Viajar con mascotas en avión puede ser relativamente simple dentro de la Unión Europea, pero el escenario cambia cuando el destino es Reino Unido. Mientras varios países permiten que perros y gatos pequeños viajen en cabina si cumplen requisitos sanitarios, Londres mantiene una regla mucho más dura: las mascotas deben ingresar como carga en la bodega.
EXIGEN CAMBIOS
Viajar con mascotas: la Unión Europea las acepta en cabina y Reino Unido se niega
Más de 15.000 personas pidieron que Reino Unido permita viajar con mascotas pequeñas en cabina, como ocurre en varios países de la Unión Europea.
La diferencia abrió una nueva presión ciudadana. Más de 15.000 personas firmaron una petición para que el Gobierno británico permita que los animales pequeños, vacunados y con microchip puedan viajar junto a sus dueños en la cabina del avión. El reclamo apunta al bienestar animal, pero también a una cuestión práctica para miles de viajeros que cruzan desde Europa hacia Reino Unido.
Por ahora, la respuesta oficial fue negativa. El Gobierno británico sostiene que no tiene previsto cambiar la normativa y defiende el sistema actual por razones de bioseguridad, controles fronterizos y prevención de enfermedades como la rabia. En otras palabras, la UE puede abrir la puerta a las mascotas en cabina, pero Reino Unido todavía prefiere mantenerlas fuera del asiento del pasajero.
El reclamo que obliga a responder a Reino Unido
La petición nació con una idea simple: que Reino Unido permita a las aerolíneas ofrecer una opción en cabina para mascotas pequeñas, siempre que los animales estén vacunados, identificados con microchip y viajen dentro de un transportín adecuado. Según recogió Infobae, el pedido ya superó las miles de firmas y obligó al Gobierno británico a explicar su postura, aunque todavía está lejos de las 100.000 necesarias para que pueda ser considerado para debate parlamentario.
La impulsora del reclamo, Eirini Zartaloudi, sostiene que el viaje en bodega puede ser estresante para los animales y costoso para sus dueños, especialmente en trayectos que dentro de Europa suelen resolverse de manera más sencilla. La comparación con otros destinos es inevitable. En la Unión Europea y en países como Estados Unidos, Canadá o Irlanda, muchas aerolíneas permiten que perros y gatos pequeños viajen junto al pasajero, siempre bajo condiciones estrictas de peso, higiene, documentación y seguridad.
La respuesta de Londres, sin embargo, fue fría. El Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales remarcó que no tiene previsto modificar la normativa actual porque todas las mascotas que ingresan al país deben pasar por controles de bioseguridad específicos. Para el Gobierno, el traslado como carga facilita que los animales sean derivados directamente a centros de control separados de las terminales de pasajeros, donde se revisan documentos, vacunación y requisitos sanitarios antes de autorizar la entrada.
La cabina, una comodidad que Reino Unido reserva casi en exclusiva
Hoy, la gran excepción en vuelos comerciales hacia Reino Unido son los perros de asistencia reconocidos. No se trata de una mascota común ni de un animal declarado de manera informal como compañía emocional, una práctica que en algunos países abrió polémicas por usos abusivos o certificados difíciles de verificar. En el caso británico, la regla es más estricta: solo los perros de asistencia debidamente acreditados pueden viajar en cabina.
Fuera de ese caso, las mascotas deben ingresar como carga, lo que obliga a coordinar con empresas autorizadas, preparar documentación veterinaria con más margen y asumir costos que pueden ser mucho más altos que los de un transporte en cabina. Para muchos viajeros, esa diferencia transforma un vuelo corto desde Europa en una logística pesada, especialmente si el animal es pequeño y en otros destinos podría viajar bajo el asiento del pasajero.
Ese punto explica por qué la petición creció tan rápido. No se trata solo de una cuestión sentimental, aunque el vínculo con la mascota sea parte central del reclamo. También hay una discusión turística y práctica: Reino Unido recibe millones de viajeros al año, muchos de ellos desde Europa, y la rigidez de su normativa convierte un trayecto relativamente simple en un proceso más caro, burocrático y estresante para quienes no quieren separarse de su animal.
Por ahora, el cambio no parece cercano. La presión ciudadana mantiene el debate abierto, pero la respuesta oficial deja claro que Londres prioriza el control fronterizo sobre la comodidad del pasajero. Para quienes planean viajar con mascotas, la conclusión es directa: en buena parte de Europa la cabina puede ser una opción, pero si el destino es Reino Unido, la bodega sigue siendo la norma.
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