La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos vuelve a impactar de lleno en la aviación: al menos seis aerolíneas ya cancelaron vuelos o ajustaron sus tarifas en Europa ante la crisis del queroseno provocada por el conflicto en el Estrecho de Ormuz.
LA GUERRA DEL QUEROSENO
El Estrecho de Ormuz encarece volar: ¿qué aerolíneas suben precios y cancelan vuelos?
Lufthansa, Air France y KLM ya ajustan su estrategia ante el alza del combustible, mientras el impacto de Ormuz se extiende a otras aerolíneas en Europa.
En las últimas horas, el escenario sumó un nuevo punto de tensión. Aunque desde Washington se intentó avanzar en una negociación (con el vicepresidente JD Vance como uno de los interlocutores), el alto al fuego se extendió sin un acuerdo firme. En paralelo, Irán elevó la presión en la zona con un movimiento directo sobre el comercio global: atacó tres buques de carga, detuvo a dos de ellos y abrió fuego contra un tercero, reactivando la incertidumbre en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
El impacto ya se traslada a la economía real. Cerca del 50% del queroseno que abastece a Europa pasa por Ormuz, un cuello de botella clave que hoy opera bajo tensión. Con el verano a la vuelta de la esquina, ese encarecimiento empieza a sentirse en el turismo: volar depende de un insumo crítico cuyo precio se disparó y las aerolíneas ya ajustan tarifas, rutas y capacidad en plena temporada alta.
Una por una: las aerolíneas que ya ajustan precios y vuelos
El impacto ya es concreto y se traduce en decisiones operativas. Volotea fue una de las primeras en reaccionar: sin una política sólida de cobertura de combustible, la low cost empezó a aplicar recargos variables en sus billetes en función del precio del queroseno, trasladando directamente la volatilidad del mercado al pasajero.
El ajuste también alcanza a los grandes grupos europeos. Lufthansa recortó miles de vuelos en su red, especialmente en rutas de corto alcance, como parte de una estrategia para contener costos en plena escalada del combustible. En paralelo, Air France ya anticipa subas en los tickets de larga distancia, mientras KLM reorganiza su operación con cancelaciones puntuales para optimizar el consumo.
Del lado de las compañías mejor preparadas, el escenario es distinto. Ryanair cuenta con gran parte de su combustible asegurado a precios previos a la crisis, lo que le permite, por ahora, evitar subas inmediatas. En la misma línea, el grupo IAG (con Iberia y Vueling) mantiene cierto margen gracias a sus coberturas, aunque el sector ya asume que, si la tensión persiste, el impacto terminará trasladándose al precio final de los vuelos.
El límite de las aerolíneas: hasta dónde pueden subir los precios
Desde la Asociación de Líneas Aéreas (ALA) el mensaje es más matizado de lo que sugiere el ruido del mercado. Su presidente, Javier Gándara, reconoció que el aumento del queroseno impacta de lleno en los costos operativos, pero dejó en claro que no existe un margen ilimitado para trasladar ese encarecimiento a los pasajeros.
En concreto, explicó que cada compañía puede definir su política comercial, pero siempre dentro de un marco regulatorio estricto. Esto implica, por ejemplo, que no se pueden aplicar recargos adicionales a billetes ya emitidos, una práctica que podría vulnerar la normativa europea sobre transparencia de precios y protección al consumidor.
Ese punto no es menor en el contexto actual. La Comisión Europea ya ha advertido que el precio final de un pasaje debe incluir todos los cargos previsibles desde el momento de la compra, lo que limita la posibilidad de introducir suplementos posteriores por el encarecimiento del combustible. En otras palabras, el impacto del queroseno no puede trasladarse de forma retroactiva.
En paralelo, organismos como la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerdan que, ante cancelaciones, los pasajeros mantienen derechos claros: reembolso, reubicación en otro vuelo o asistencia, ya que el aumento del combustible no necesariamente se considera una “circunstancia extraordinaria”.
Así, el sector queda atrapado en un equilibrio incómodo. Por un lado, el queroseno encarece cada operación; por el otro, las reglas del mercado y la regulación europea limitan cómo y cuándo trasladar ese costo. El resultado es un escenario donde las aerolíneas deben ajustar rutas, capacidad y estrategia comercial, sin margen para decisiones unilaterales que afecten al pasajero.
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