LA BATALLA POR EL CAPITAL SIMBÓLICO
La guerra fría de la fe: China e India se disputan el futuro del budismo ante el cumpleaños del Dalai Lama
China e India disputan el futuro del budismo inyectando millones en reliquias y templos ante la inminente batalla por la sucesión del Dalai Lama
Dalai Lama: Quién llama a las puertas de su onomástico
En los jardines de Lumbini, el bucólico y austero sitio de nacimiento de Buda en el sur de Nepal, el misticismo ancestral se ha transformado en el epicentro de un tablero geopolítico de alta tensión. Con motivo del inminente 91 cumpleaños del Dalai Lama, el próximo 6 de julio, China e India han desatado una silenciosa pero feroz competencia por cooptar el budismo como herramienta de diplomacia y poder blando en toda Asia.
Lumbini, que históricamente ha sido un centro espiritual incipiente con apenas un millón de peregrinos anuales debido a su precaria infraestructura, hoy es objeto de un rediseño multimillonario. La razón de fondo es existencial para la región: el control de la sucesión del budismo tibetano, una fe con 500 millones de seguidores en todo el mundo. El temor de Occidente y Nueva Delhi es que, tras la muerte de la actual deidad, Pekín imponga un líder alineado a las filas del Partido Comunista de China (PCCh), fracturando la religión para siempre.
La agresiva "sinización" y el avance de Pekín
A pesar de ser constitucionalmente un Estado ateo, el gobierno de Xi Jinping ha invertido fortunas en templos, universidades y la denominada "diplomacia de reliquias". El plan de expansión para la Universidad Budista de Lumbini asciende a 2.000 millones de dólares e incluye complejos hoteleros, centros de investigación y su propia red de energía hidroeléctrica. Incluso, los contratos contemplan programas de ensamblaje de drones para reconvertir el área en un polo tecnológico. Es propio acotar que sinización refiere al proceso de asimilación lingüística, cultural y social de personas o instituciones extranjeras o minoritarias a la cultura y los estándares de China
Esta arremetida china busca consolidar la legitimidad sobre el Tíbet, una región de frontera militar estratégica cuyo PIB per cápita —impulsado por el dinero de Pekín— superó los 11.000 dólares. Sin embargo, la asimilación forzada tiene un costo cultural alto: Washington denuncia que China destruyó más de 300 estupas sagradas en el último año como parte de su campaña para subordinar la fe a los principios marxistas y a la nueva ley de unidad étnica.
El éxito de la chequera china quedó en evidencia con la figura de Lharkyal Lama, exjefe del fideicomiso de peregrinación nepalí. Tras ser visto inicialmente por Pekín como un simpatizante de la liberación tibetana, fue cooptado mediante giras oficiales al Tíbet. El propio Lama reconoció haber recibido "enorme presión" de diplomáticos estadounidenses e indios para cancelar una visita de Gyaincain Norbu, el Panchen Lama designado por el régimen comunista.
La lenta e inconexa respuesta de la India
Por su parte, el primer ministro indio, Narendra Modi, ha intentado contrarrestar la ofensiva catalogando a Buda como la "joya de la corona" de su país y promoviendo la geografía sagrada dentro de sus fronteras, como el sitio de iluminación en Bodh Gaya. En Lumbini, India financia un centro cultural de 10 millones de dólares, una escala que, según analistas locales, palidece frente a la monumentalidad de las obras chinas. "En Lumbini hay competencia entre India y China, y China parece estar ganando", advierten los expertos nepalíes.
La burocracia y las disputas internas debilitan la estrategia de Nueva Delhi. Su Universidad de Nalanda, concebida para revivir el antiguo centro de aprendizaje asiático, sufrió las renuncias sucesivas de sus rectores por injerencia estatal. Asimismo, fuentes de seguridad nacional admiten que los intercambios diplomáticos indios están fragmentados: pedidos urgentes de reliquias sagradas por parte de aliados como Bután y Tailandia se demoraron meses por trabas ministeriales, forzando a estos países a recurrir a colecciones occidentales.
Con el Dalai Lama en el ocaso de su vida exiliado en Dharamshala, la batalla por su sucesión no solo definirá el destino espiritual de los Himalayas, sino el balance de poder cultural en las fronteras más calientes de Asia.
¿Considerás que el uso de la religión como herramienta geopolítica por parte de un Estado oficialmente ateo como China resultará efectivo a largo plazo para neutralizar la influencia de la India en la región? ¿Se impondrá el poder económico? ¿O se está hablando de una falsa dicotomía?
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