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GRAN POLÉMICA

9 años después del ARA San Juan, almirantes retirados fijan posición

A días de la sentencia para 3 oficiales de la Armada y 1 ex oficial hoy Marino Mercante y el ARA San Juan, expectativa por un fallo injusto en cualquier caso.

Aquella noche de noviembre de 2017 alrededor de las 20:00, cuando un vicealmirante me hace saber que se había perdido contacto con el ARA San Juan, enviándome además el documento oficial que certificaba que se iniciaba el operativo 'SARSUB', debí optar entre la prudencia naval o la necesidad de dar a conocer al mundo la novedad.

Los privilegios no siempre son gratos. Este por cierto no lo fue, tal como tampoco la zaga de sucesos posteriores plagados de contradicciones, miserias, grandezas y jugadas políticas oficialistas y opositoras.

El combo tendrá un cierre en un par de semanas cuando el Tribunal Oral Federal de Rio Gallegos (Santa Cruz) dicte (o intente hacerlo) una sentencia sin precedentes en la condenarán o absolverán a los supuestos responsables de un suceso naval cuyas causas se desconocen.

La voz de la experiencia

Hace pocas horas, un grupo de casi 90 oficiales almirantes en situación de retiro de la Armada Argentina difundió un documento denominado “Algunas reflexiones sobre la causa ARA San Juan”.

Difícil “movida” si las hay en Argentina, un país que viró desde violentas asonadas militares producidas muchas veces solo porque a algún general no le caía simpático el gobernante de turno (aunque este fuera otro general) hasta la situación actual en la que son considerados muertos civiles sin derecho a decir ni tan solo si tienen frio o calor.

ARA San Juan.
ARA San Juan.

ARA San Juan

Documento dado a conocer en las últimas horas:

“En primera instancia manifestamos un profundo reconocimiento a los 44 marinos y camaradas tripulantes del Submarino A.R.A. “SAN JUAN” que ofrendaron sus vidas con el convencimiento pleno de resguardar uno de los vitales intereses de la Nación en el mar.

En igual sentido, este Foro expresa su solidaridad con el dolor que transitan sus familias.

Nos mueve a producir estas reflexiones el incontrastable hecho de que, en el Consejo General de Guerra que fuera sustanciado en el ámbito del Ministerio de Defensa, no ha habido marinos en la composición de dicho alto tribunal, cuya resolución sancionatoria podría tener influencia en la posterior tramitación judicial.

En el expediente judicial actualmente en trámite, aproximadamente 90 testigos -todos profesionales del mar-, coincidieron en que el submarino reunía las condiciones de adiestramiento, alistamiento y apresto necesarias para desarrollar con seguridad la misión impuesta.

En igual sentido, arribaron a esa conclusión los asesores de la Comisión Bicameral Especial Investigadora sobre la Desaparición, Búsqueda y Rescate del Submarino ARA San Juan, como también así los integrantes de la Comisión Asesora del Ministerio de Defensa.

Quienes conocemos los complejos detalles de la profesión naval entendemos que, difícilmente, pueda alguien que no ha vivido las vicisitudes propias de la navegación comprender en su integridad las circunstancias que están evaluando.

El Reglamento General del Servicio Naval establece que la responsabilidad del Comandante respecto a su buque es absoluta y solo cesa en caso de ser relevado por autoridad competente. Así es en el mundo entero desde siempre, porque es y ha sido la única forma de darle a esa plataforma llamada buque, alejada de sus mandos y normalmente mal comunicada con tierra (por razones técnicas y operativas) las herramientas necesarias para navegar y operar.

Desde la existencia de los buques esa responsabilidad absoluta del Comandante ha sentado las bases de una navegación y operación más segura posible acorde a las circunstancias.

Quien se encuentra al mando de una embarcación es el único que puede observar, evaluar la situación in situ y tomar las medidas correctivas correspondientes con el asesoramiento de su Plana Mayor y Dotación. En tiempo de paz, los marinos priorizamos la seguridad.

Hacemos lo mejor posible con los recursos que nos asignan.

Si algo afecta -a criterio del Comandante- la seguridad del buque y su gente, no zarpamos o volvemos a Puerto. Así funciona, siempre lo ha hecho y ojalá lo siga haciendo.

