La madrugada en que Caracas fue bombardeada y Nicolás Maduro capturado, una publicación de La Divaza encendió las redes como pocas veces: era la mezcla cruda de impacto, rabia y humanidad de alguien que vio su Venezuela arder desde afuera. La disputa luego pasó a la xenofobia contra venezolanos, mientras él insistía en explicar por qué su mirada duele tanto.
"NO ME VOY A REGRESAR"
La Divaza explota la grieta tras la caída de Maduro: "Cambiamos un diablo por otro"
La Divaza estalló en redes luego del operativo en Venezuela para sacar a Nicolás Maduro. Cayó el líder chavista, pero el miedo, la grieta y la xenofobia siguen.
Venezuela ardiendo, Maduro afuera y la grieta que se abrió en X
Todo arrancó el 3 de enero, cuando el cantante e influencer La Divaza publicó en su cuenta de X una imagen nocturna de Caracas con columnas de humo y escribió: "ESTÁN BOMBARDEANDO CARACAS EN ESTE MOMENTO". El posteo se hizo viral casi al instante, con casi un millón de visualizaciones, miles de likes y una sensación compartida de estar viendo algo que no se suponía que iba a pasar así, tan crudo y tan rápido.
Ese día, Estados Unidos había lanzado ataques aéreos sobre instalaciones del régimen de Nicolás Maduro, una operación ordenada por Donald Trump que duró menos de 30 minutos y terminó con la captura y extradición del líder venezolano a Nueva York.
Hubo al menos 40 muertos, entre civiles, militares venezolanos y asesores cubanos. Mientras, países de la región como Brasil denunciaron una violación directa a la soberanía y la ONU habló de un golpe a la seguridad internacional.
En ese clima, La Divaza no se ubicó en la corrección diplomática sino en el hartazgo, puesto que horas después escribió en otro posteo: "En esta app hay gente tratando de decirnos a los venezolanos como responder cuando solo nosotros sabemos cómo es la miseria que se vive." Y remató con una frase que terminó de encender la mecha: "Quizás acabamos de cambiar un diablo por otro pero nadie debe reclamarnos cuando nuestro pueblo ha sufrido años y la única esperanza es el, ni modo."
Ese posteo, acompañado por un video donde justifica la intervención como salida desesperada tras 25 años de chavismo, superó los 5,5 millones de vistas y abrió una grieta regional.
En las respuestas convivían el espanto y el festejo, el miedo y la bronca: "Esto no es para celebrar… van a morir muchos inocentes", "¿Pero hay necesidad de llegar a esto?", frente a otros como "Dios bendiga a Venezuela, si no se saca a Maduro de esta forma no se iba a sacar nunca".
"No puedo volver y me critican": Así vive La Divaza el exilio
La discusión escaló cuando el foco dejó de ser Caracas y pasó a ser sobre él. Desde México, algunos usuarios empezaron a exigirle que se vuelva a su país, cuestionando su derecho a opinar desde el exilio. Ahí llegó el tercer posteo, quizá el más personal: "'Regrésate a tu país'. Que increíble que en medio de todo lo que está pasando, tengamos que comernos comentarios xenófobos de nuestros países hermanos. No me voy a regresar porque en una dictadura no se puede vivir."
En el video agregó datos concretos que muchos prefirieron ignorar: siete periodistas arrestados, medios todavía censurados y un clima donde "el que celebra lo meten preso", según relató, en línea con lo que dicen informes de organizaciones de derechos humanos citados por Al Jazeera y Democracy Now.
También recordó algo que descoloca cualquier discusión abstracta: "Cuando mi mamá se murió el año pasado, yo no pude ir para Venezuela. Porque yo no puedo entrar a Venezuela." Y el punto más incómodo llegó cuando explicó por qué no vuelve: "No me voy a ir a un país en donde yo soy gay. Yo no tengo derechos. No me puedo casar. Yo me mudé para ser libre."
Ahí el debate abandonó la geopolítica y pasó a ser humano, pero no hizo que las críticas aflojaran. "¿Pero qué no la dictadura ya había acabado por unas bombas?", "Lo dice desde la comodidad de otro país", "Eso no es soberanía" fueron solo algunas.
La contradicción está a la vista y no se puede maquillar: cayó Maduro, pero no cayó el miedo; hay un gobierno provisorio, presencia militar extranjera y una sociedad partida. La Divaza no es analista ni dirigente, es un exiliado con micrófono y emociones a flor de piel. Eso podrá volverlo errático, pero también representa una diáspora cansada de pedir permiso para opinar.
Y es que cuando un país se rompe durante décadas, las salidas nunca son limpias y la coherencia absoluta termina siendo un lujo que muchos ya no tienen.
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