Difícilmente Donald Trump disponga de un lugarcito en su agenda para acordarse de Argentina, pero uno de sus funcionarios del Departamento de Estado acreditado a tal efecto sí le dedica tiempo a la parte austral del continente y hasta se lo vio, aunque de muy bajo perfil, días atrás por Ciudad de Buenos Aires.
SONDEO A LOS “NI-NI” DE POLÍTICA EXTERIOR
La Casa Blanca quiere saber de qué se trata y manda emisarios
Se trata de un antiguo conocido de la diplomacia estadounidense en el país, el subsecretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental, Kevin O´Reilly, quien en común con el embajador de USA, Edward Prado, desarrolló una agenda de relaciones bilaterales con funcionarios, políticos y representantes de empresas mal llamadas 'americanas' (¿las de Argentina qué son? ¿Europeas? ¿América termina en el Río Bravo?) para ver en cuáles negocios de interés común se podría avanzar una vez regularizado el préstamo otorgado por el Fondo Monetario Internacional.
Participaron de la ronda miembros del Capitolio, pero para tomar conocimiento de la situación en Argentina en pleno proceso de recambio de un gobierno que les era afín, como el de Mauricio Macri, por otro de centroizquierda, de los Fernández, que aparece, en teoría, más alejado de la línea continental que intenta establecer la Casa Blanca.
Se supo, así, que estuvieron reunidos con el oficialismo y dirigentes de la oposición el consejero del legislador demócrata Eliot Engel, Eric Jacobstein, y Janice V. Kaguyutan, a cargo del Consejo del Comité de Política Exterior de la Cámara de Representantes.
Los encuentros fueron realizados en el Palacio Bosch Alvear, la residencia del embajador estadounidense, y contó con el asesoramiento del think tank nacional que se ocupa de propiciar el intercambio político y cultural entre ambos países, el Centro de Estudios Americanos, cuyo presidente, Luis Savino, ha cultivado una relación personal con el “Colorado” (así le dicen, obviamente por ser pelirrojo) O´Reilly.
En los cónclaves no sólo estuvo presente el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello, sino la flamante adquisición de un diplomático que integrara los equipos de Roberto Lavagna, Adrián Nador, luego avenido a camporista, que será quien reemplace al encargado de negocios que quedó al frente cuando concluyó el embajador artículo 5to. Carlos Oris de Roa, Jerry Díaz Bartolomé.
Tal como en todas las reuniones de este tenor, las inversiones pendientes en Vaca Muerta y las de infraestructura, en particular las viales, que se plantearon en 2019 para ser financiadas por la Overseas Private Investment Corporation (OPIC), la agencia gubernamental estadounidense que se ocupa de tales menesteres, volvieron a ocupar un lugar preponderante.
Los ejecutivos de firmas estadounidenses involucrados, en muchos casos asociados a la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham), les pusieron especial atención, ya que reciben la orden de las casas matrices de repasar las oportunidades de activar contratos, en un mundo que se les ha ido cerrando cada vez más a las corporaciones para concretar negocios globales.
Levantamiento de sanciones
Coincidió con esta presencia, en tiempo y forma, la decisión de la Casa Blanca de excluir a la Argentina de la lista de países sancionados un arancel de 25% para ingresar al país del Norte productos de acero y del 10% de aluminio, si bien el canciller Felipe Solá atribuyó el mérito, en diálogo con Radio 10, a “un gran trabajo de la embajada argentina en USA”, es decir, de Jorge Argüello.
A decir verdad, nuestro país fue eximido del recargo junto a Australia, Canadá y México, pero de todos modos la restitución de un negocio exportador ex agro que representa unos US$700 millones al año dio para el festejo, no sólo del Palacio San Martín, sino de grandes grupos industriales vernáculos, como Techint (más de la mitad de sus ventas externas van a ese destino), Acíndar, Arcelor Mittal y Aluar (envía el 40% de la producción a USA).
Fuentes que participaron de los contactos hicieron hincapié en el abanico de interrogantes que desplegaron los visitantes sobre la política exterior del nuevo gobierno, en torno del statu-quo de Hezbollah, respecto del conflicto de USA con Irán, de la Administración Nicolás Maduro en Venezuela, del club de países con desarrollo nuclear y del rol que asumirá finalmente el país dentro de la región, todas estas cuestiones que no terminan de quedarles claras a los estrategas estadounidenses ante definiciones “ni-ni” que viene dando hasta ahora Argentina (o, probablemente, que los estrategas estadounidenses todavía no cayeron en la cuenta que Mauricio Macri ya no está, que esto es el Frente de Todos, o sea el peronismo, no Juntos por el Cambio ¿lo estará informando Prado?).
O´Reilly, por un lado, parece que lamenta que se lleven muy mal, a nivel inclusive personal, los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y de Argentina, Alberto Fernández (¿todavía no entiende que Fernández considera que hubo una persecución política disfrazada de judicial de Luiz Inácio Lula da Silva, tal como ocurrió con Cristina Fernández de Kirchner?), aunque por otro lado celebra el acercamiento que, aún como mandatario electo, efectuara éste último con Andrés Manuel López Obrador al ir a visitarlo a México, una experiencia que luego sólo sirvió para enviar temporariamente a Evo Morales hacia el Norte porque, por lo demás, AMLO se declaró prescindente de todo y le aconsejó a Fernández hacer algo similar.








