Dune Parte 2 de Denis Villeneuve se convirtió en la primera película evento del 2024, es decir, todo un evento de masas que, durante un corto periodo de tiempo, vuelve a alimentar la magia del cine como escenario de asistencia popular. Warner Bros. deja todo en la cancha.
MAESTRÍA VISUAL
Dune Dos: ¿Por qué es el evento cinematográfico del 2024?
La segunda entrega de Dune eleva la potencia visual del planeta desértico Arrakis, y la puesta en escena de un director que cada día crece más en popularidad.
Dune 2 renueva, con sus gusanos, la arena de Arrakis, y la preciada Melange, el sabor y las ganas del cine de ciencia ficción como evento épico e inolvidable.
Algo similar a lo que lograron las primeras dos películas de Avatar de James Cameron (y digo dos porque hay muchas más en camino), con la diferencia de que Dune apuesta por una narrativa solemne, priorizando la narrativa visual por sobre la estructural, y con personajes pocos carismáticos, pero, eso sí, sólidamente personificados.
Acá un análisis sobre la puesta en escena de la primera parte de Dune.
Dune se debe a la obra maestra del escritor de syfy Frank Herbet: por muchos, considerado el J.R.R Tolkien de la ciencia ficción, aunque, en mi opinion, ese es Isaac Asimov con la trilogía de La Fundación. En el libro de Herbert se exploran distintos matices intrínsecos a la emergencia medioambiental: Arrakis, un planeta desértico con pocos recursos, víctima de sistemas políticos que lo han llevado al peor escenario posible, el de una guerra.
Dune Parte Dos es el regreso de la ciencia ficción de alto presupuesto
A su manera, con planos largos, mucho silencio diegético, contrastado por la presencia de banda sonora a todo dar (un poco a lo Christopher Nolan), Villeneuve adapta la trama del libro casi de manera exacta. De hecho, es tal la fidelidad de la adaptación, que la primera parte de Dune es el primer cuarto del libro, y el cierre de la película se sintió bastante… meh.
Justamente porque el libro no tiene un cierre emotivo, ni da pies a los ahora tan utilizados cliffhangers, al menos no hasta la parte final.
En eso, en la epicidad de los finales, se centra Dune Parte 2. Un filme que ya es descrito como El Señor de los anillos de las nuevas generaciones, como si siempre hubiera que recordar la necesidad de tener grandes épicas literarias en pantalla grande.
El verdadero problema es que Dune no conecta con todo el público: su solemnidad, sello de autor de Villeneuve, es, además de su éxito, también motivo de nicho. Y no es que la solemnidad se utilice como un recurso, quizás como pueda llegar a realizar Spielberg en La Lista de Schindler, sino que acá se emplea en todo momento: el montaje resulta letárgico más que entretenido.
Así y todo, Dune Parte 2 se mantiene como el primer evento cinematográfico del 2024. Sus números así lo evidencian.
¿Habrá Parte 3? El director así lo quiere, pero habrá que esperar.
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