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ALERTA AL VERANO EUROPEO

La guerra del combustible aéreo escala: Medio Oriente recorta 13.000 vuelos en mayo

El alza del combustible aéreo por la crisis en Medio Oriente ya quitó casi 2 millones de asientos y pone bajo presión a los grandes hubs europeos.

La temporada alta europea todavía no empezó, pero el tablero aéreo ya muestra una señal incómoda para millones de viajeros. La escalada del combustible, empujada por la crisis en Medio Oriente, obligó a las aerolíneas a recortar miles de vuelos en mayo, justo cuando el turismo se prepara hacia el verano.

El dato no marca, por ahora, un colapso del sistema ni una ola masiva de cancelaciones para los pasajeros. Pero sí confirma algo que el sector venía anticipando desde hace semanas: volar será más caro, más ajustado y más dependiente de la capacidad de cada compañía para absorber el golpe del combustible.

Europa mira el fenómeno con especial atención. Estambul y Múnich aparecen entre los puntos más afectados por la reducción de operaciones, mientras otros grandes hubs del continente también quedan bajo presión. En otras palabras, el problema no se limita a una aerolínea ni a un país: toca la arquitectura completa del turismo europeo, justo en la antesala de los meses donde cada asiento cuenta.

De la advertencia al recorte: 13.000 vuelos menos en mayo

Lo que Urgente24 venía siguiendo como una presión creciente sobre el combustible aéreo empezó a traducirse en decisiones concretas. Según cifras de la consultora aeronáutica Cirium citadas por la BBC, las aerolíneas recortaron alrededor de 13.000 vuelos a nivel global durante mayo, una reducción que equivale a casi 2 millones de asientos menos en plena preparación de la temporada alta.

El dato no significa que todo el sistema aéreo esté en crisis. De hecho, las cancelaciones representan cerca del 1% de los vuelos globales, una proporción todavía limitada si se mira el volumen total de operaciones. Sin embargo, el movimiento marca un cambio de fase: las compañías ya no solo advierten sobre el encarecimiento del combustible, sino que empiezan a ajustar sus programaciones para proteger rentabilidad, reducir rutas de bajo rendimiento y concentrar pasajeros en vuelos con mayor ocupación.

La presión aparece en un momento especialmente sensible para Europa. La BBC señala que Estambul y Múnich figuran entre los puntos con mayores reducciones, mientras que en la lista de destinos con más cancelaciones también aparecen aeropuertos clave como Frankfurt, París Charles de Gaulle y Ámsterdam Schiphol. No se trata de nombres menores: son nodos centrales para conectar con España, Italia, Portugal, Francia y buena parte del continente.

Por ahora, desde el sector insisten en que el impacto sobre el pasajero sigue siendo manejable. En Reino Unido, por ejemplo, Cirium calcula que apenas el 0,53% de los vuelos fueron cancelados, y las asociaciones de viajes sostienen que las salidas hacia destinos clásicos de sol y playa no están afectadas de forma significativa. Pero el mensaje de fondo es otro: las aerolíneas ya están limpiando sus calendarios antes de que el verano entre en su punto más caliente.

El Grupo Lufthansa -consorcio con actividades en las áreas de transporte aéreo, logística, catering y servicios de IT, que emplea a 120.000 personas y transporta anualmente más de 100 millones de pasajeros a través de más de 700 aviones que sirven 254 des
Lufthansa anunció el recorte de 20.000 vuelos hasta fines de octubre, en medio del encarecimiento del combustible aéreo y la presión sobre los grandes hubs europeos.

Lufthansa anunció el recorte de 20.000 vuelos hasta fines de octubre, en medio del encarecimiento del combustible aéreo y la presión sobre los grandes hubs europeos.

Combustible más caro, menos margen y pasajes bajo presión

El recorte de vuelos tiene una explicación de fondo: el combustible aéreo volvió a convertirse en el costo que más inquieta a las compañías. El precio del jet fuel se disparó desde el inicio de la guerra: una tonelada cotizaba alrededor de 831 dólares a fines de febrero y llegó a tocar los 1.838 dólares a comienzos de abril. Para una aerolínea, esa diferencia no es un detalle contable; puede definir la rentabilidad completa de una ruta.

Por eso muchas compañías empezaron a moverse antes de que el problema golpee con más fuerza. Air France, KLM, Air Canada, Delta y SAS ya recortaron parte de sus programaciones de verano, mientras Lufthansa fue más lejos y anunció que eliminará 20.000 vuelos entre ahora y fines de octubre. La lógica es simple: si el combustible encarece cada operación, las rutas con peor ocupación o menor margen son las primeras en caer.

El pasajero puede sentirlo de dos maneras. La primera, en el precio, porque varias aerolíneas ya trasladaron parte del aumento a sus tarifas. La segunda, en la disponibilidad, porque menos vuelos implican menos asientos y, en temporada alta, esa escasez suele empujar los valores hacia arriba. Aun así, no todo el mercado se mueve en la misma dirección: Wizz Air, por ejemplo, sostuvo que algunos precios en Europa estaban bajando porque ciertas compañías buscan atraer a viajeros más cautelosos.

El resultado es un escenario irregular. No hay una crisis homogénea ni un apagón aéreo, pero sí un verano más caro y más selectivo, donde las aerolíneas ajustan con bisturí: suben tarifas donde pueden, cancelan lo que no rinde y protegen las rutas que consideran estratégicas. Para quien viaje por Europa, el consejo es claro: revisar bien las conexiones, evitar escalas demasiado ajustadas y no dejar la compra para último momento.

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