la tokenización de activos es como la incomprendida revolución de Internet.
En 2026, pocos entienden para qué sirve la tokenización. El CEO de BlackRock lo dijo en su carta anual. El FMI publicó una nota técnica. Los datos lo confirman. Y sin embargo, la mayoría sigue sin entender.
La presentación de Word Wide Web en 1991
Había algo extraño en la sala cuando Tim Berners-Lee presentó públicamente la World Wide Web en 1991. Buscaba replantear la forma en que utilizábamos la información. Los ingenieros entendían el protocolo, pero nadie, absolutamente nadie, pudo imaginar que esa red de documentos enlazados terminaría rediseñando la economía global, derrumbando industrias enteras y creando otras que ni siquiera tenían nombre.
Eso es lo que hace una infraestructura cuando se vuelve invisible. Treinta años después, estamos viviendo algo estructuralmente idéntico. Y la mayoría lo está viendo con la misma incomprensión y escepticismo con los que el mundo vio el primer navegador web.
El avance de la tecnología a una velocidad exponencial
Esto sucede porque la tecnología avanza a una velocidad exponencial, mientras que las estructuras sociales, políticas y legales lo hacen mucho más lento. Esa diferencia genera una “brecha temporal” donde el verdadero alcance todavía no se percibe.
La tokenización de activos del mundo real sobre redes de blockchain es hoy exactamente lo que Internet era en 1996: una infraestructura tecnológica funcional, con casos de uso reales y capital institucional moviéndose sobre ella, pero todavía casi invisible para el público general. Una tecnología que no pidió permiso y que empieza a generar tensión en sistema financiero tradicional.
BlackRock puso en palabras algo que el mercado ya anticipaba
En marzo de 2026, el CEO de BlackRock, Larry Fink, el mayor gestor de activos del planeta con casi 14 billones de dólares bajo su administración publicó su carta anual a inversores.
No dedicó el espacio central a la inteligencia artificial. No habló de mercados emergentes en abstracto. Habló de tokenización. Dijo que la tokenización podría hacer por las inversiones lo mismo que Internet hizo con la información: eliminar intermediarios, reducir costos y democratizar el acceso. Y planteó una imagen concreta: la mitad de la población mundial ya lleva una billetera digital en su teléfono.
BlackRock ya gestiona uno de los mayores fondos tokenizados del mundo
Entonces, ¿qué pasaría si en ese mismo teléfono pudieras llevar bonos tokenizados, fracciones de fondos de inversión, oro, plata, petróleo, yerba mate o desarrollos inmobiliarios?. BlackRock ya gestiona uno de los mayores fondos tokenizados del mundo y tiene cerca de 150 mil millones de dólares vinculados a mercados digitales.
Cuando el mayor administrador de capital del mundo utiliza su carta anual para hablar de tokenización, no es una simple opinión. Es una señal. Pocas semanas después, el Fondo Monetario Internacional publicó una nota técnica firmada por su consejero financiero, Tobías Adrian. El planteo fue directo: la tokenización no es una mejora marginal de eficiencia, sino una reconfiguración de la arquitectura financiera global.
¿Por qué América Latina importa más que ninguna otra región?
Ahí es donde la conversación global se vuelve concreta para América Latina. Fink habló de democratizar inversiones. El FMI habló de reconfigurar la arquitectura financiera. Pero ninguno puso el foco en los territorios donde ese impacto puede ser más profundo en términos reales: América Latina, y en particular Argentina.
Los argentinos transaccionaron más de 93 mil millones de dólares en criptoactivos entre julio de 2024 y junio de 2025.El ciudadano común desarrolló un nivel de adopción digital que difícilmente podría haberse logrado por diseño y la tecnología llegó donde el sistema tradicional no funcionaba. Ese “músculo” de adopción es exactamente el que la tokenización necesita para escalar.
América Latina no encaja del todo
América Latina no encaja del todo en la idea clásica de mercado emergente. Es un laboratorio activo, con usuarios reales, necesidades concretas y una infraestructura de adopción que el resto del mundo todavía está construyendo.
El debate regulatorio avanza, con cambios esperados que podrían habilitar a los bancos a operar custodia y soluciones institucionales sobre activos digitales.
El avance tecnológico no espera
En 1996, las empresas que entendieron internet no fueron necesariamente las más grandes ni las mejor financiadas. Fueron las que comprendieron primero los cambios. Que el correo iba a ser email, que el comercio iba a ser digital y que los bancos serian aplicaciones.
Que el banco iba a ser una aplicación
Los principales actores institucionales ya tomaron posición. La tecnología funciona. La adopción avanza. Y las reglas empiezan a adaptarse. La diferencia no va a estar entre quienes crean o no en la tokenización. Va a estar entre quienes entiendan a tiempo que la infraestructura ya cambió.
En 1996, nadie entendía para qué servía internet. Treinta años después, sabemos exactamente qué les pasó a los que miraron para otro lado.
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