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Pedro Sánchez marca el pulso en la UE: España presiona para suspender el acuerdo con Israel

El jefe del PSOE y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, presionan en la UE para suspender el acuerdo con Israel en plena negociación en Oriente.

La Unión Europea vuelve a enfrentarse a un debate incómodo sobre su relación con Israel. En la reunión de ministros de Exteriores que se celebra este martes en Luxemburgo, España llega con una posición clara: presionar para que el bloque revise, e incluso suspenda, el acuerdo de asociación que mantiene con Tel Aviv.

El movimiento lo encabezan Pedro Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que en las últimas semanas han intensificado sus críticas a las operaciones israelíes en Oriente Medio y a las denuncias de violaciones del derecho internacional. La postura española, que ya se había planteado durante la guerra en Gaza, vuelve ahora al centro de la agenda europea en un momento de máxima tensión regional. Una posición que, si bien no es compartida por todos los aliados dentro del bloque occidental, comienza a ganar espacio en algunos sectores del debate diplomático europeo.

El problema para Madrid es que el consenso dentro de la UE sigue lejos de asegurado. Mientras algunos gobiernos empiezan a mostrar incomodidad con la evolución del conflicto (como el de Giorgia Meloni, que recientemente negó a Estados Unidos el uso de la base aérea de Sigonella, en Sicilia, para vuelos militares vinculados a operaciones en Oriente Medio), potencias como Alemania mantienen una postura mucho más prudente ante cualquier ruptura formal con Israel. En ese delicado equilibrio diplomático se juega ahora la iniciativa española, que busca arrastrar a la Unión Europea hacia una posición más dura frente al gobierno de Benjamin Netanyahu.

El obstáculo: la unanimidad europea aún lejana

El principal problema para la iniciativa española no está tanto en la presión diplomática como en las propias reglas internas de la Unión Europea. Suspender o congelar el acuerdo de asociación con Israel exige un nivel de consenso entre los Estados miembros que, por ahora, parece difícil de alcanzar.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha reconocido en los últimos días que no existe unanimidad suficiente dentro del bloque para avanzar hacia una ruptura completa con Tel Aviv. Ante ese escenario, en Bruselas comienzan a explorarse alternativas intermedias, como ampliar las sanciones contra colonos israelíes en Cisjordania o revisar parcialmente algunos aspectos comerciales del acuerdo vigente.

España, sin embargo, no está completamente sola en esta presión. Países como Irlanda o Eslovenia han mostrado posiciones similares en distintos debates europeos sobre el conflicto en Oriente Medio. Aun así, el peso político dentro de la UE sigue inclinando la balanza hacia posturas más cautelosas, conscientes de que una ruptura con Israel también tendría implicaciones en la relación con Estados Unidos, su principal aliado internacional.

En ese tablero aparece el papel diferencial de Alemania, uno de los socios más influyentes del bloque y tradicional aliado de Israel, que mantiene fuertes reservas ante cualquier medida que implique romper o suspender el marco de cooperación existente. Esa división interna explica por qué, pese al creciente debate en Europa, la posibilidad de una ruptura formal con Israel sigue siendo hoy un escenario todavía lejano.

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Giorgia Meloni junto a Donald Trump. Italia también ha marcado matices dentro del bloque occidental ante la escalada del conflicto en Oriente Medio.

Giorgia Meloni junto a Donald Trump. Italia también ha marcado matices dentro del bloque occidental ante la escalada del conflicto en Oriente Medio.

Europa empieza a marcar matices

Más allá de la iniciativa española, algunos gestos recientes sugieren que el clima diplomático dentro de Europa comienza a moverse. Sin romper con Israel ni con Estados Unidos, varios gobiernos europeos empiezan a marcar matices frente a la evolución del conflicto en Oriente Medio.

Uno de los episodios más comentados llegó desde Italia, donde el gobierno de Giorgia Meloni decidió negar a Estados Unidos el uso de la base aérea de Sigonella, en Sicilia, para vuelos militares vinculados a operaciones hacia la región. La decisión fue interpretada por analistas como una señal de cautela europea frente a la escalada militar en el conflicto.

A ese clima se sumaron también críticas diplomáticas de otros líderes europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, expresó recientemente su preocupación por lo que calificó como una “multiplicación preocupante de violaciones” del estatus de los lugares santos en Jerusalén, después de que la policía israelí impidiera inicialmente al patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, acceder al Santo Sepulcro para celebrar una misa durante el Domingo de Ramos. El episodio generó incomodidad en varias capitales europeas y obligó al gobierno israelí a rectificar posteriormente su decisión.

En ese contexto, la presión impulsada por España aparece como parte de un debate más amplio dentro del continente. La Unión Europea todavía está lejos de romper su relación con Israel, pero el conflicto en Oriente Medio empieza a abrir grietas y matices dentro del bloque.

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