Durante años, Bendita fue sinónimo de Beto Casella, pero su salida abrió una pregunta incómoda que nadie quería responder en voz alta: qué pasa cuando un programa pierde a su figura fundacional y queda expuesto. Con Edith Hermida al frente, los primeros números aparecieron rápido y dejaron señales que hacen mirar más allá del prejuicio fácil.
¿SE BAJÓ LA GENTE O SIGUIÓ A BORDO?
Sin Beto Casella, Bendita siguió con Edith Hermida y pasó lo inesperado
Bendita arrancó una nueva etapa sin Beto Casella al frente, con Edith Hermida tomando las riendas. Y la pantalla empezó a mostrar señales que nadie imaginaba.
Cómo le fue a Bendita en su primera semana sin Beto Casella
El lunes 22 del debut de Edith Hermida al frente de Bendita, el programa marcó 3,1 puntos de rating, según Kantar Ibope Media, empatando con LAM (América TV), su competidor directo en la franja. No fue un número extraordinario, pero sí absolutamente lógico para un ciclo que venía de perder a su conductor tras 20 años y que, además, atravesaba la última semana de diciembre, que es históricamente floja en consumo televisivo.
Al día siguiente, el martes 23, Bendita bajó a 2,4 puntos, mientras que LAM hizo 2,5, una diferencia mínima que no cambia demasiado el panorama, sobre todo teniendo en cuenta que la previa de Nochebuena suele provocar caídas de entre 15% y 25% en el encendido general, dato que suelen remarcar consultoras y portales especializados como RatingCero.
El jueves 25, en pleno feriado y con una emisión atípica (breves intervenciones en vivo entre compactos del año), Bendita marcó 1,8 puntos, superando a LAM, que con un compilado quedó en 1,4. Y el viernes 26, ya con el desgaste lógico de la semana, el programa de El Nueve cerró con 2,2 puntos, nuevamente por encima del 1,9 del ciclo de Ángel de Brito.
El dato que ordena todo este panorama es poco discutible: todos los días Bendita fue lo más visto de El Nueve, algo que en verano, con encendidos bajos y grillas inestables, vale mucho más de lo que parece.
La herencia Casella y el desafío de no romper lo que funciona
Pensar que Bendita se sostenía únicamente por Beto Casella es subestimar lo que el programa construyó durante dos décadas. Casella fue central, indiscutible, pero también dejó un formato aceitado, un equipo reconocible y una audiencia acostumbrada a un tono muy específico: ironía, archivo, sarcasmo sin gritos y una mirada sobre la tele que no se corre del humor.
Edith Hermida entendió rápido el contexto y evitó el error más común en estos relevos: no sobreactuó liderazgo ni convirtió el debut en un ajuste de cuentas. Reservó sus palabras sobre Casella para el final del primer programa, desactivó rumores de conflicto y siguió adelante, algo que fue señalado por varios medios y comentado ampliamente en redes.
El rating de esta primera semana no garantiza nada a largo plazo, pero sí deja una conclusión incómoda para la lógica clásica de la televisión abierta: los programas en sí también generan lealtad, no solo sus figuras. Bendita sigue funcionando porque la gente sabe qué va a encontrar, incluso sin su conductor histórico.
¿Puede durar años sin Casella? Nadie lo sabe. Pero lo claro es que no se derrumbó, no espantó a su público y no perdió identidad. En una TV que suele exagerar todo, Bendita eligió seguir al aire y dejar que los números hablen solos. Y, por ahora, hablaron bastante mejor de lo esperado.
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