CAMBIO DE DISCURSO
OpenAI y Anthropic se vuelven "políticos": el plan de choque para frenar el miedo social a la IA.
OpenAI y Anthropic cambiaron de estrategia: ya no prometen un futuro perfecto gracias a la IA, ahora intentan convencer de que no va a ser tan malo.
Una encuesta realizada en Estados Unidos por la Universidad de Quinnipiac publicada en marzo de 2026 encontró que el 55% de los encuestados cree que la IA va a hacer más mal que bien en sus vidas. Un año antes, ese número era 44%. Otra medición de NBC News, realizada entre febrero y marzo, arrojó un dato todavía más duro: la inteligencia artificial tiene menor aprobación popular que el servicio de inmigración de Estados Unidos (ICE), una de las agencias más cuestionadas del gobierno federal.
¿Qué están haciendo OpenAI y Anthropic para revertirlo?
OpenAI publicó esta semana una serie de propuestas de política pública que apuntan directamente a los miedos más concretos de la gente: pérdida de empleo y concentración de riqueza. Entre las ideas que lanzaron figura una semana laboral de cuatro días y un fondo público de inversión en IA cuyos beneficios se repartirían entre los ciudadanos. Son propuestas que suenan más a plataforma política que a comunicado corporativo, y eso es exactamente el punto.
Anthropic, por su parte, eligió otro camino: en lugar de propuestas, apuesta por presencia concreta en los sectores que más temen ser reemplazados. La empresa está expandiendo su equipo de ingenieros especializados en trabajar dentro de organizaciones como bancos, estudios jurídicos y consultoras para ayudarlas a incorporar IA sin destruir empleos, sino reconvirtiéndolos. También firmó acuerdos con empresas de consultoría para capacitar a sus equipos como promotores de esas herramientas.
Si los trabajadores que más riesgo corren se convierten en los que más usan y recomiendan la tecnología, el problema de imagen se transforma en solución de mercado.
El negocio detrás de la buena voluntad
Sería ingenuo leer todo esto solo como filantropía corporativa. Detrás de cada iniciativa hay una razón de negocios concreta. El crecimiento de la IA depende de que empresas de todos los sectores sigan invirtiendo en la tecnología, y eso no ocurre si los trabajadores la rechazan o si los gobiernos la regulan de forma agresiva o si los vecinos bloquean la instalación de los centros de datos que la alimentan.
Ese último punto es más urgente de lo que parece. La expansión de la IA necesita una construcción masiva de infraestructura y en varios países ya empezaron las protestas locales contra esos proyectos, por el impacto en las tarifas de electricidad y en el empleo de las zonas donde se instalan.
Según informó el Wall Street Journal, incluso el CEO de BlackRock, Larry Fink, advirtió en su carta anual a accionistas que "existe un riesgo real de que la inteligencia artificial amplíe la desigualdad de riqueza". Cuando uno de los fondos de inversión más grandes del mundo empieza a hablar de riesgos sociales, las empresas del sector escuchan.
¿Regulación propia o regulación impuesta?
Amba Kak, codirectora del instituto AI Now y ex asesora de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, resume el dilema que enfrentan estas empresas de forma muy directa: si ya no pueden oponerse a toda regulación, la siguiente mejor jugada es ponerse ellas mismas al volante.
Es una estrategia con historia. Las grandes tabacaleras, las redes sociales y las farmacéuticas pasaron por variantes del mismo manual: cuando la presión pública se vuelve inevitable, conviene proponer las propias reglas antes de que las impongan desde afuera. El riesgo, en todos esos casos, fue que las reglas propias terminaron siendo insuficientes.
Lo que hace diferente esta situación es la velocidad. La IA no está esperando que el debate se resuelva: ya está dentro de los estudios de abogados, los bancos, las redacciones y los consultorios médicos. La discusión sobre quién controla sus efectos se está dando mientras la tecnología avanza, y esa asimetría es, por ahora, la mayor ventaja que tienen las empresas que la desarrollan.
¿Creés que las propuestas de OpenA son genuinos intentos de redistribuir los beneficios de la IA?
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