El A.R.A. “San Juan” zarpó en condiciones seguras para navegar - dicho por su propio Comandante - luego de finalizar las pruebas correspondientes.

Nunca sabremos qué ocurrió desde que el San Juan se fue a inmersión por decisión del Comandante hasta que implotó horas después. Sólo tenemos suposiciones. La actividad militar es intrínsecamente riesgosa. El Comandante y su tripulación hicieron lo mejor que pudieron y supieron para mantenerse seguros en las circunstancias que les tocó vivir.

Los accidentes y las tragedias ocurren… Condenar a un grupo de Oficiales Navales solo servirá para que futuros Oficiales de Comando rehúyan o recelen de sus enormes responsabilidades con magros recursos y cambien su idiosincrasia en detrimento de su eficiencia.

Esto destruirá la doctrina y reglamentos navales dinamitando los cimientos de la profesión.

¿Quién querría asumir responsabilidades enormes con casi nada?

¿Quién asumirá en el futuro algún riesgo para cumplir las distintas operaciones reales y de adiestramiento de las Fuerzas Armadas viendo las responsabilidades penales que podrían endilgársele por decisiones que no toman ellos o por circunstancias fuera de su control?”.

Epílogo (también ineludible)

La tragedia del ARA San Juan tiene una fecha de inicio cierta y por todos conocida.

El desenlace judicial que se avecina inició mucho antes que el tribunal oral diera inicio al debate.

Habría que remontarse al menos a 2010 cuando la República Argentina decidió derogar el Código de Justicia Militar y reemplazarlo por un reglamento disciplinario más parecido al de un club de barrio a lo que amerita la profesión militar.

Cabe preguntarse: Así como un ministro puede, con descaro, ponerse el ropaje militar y jugar a ser piloto, ¿podrá el tribunal civil (y terrestre) ponerse la piel de un marino para entender como funciona la vida lejos de la costa?

No puede este cronista escindir su rol en esta crónica de su profesión naval. Por ello debe necesariamente abonar el criterio que sostiene que la próxima sentencia por mucho esfuerzo y empeño que en su redacción pongan los magistrados será injusta.

Pena máxima, intermedia o absolución serán sospechadas por los unos o los otros como producto de una mezcla de presunción delictiva, presión social y desconocimiento supino de la profesión naval .

Los buques no se hunden por pérdidas de aceite, incrustaciones calcáreas en su casco ni tampoco por el lugar en el que se encontraban físicamente los distintos mandos navales al momento de un determinado suceso ni tampoco por la mayor o menor vehemencia con la que le hubiera ordenado a un Comandante en el mar que debía o debía hacer o como debía regresar a su base.

En este último punto permítaseme una reflexión personal. Mucho se ha dicho sobre la falta de don de mando del superior inmediato del Comandante del submarino al no imponerle que regrese a su base navegando en superficie en lugar de hacerlo a 40 metros de profundidad. La pregunta sería:

Si lo hubiera hecho de ese modo y aún en el caso de llegar a salvo con su nave hubiera perdido uno o dos tripulantes por efecto de los golpes de mar. ¿Quién sería el responsable de las vidas perdidas?

Falla del material, error humano, causa fortuita o combinación de los anteriores marcan el abc de la pericia naval (y de cualquier otra) ningún perito naval de Argentina (ni del mundo) al ser consultado por la justicia se animó a ofrecer sus servicios para dilucidar lo acontecido mamparos adentro del ARA San Juan al no haber tripulantes a quienes indagar, constancias del viaje fatal que auditar ni restos náufragos que peritar.

Se podrá condenar o absolver a uno, algunos o todos los imputados según la astucia y talento de fiscales, defensores y querellantes para calar profundo en la mente de los jueces con más o menos contundentes argumentos, pero tanto los magistrados como los justiciables abandonarán el tribunal sabiendo perfectamente que no se habrá impartido justicia.

Sin autor conocido a la vista, una vieja máxima indica: “Hay tres clases de hombres, los vivos, los muertos y los que navegan”.

El sistema judicial argentino tiene sobrada experiencia en el juzgamiento de cuestiones que hacen a los vivos y a los muertos. Albergo serias dudas en que este en condiciones de abocarse a aquellas cuestiones que hacen precisamente a la tercera clase de la humanidad… Los marinos.

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FUENTE: Urgente24