Hace unos días un joven de 20 años lanzó un cóctel molotov contra la casa de Sam Altman, CEO de OpenAI. Según la fiscalía, llevaba una lista con nombres de directivos e inversores de IA y un documento sobre “extinción de la humanidad”. Días antes habían baleado la casa de un concejal que apoyaba un centro de datos de IA.
¿EMPEZÓ LA RESISTENCIA?
La IA prometía ayudarnos a pensar: por qué ahora genera más odio que nunca
Del cóctel molotov contra Sam Altman a las boletas de luz impagables. Por qué el malestar por la IA ya no es solo laboral y empieza a traducirse en violencia.
Estos episodios no son solo noticias de locos. Bloomberg los analiza y dice que son la punta visible de un malestar que crece desde hace años y que ya se siente en la calle, en las redes y en las urnas.
La gente no está en contra de la tecnología en abstracto. Está en contra de lo que ve con sus propios ojos: despidos masivos, facturas de electricidad más altas y un discurso de Silicon Valley que promete riquezas para todos mientras concentra el poder y el dinero en muy pocos.
Del ludismo del siglo XIX a la crisis existencial frente a los algoritmos
Este no es el primer momento en que la sociedad se rebela contra una tecnología que parece amenazar la esencia humana.
En el siglo XIX los luditas ingleses destruían máquinas textiles porque veían que les quitaban el trabajo y el sentido a su oficio. En los años 70 y 80 muchos temieron que las computadoras personales terminaran con la creatividad y el pensamiento crítico.
Hoy, con la IA, el temor es más profundo: ya no se trata solo de perder un empleo, sino de que una máquina se apropie de lo que siempre consideramos exclusivamente humano: la creatividad, el juicio, la capacidad de pensar.
La IA fue vendida al principio como una herramienta que nos ayudaría a pensar mejor: “te saca las tareas simples para que tengas más espacio para crear e imaginar”. Pero en la práctica está haciendo lo contrario.
Está absorbiendo también las tareas creativas. Escribe textos, diseña imágenes, compone música, genera ideas. Y lo hace tan bien que mucha gente siente que su propia mente está siendo desplazada. Ese contraste es el que más duele y el que más alimenta el rechazo.
Tarifazos de luz y sequía: el costo ambiental que Silicon Valley oculta
La encuesta que presenta Bloomberg de Pew Research de 2025 refleja una realidad: solo el 10 % de los adultos estadounidenses se siente más entusiasmado que preocupado por la IA. El 50 % está más preocupado que entusiasmado.
Y ese porcentaje sube a medida que la gente conoce los chatbots en su día a día. ¿Por qué? Porque la IA no es gratis.
Los centros de datos devoran energía y agua a escala industrial. Los precios de la electricidad suben. Al mismo tiempo, empresas de todo tipo anuncian recortes de personal mientras sus directivos celebran la “productividad”.
El mensaje que llega a la gente común es: “La IA va a crear riqueza… pero no para vos”.
Y eso genera odio. Una rabia que antes quedaba en X y ahora empieza a traducirse en acciones concretas y en votos.
El doble discurso de la propia industria
Lo más incómodo para los líderes de la IA es que ellos mismos alimentaron este miedo.
En 2015, el propio Sam Altman decía que la IA era “probablemente la mayor amenaza para la supervivencia de la humanidad”. Hoy, cuando los mismos ejecutivos prometen que todo va a estar bien, mucha gente responde con desconfianza.
Esa contradicción es clave. La industria presentó el desempleo masivo como algo positivo: “vamos a liberar a la humanidad del trabajo”. Pero cuando la gente ve que el trabajo se pierde de verdad y que el dinero se concentra, la promesa suena hueca.
La distopía que dejó de ser ciencia ficción
No es casualidad que muchas personas sientan que esto ya lo vieron.
En 2001: Una odisea del espacio (1968), HAL 9000, la IA del barco, termina controlando todo y decide que los humanos son un estorbo. En Ex Machina (2014) la IA no solo es inteligente: manipula y reemplaza la creatividad humana. En Blade Runner o Her vemos cómo las máquinas se apropian de emociones y relaciones.
Lo que antes parecía ciencia ficción hoy se siente cada vez más cercano. La diferencia es que ahora no es una película: es nuestro día a día.
Mercado laboral 2026: ¿Por qué el malestar social se volverá político?
Porque los efectos negativos no son futuros: ya están aquí.
- Los jóvenes recién recibidos enfrentan un mercado laboral más duro que nunca.
- Las familias ven subir las tarifas de luz mientras leen que los centros de datos de IA consumen como ciudades enteras.
- Los trabajadores ven cómo sus tareas se automatizan y sus sueldos no.
Y cuanto más visible se vuelva la línea entre la promesa (“la IA te ayuda a pensar”) y la realidad (“la IA piensa por vos”), más fuerte será el rechazo. No es solo una moda en redes. Es un malestar económico, ambiental y existencial que se está volviendo político.
Resistencia o integración: el dilema humano ante el avance tecnológico
La IA tiene un potencial enorme. Pero si las empresas y los gobiernos no empiezan a mostrar que los beneficios llegan a la mayoría y no solo a unos pocos, la reacción negativa no se va a detener. Al contrario: va a crecer.
Porque cuando la gente siente que la tecnología avanza contra ella y no para ella, la respuesta no es entusiasmo. Es resistencia.
Y en 2026, con elecciones de mitad de término en EE.UU., esa resistencia ya está dejando de ser solo ruido en internet para convertirse en algo mucho más serio.
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